Impresiones de “Inside Llewyn Davis: Balada de un hombre común”. Oscar Isaac, Carey Mulligan, Justin Timberlake, John Goodman, Garrett Hedlund, F. Murray Abraham…

 

Esta película me dejó con una sensación extraña. Usualmente las películas, sobre todo aquellas que se basan en hechos o personajes reales del mundo de la música o la actuación, muestran el inicio de una larga y penosa travesía y un “final feliz” que no necesariamente implica riqueza, fama y la mayor parte de las veces, ni siquiera dinero, aunque hay casos que sí, pero invariablemente, los artistas nos muestran no solo amor por su arte, sino una suerte de pasión que lo puede todo y lo hace avanzar hasta cuando están a punto de caer rendidos. Porque es difícil. Vivir del arte es difícil. Todo el mundo lo sabe. Por eso los padres se estresan cuando los hijos muestran inclinaciones artísticas y tratan de obligarlos a estudiar una carrera que “les de de comer en el futuro”. Entonces, es normal que en una película de este tipo veamos cansancio, dolor, frustración por no conseguir lo que se quiere, pero es “raro” no ver “pasión” en los ojos del artista. No sé, siempre he pensado que eso es lo que nos diferencia a nosotros los mortales de los “artistas” y pues, esto es lo que me pasó con esta cinta… A pesar de sentir la pasión en la música no la vi en el artista y eso es muy triste.

Sinopsis:

1960. Llewyn Davis es un cantante de folk cuyo compañero de dúo acaba de suicidarse. Fue un golpe muy fuerte pero decide seguir adelante como solista, pero las cosas no parecen funcionar porque al parecer todos piensan que no es capaz de “conectarse” con nada ni con nadie, menos con el público.

A pesar de la recomendación de que consiga otro compañero que pueda avivar su prestación, no lo hace, pero ya no sabe que más hacer o hacia dónde ir. Piensa que es hora de abandonarlo todo y regresar a la marina mercante de donde nunca debió salir…

La mayoría de los músicos parecen vivir de su música, literalmente hablando, es decir, su alma está llena pese a que no tengan nada. La música los hace felices a pesar de que todo parezca derrumbarse alrededor. Como comenté antes, esto no lo ví en “Llewyn”. Nada parecía hacerlo feliz. A penas parecía que algo podía importarle, la sensación ya se había ido y no dejaba nada atrás. Una mujer, un hijo, la música, todo lo fue dejando atrás sin ninguna “huella” aparente en él… Es horrible. Y triste como comenté antes. Y es que aún con esta falta de interés en todo la gente seguía preocupándose por él y tratando de ayudarlo incluso a abrir los ojos, pero nada.

No me podía creer que todo hubiese terminado así sobre todo en ese momento que parecía ser el de inflexión en su vida. Me pareció que pese al camino duro habría una recompensa ya que en el momento en que también tuvo que dejar atrás la Marina Mercante, lo dejaron tocar de nuevo en el bar de “Papi” pero resulta que lo estropeó todo de nuevo al insultar (otra vez) a una cantante de folk que le siguió en su presentación desquitándose porque Papi le dijo que había dormido con Jean. ¡WTF!. SE REPITE LO QUE ANTES SUCEDIÓ… Y ¡SE ACABÓ!. ¿Cómo puede algo cambiar si se sigue haciendo todo exactamente igual siempre, pese a las “señales” que te da la vida de que algo está mal?…

Entiendo su frustración, ¿pero tratar así a la cantante?. ¿Cómo rayos quiere que alguien aprecie su arte si él es incapaz de hacerlo y encima grita a todo pulmón: “ODIO LA MÚSICA FOLK” después de haber cantado?.  ¡My Dear Lord!.

