8 de marzo. Día internacional de la mujer.

POR Y PARA LAS MUJERES

“Lo propio del ser humano es abrir camino, porque al hacerlo pone en ejercicio su ser.
La acción ética por excelencia es abrir camino”.

María Zambrano

Hola a todos:

Tal vez este no sea el tema que se me hubiera ocurrido para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, un día en el que se recuerda la lucha que como género hemos tenido que hacer para encontrar un espacio en la sociedad de la que somos parte fundamental, pero me alegro de que haya aparecido el tema en mi camino porque me da la oportunidad de “agradecer”.

La siguiente es una historia que podría denominarse Por y para las mujeres (parafraseando al autor del post) porque la “protagonista” es una mujer, pero también lo es un hombre y por esto me parece perfecta.

***

Se dice mucho que cuando se alcanza el éxito o en el camino que se sigue para alcanzarlo no se deben olvidar los “orígenes”. También se dice que cuando no se aprende de los errores pasados no se avanza y se malogra el futuro y yo estoy completamente de acuerdo pero creo que esto va más allá de “recordar que se fue pobre”, entre muchos otros argumentos, incluye también el hecho irrefutable de que se es MUJER y seguiremos siéndolo siempre, cosa que no debemos olvidar en nuestro afán de propiciar la IGUALDAD de géneros.

Yo creo que el asunto de la IGUALDAD trasciende el género, es decir, el hecho de que se promueva la IGUALDAD no quiere decir que los hombres y las mujeres son iguales, quiere decir que tienen los mismos derechos porque el tema de la igualdad no va relacionado con nuestro “ser”, per sé, sino con nuestra funcionalidad con respecto a la Sociedad que hemos creado y cuando digo creado me refiero al conjunto que como “HUMANIDAD” hemos logrado, para bien o para mal porque cada quien ha sido parte de esto, ya sea como artífice o como testigo. LA SOCIEDAD fue, es y seguirá siendo nuestra responsabilidad y todos, COMO GRUPO, tenemos el poder de empeorar o mejorar nuestra situación y la mejor forma de mejorarla, para mí, es ACEPTANDO que aún siendo un GRUPO, tenemos diferencias y que esto no debe ser un PROBLEMA sino más bien una bendición y las bendiciones hay que AGRADECERLAS, SIN PEROS.

Desde pequeña me enseñaron dos “palabras mágicas”: POR FAVOR y GRACIAS. Creo que estas deberían ser parte de cualquier discurso referente a los DERECHOS HUMANOS, al igual que ver el mundo a través del “vidrio rosa” que no es más que ver lo bueno en todo, cosa que no indica que hay que obviar lo malo, aceptarlo o excusarlo, sino más bien, exaltar cada “pasito” que se da en busca de la PERFECCIÓN COMO RAZA (LA RAZA HUMANA, COMO UN TODO) y seguir trabajando en busca del engrandecimiento humano porque ¿para qué invertir nuestro valioso tiempo en “atacar” o “desmeritar” cuando bien podemos usar ese mismo tiempo para “construir” y “disfrutar”?.

Agradezcamos entonces no sólo a las mujeres luchadoras que han llegado a la cima de sus respectivos campos de acción desde el hogar hasta las grandes corporaciones multinacionales. Cada una es un símbolo de perseverancia, trabajo duro y esperanza. Son nuestros modelos a seguir y además nuestro “premio”. También, agradezcamos a los hombres que han invertido su tiempo y esfuerzo en “apoyarnos”, desde aquellos que piensan en adecuar un zapato deportivo o un bolígrafo para que sea más confortable su uso por parte de nosotras, a aquéllos que invierten su vida en nuestra salud, entre otras cosas.

A todos, muchas gracias por su esfuerzo y dedicación. Sigamos en este camino de ALCANZAR LA GRANDEZA.

El hombre que se puso un útero para desatar una revolución

Arunachalam Muruganantham

“Todo empezó con mi esposa”, le cuenta a la BBC, en su natal India.

En 1998 se acababa de casar y su mundo giraba en torno a su esposa, Shanthi, y su madre viuda. Un día vio que Shanthi estaba escondiendo algo y cuando se enteró de qué era le aterró: “trapos asquerosos” que usaba durante la menstruación.

Cuando le preguntó por qué no usaba toallas sanitarias, Shanthi le señaló que si las usaran las mujeres de la familia, no quedaría dinero para comprar leche.

Para impresionar a su joven esposa, Muruganantham fue al centro a comprarle toallas sanitarias. Las pesó en sus manos y se preguntó por qué 10 gramos de algodón, que en ese entonces costaban 10 paise (US$0,001), se vendía en 4 rupias (US$0,07): 40 veces más. Decidió que él las podía hacer más baratas.

Cuando Muruganantham investigó un poco más, descubrió que casi ninguna de las mujeres en los pueblos cercanos usaban toallas sanitarias: menos de una de cada 10. Esto fue confirmado por una encuesta de 2011 de AC Nielsen comisionada por el gobierno indio que encontró que sólo el 12% de las indias usan toallas sanitarias. Según Muruganantham, en las regiones rurales es aún menos que eso.

