“En llamas: Expectativas 2013”. Resumen de escenas “importantes” del 2do. libro de la saga Los Juegos del Hambre. Spoilers.

Hola a todos:

Como la mayoría sabrá, en llamas es el segundo de los libros de la Trilogía de “Los Juegos del Hambre” (consta de 3 libros que ya lleva 1 película estrenada, una que está estrenándose en este momento y 2 películas mas posteriormente) pero aparte de esto, es un libro para mí, muy especial por lo cual, saqué de entre todo, las que considero yo son las “principales escenas” que me gustaría salieran en la película.

Panen es una “región” (ubicada en territorio de Norte America, aproximadamente) que sobrevivió a una gran guerra que casi acaba con ellos. El gobierno logró estabilizar las reveliones aplicando todo su poderío tecnológico y “exterminando a un Distrito”. Después de esto, cada año pedía a cada distrito que entregaran 1 chico y una chica (Tributos) para que participaran en los Juegos del Hambre. Veinticuatro chicos debían luchar en varias “arenas” (una diferente cada año) y solo uno podía sobrevivir. Los Tirbutos eran escogidos entre los ciudadanos de 11 a 18 años. 

En la primera entrega, Primmrose Everdeen fue la chica (11 años) escogida como Tributo para los Septuagésimos Cuartos Juegos del Hambre y por primera vez en la historia de los Juegos en el Distrito 12, alguien se ofreció como voluntaria. Su hermana Katniss. 

En esta segunda entrega y siendo también algo que nunca había ocurrido antes, los Tributos escogidos deben salir del grupo de los “vencedores”.

Katniss debe volver a la arena y obviamente, Peeta irá con ella… 

Expectaciones:

***

“Creo que hice un ruido con la garganta y recuerdo vagamente tener los dedos cerrados sobre su pecho. Entonces él me soltó y dijo: Tenía que hacerlo, al menos una vez. Y se fue”.

“Gale había derribado una barrera invisible entre nosotros y, al hacerlo, había destruido cualquier esperanza de volver a nuestra antigua amistad sin complicaciones. Da igual que fingiese, nunca podría mirar de nuevo sus labios de la misma manera”.

“Ni siquiera me había dado cuenta de que la aplastaba (la galleta de Peeta, después de la reunión con Snow) aunque supongo que tenía que sujetarme a algo mientras mi mundo giraba fuera de control”.

“Peeta es el bueno, el que gusta a todo el mundo. Puede hacer que la gente se crea cualquier cosa. Yo soy la que se cierra y deja que él se encargue de hablar. Sin embargo, no es Peeta el que tiene que probar su devoción, sino yo”.

“Desde que volví a casa he intentado con todas mis fuerzas arreglar la relación con mi madre le pido que haga cosas, en vez de apartarla cada vez que se ofrece a ayudar, como hice durante muchos años por culpa de mi rabia… Mi tiempo en la arena me ha servido para darme cuenta de que necesito dejar de castigarla por algo que ella no podía evitar, es decir, por la profunda depresión en la que se sumió después de la muerte de mi padre. Porque a veces a las personas les ocurren cosas que no están preparadas para afrontar”.

“Por fin noto el impacto real de lo que me dice: nunca viviré con Gale, aunque quisiera. Nunca podría vivir sola. Tendré que estar enamorada para siempre de Peeta. El capitolio insistirá en ello. Quizás me queden algunos años de libertad para estar con mi madre y Prim, porque solo tengo dieciséis, pero después… Después…

Lo que me dice es que solo hay un futuro para mi si deseo mantener con vida a mis seres queridos y seguir viva yo misma: Tendré que casarme con Peeta”.

“Intentaré de ser breve.

Mira Katniss,  quería hablar contigo sobre mi comportamiento en el tren. Es decir, en el tren anterior, el que nos llevó a casa. Sabía que tenías algo con Gale, ya estaba celoso de él antes de conocerte oficialmente, así que no fue justo pedirte cuentas por algo que pasó en los Juegos. Lo siento.