Quedé tan desconcertada de la película que me puse a buscar información de la misma y quedé todavía más desconcertada porque se supone que está basada en parte de la vida de “Dan Van Ronkquien, por lo que leí, me recordó muchísimo a “Hilly Kristal del CBGB” cuya versión cinematográfica fue estelarizada por Alan Rickman en el 2013 y donde podemos apreciar el amor a la música por sobre las responsabilidades y lo cotidiano, que no es que esté “bien” en el sentido práctico, pero no deja de ser contagioso el ver como se ama algo tanto y tan apasionadamente. En contraparte, lo que nos presenta el personaje de “Llewyn” en “La balada de un hombre común” no me hace reconocer nada de lo que se menciona en dicha biografía (Dan Van Ronk) a menos que se refiera (esta cinta) a la parte: “y paso los próximos años vagando por el los barrios bajos de Manhattan y embarcándose en dos oportunidades en la Marina Mercante”.

Dave Van Ronk (30 de junio de 1936 – 10 de febrero de 2002) fue un cantante estadounidense de música folk. Nacido en el condado deBrooklyn, en Nueva York, se estableció en el barrio Greenwich Village, de la misma ciudad, donde fue apodado como «Mayor of MacDougal Street» (‘El alcalde de la calle MacDougal’).

Fue una importante figura del renacimiento del folk acústico de los años 1960. Su trabajo abarcaba desde las antiguas baladas inglesas hasta los versos de Bertolt Brecht, pasando por el blues, el góspel, el rock, el jazz de Nueva Orleans y el swing. También fue conocido por usar su guitarra para interpretar música ragtime, especialmente las transcripciones que hizo de St. Louis Tickle y Maple Leaf Rag de Scott Joplin.

Van Ronk fue reconocido como el tío amigable de Greenwich Village, presidiendo la cultura del folk de cafetería y siendo amigo de diversos artistas, inspirándolos, ayudándolos y promoviéndolos. Entre estos se encuentran Bob Dylan (Bob Dylan salió casi al final tocando en el bar pero casi no se oyó nada de su presentación porque Llewyn salió y se acabó la cinta), Tom Paxton, Patrick Sky, Phil Ochs, Ramblin’ Jack Elliott y Joni Mitchell.

En diciembre de 1997, Van Ronnk recibió el premio Lifetime Achievement Award de parte de la American Society of Composers, Authors and Publishers. Su muerte llegó cinco años después, el 10 de febrero de 2002, cuando sufrió una falla cardiopulmonar durante un tratamiento posoperatorio por un cáncer de colon en un hospital de Nueva York.

Dicho todo esto, al final creo que toda esta “frustración” que siento ante esta película (más o menos la misma que sentí al leer “Una vacante imprevista” de JK Rowling) es en sí su moraleja y se resume perfectamente en las palabras de “Jean”:

– “No, tu no quieres llegar a ningún lado y esa es la razón por la que toda la misma mierda te seguirá pasando, porque tú lo quieres. –

– “¿Ese es el porqué?” – , pregunta Llewyn desganado.

– Sí y también porque eres un pendejo”. – contesta Jean apasionadamente.

En el transcurso de la película, el protagonista encuentra muchas “señales” que a cualquiera lo haría reaccionar: “la frase ¿Qué estás haciendo?” en un baño público, el cartel de “Un viaje extraordinario” de Disney al pasar frente a un cine, el hecho de que sus amigos lo sigan recibiendo y ayudando a pesar de las cosas que les ha dicho y hecho…etc. pero el sigue imperturbable ante la vida… ¡No se conecta!, no disfruta del proceso, ni siquiera de la música cuando el mismo le echó en cara a Jean que no estaba bien esperar poder “comer de la música”, que la música era “algo mas”. Entonces, da la impresión de que sus palabras le quedan grandes… Y es justo a lo que debemos prestar atención y hacer lo contrario, es decir, debemos disfrutar la vida para que las grandes frases dichas por otros no nos queden grandes…

Ahora bien, indudablemente lo mejor de la película es la música. Me encanta como canta Justin Timberlake y por más que haya detestado al Llewyn Davis, el personaje de Oscar Isaac, quien se supone no tenía ningún tipo de “conexión” con el público, me encantó su voz y forma de tocar.

Esta película entiendo fue bastante galardonada. Si tienen oportunidad, espero la disfruten.

Pueden escuchar parte del sountrack aquí:

Fuente: Wikipedia,

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