Se horrorizó además al enterarse de que las mujeres no sólo usaban trapos viejos sino también otras sustancias antihigiénicas como arena, aserrín, hojas y hasta ceniza. Y las que usan trapos, no los secaban al sol, pues les daba vergüenza, lo que significaba que no se desinfectaban.

Aproximadamente el 70% de las enfermedades reproductivas en India son causadas por falta de higiene menstrual, que puede también afectar la mortalidad materna.

El misterio más grande para él era de qué estaban hechas las toallas sanitarias buenas. Había mandado algunas a un laboratorio para que las analizaran, y los resultados decían que era algodón. Pero sus propias creaciones de algodón no funcionaban.

Las que sabían eran las compañías multinacionales pero ¿cómo preguntarles?. “Es como tocar la puerta en Coca Cola y preguntarles cómo la hacen”.

Muruganantham le escribió a las grandes firmas manufactureras con la ayuda de un profesor universitario a quien le pagó limpiándole la casa.

Además se gastó US$100 que no tenía en llamadas de teléfono, pero no sabía suficiente inglés. “Cuando me contestaban, me preguntaban qué tipo de planta tenía y no les entendía qué querían decir”, recuerda.

Al final se le ocurrió decir que era dueño de un telar, que estaba pensando meterse al negocio y que quería unas muestras.

Unas semanas después, llegaron unos misteriosos tablones duros: celulosa, hecha de la corteza de un árbol.

Le había tomado dos años y tres meses descubrir de qué estaban hechas las toallas sanitarias, pero había un inconveniente: la máquina que se requería para moler este material para convertirlo en toallas sanitarias costaba varios miles de dólares. Iba a tener que diseñar otra.

“Una mariposa puede chupar miel de una flor sin perjudicarla”…

En India, como en otras partes del mundo, persisten muchos tabúes respecto a la menstruación. Las mujeres no pueden visitar templos o lugares públicos, no pueden cocinar ni tocar el suministro del agua. Esencialmente, son consideradas intocables.

A Muruganantham le tomó 18 meses fabricar 250 máquinas que llevó a los estados más pobres y poco desarrollados en el norte India, los llamados BIMARU o “estados enfermos” de Bihar, Madhya Pradesh, Rajastán y Uttar Pradesh. Allá a menudo las mujeres tienen que caminar kilómetros para traer agua, algo que no pueden hacer si están menstruando, así que las familias sufren.

“Mi conciencia interna me decía que tenía éxito en Bihar, que es muy difícil, lo tendría en cualquier otro lado”, señala Muruganantham.

Fue difícil incluso hablar del tema en una sociedad tan conservadora. “Para hablarle a las mujeres en las zonas rurales se necesita permiso del esposo o del padre y sólo les podemos hablar si estamos detrás de una cobija”, explica.

También hay mitos y temores sobre el uso de toallas sanitarias: que las mujeres que las usan se enceguecen o que nunca se casan. Pero poco a poco, aldea tras aldea, empezaron a aceptarlas y con el pasar del tiempo las máquinas han entrado en 1.300 aldeas en 23 estados. En cada caso, son mujeres las que producen las toallas sanitarias y se las venden directamente a las clientas. Las tiendas generalmente son atendidas por hombres, lo que intimida a las mujeres.

Otro beneficio es que al comprárselas a mujeres que conocen, reciben información importante sobre cómo usarlas. Y a veces ni siquiera necesitan dinero, pues muchas vendedoras las canjean por cebollas y papas. La mayoría de las clientas de Muruganantham son ONGs y grupos de autoayuda de mujeres.

Una máquina manual cuesta unos US$1.200, las semiautomáticas, más. Cada máquina convierte a 3.000 mujeres en usuarias de toallas sanitarias y le da empleo a 10. Ellas pueden producir entre 200 y 250 toallas al día que se venden por unos 4 centavos de dólar.

Las mujeres escogen su propia marca para sus productos, así que no hay una marca generalizada. Es “por y para las mujeres”.

Muruganantham también trabaja con colegios pues el 23% de las niñas abandonan sus estudios cuando empiezan a menstruar. Ahora hay estudiantes que hacen sus propias toallas sanitarias. “¿Por qué esperar hasta que sean mujeres? ¿Por qué no empoderar a las niñas?”.

El gobierno indio recientemente anunció que distribuirá productos sanitarios subsidiados para las mujeres más pobres. El golpe para Muruganantham fue que no escogió trabajar con él, pero ahora su mira está más allá.

“Mi meta era crear un millón de trabajos para las mujeres pobres pero, ¿por qué no 10 millones en todo el mundo?”. Su proyecto se está expandiendo a 106 países en todo el mundo.

“Las recomendaciones de boca en boca son las que han asegurado nuestro éxito, pues es un problema que todos los países en desarrollo enfrentan”.

Pueden leer el artículo completo aquí.

CONGRATULACIONES A TODOS POR EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER.

Fuente: BBC.com.uk

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