Su disculpa me pilla por sorpresa. Es cierto que Peeta me dio de lado después de que le confesara que mi amor por él en los juegos había sido fingido, pero no se lo tomé a mal. En la arena interpreté el romance todo lo que pude y hubo veces en las que realmente no sabía qué sentía por él. La verdad es que sigo sin saberlo”.

Yo también lo siento.

No tienes nada que sentir. No hacías más que intentar mantenernos a los dos con vida, pero no quiero que sigamos así, sin hacernos caso en la vida real y cayéndonos en la nieve cada vez que aparece una cámara. Así que he pensado que si dejaba de comportarme tan… Ya sabes, tan dolido, podríamos intentar ser solo amigos”.

“Vale, empecemos con algo más básico. No te parece raro que sepa que eres capaz de arriesgar la vida por salvarme…, pero no tenga ni idea de cuál es tu color favorito?”.

“La multitud no puede evitar responder con gritos ahogados y murmullos. Lo que ha hecho Peeta no tiene precedentes, ni siquiera sé si es legal. Seguramente el tampoco lo sabe y por eso no ha preguntado, por si acaso. En cuando a las familias, nos miran boquiabiertas. Mientras nosotros vivamos, ellos no pasarán hambre.

Solo hablé con Tresh una vez, lo suficiente para que me perdonara. La vida. Aunque no lo conocía, siempre lo respeté. Por su fuerza, por negarse a jugar en unos términos que no fueses los suyos. Los profesionales querían que se uniese a ellos desde el principio, pero el no quiso. Lo respetaba por eso.

Sin embargo, me parece que sí conocí a Rue y ella siempre estará conmigo. Todas las cosas bellas me la recuerdan. La veo en las flores amarillas que crecen en la Pradera, junto a mi casa. La veo en los sinsajos que cantan en los árboles. Y, sobre todo la veo en mi hermana Prim.

Me quedo donde estoy sintiéndome rota y pequeña. Después de una larga pausa, alguien entre la multitud silba la melodía de cuatro notas de Rue, la que repitieron los sinsajos. La que marcaba el final de la jornada, la que en la arena significaba que estábamos a salvo.

Lo que pasa no es un accidente… Todas las personas de la plaza se llevan los tres dedos centrales en la mano izquierda a loss labios y después los extienden hacia mi. Es la seña del Distrito 12, el último adiós que le di a Rue en la arena.

Me doy cuenta de la importancia de lo que acabo de hacer. No ha sido a posta, solo quería darles las gracias, pero acabo de despertar algo peligroso, un acto de rebeldía de la gente del Distrito 11. Es justo lo que se supone que debía evitar!.

Se acabó ahora mismo. No podéis seguir con este… este juego que os traéis los dos, contándoos secretos y manteniéndome a mí al márgen, como si fuera demasiado insignificante, estúpido o débil para soportarlo.

No es eso. Peeta.

Es justamente eso!. Yo también tengo seres queridos, Katniss!. Así que, después de lo que pasamos juntos en la arena, ni siquiera merezco que me cuentes la verdad?.

Pues me sobreestimaste, porque hoy la he cagado. Qué crees que les va a pasar a las familias de Rue y Tresh?….

Peeta lanza algo más por los aires, una figura. Nunca lo había visto así.

Mira chico.

No te molestes, sé que tenías que elegir a uno de los dos y me parece bien que fuese ella. Pero esto es distinto. Ahí fuera hay gente muerta. Y habrá mas si no lo hacemos muy bien. Todos sabemos que se me dan mejor las cámaras que a Katniss, nadie tiene que ayudarme para saber qué decir, siempre y cuando que sepa dónde me estoy metiendo”.

“En una ocasión, Peeta, que se pasa gran parte de la noche dando vueltas por el trenn, me oye gritar mientras intento salir de la bruma de los somníferos, que no hacen más que prolongar mis horribles sueños. Consigue despertarme y calmarme, para después tumbarse conmigo en la cama y abrazarme hasta que me quedo dormida de nuevo. A partir de entonces me niego a tomar mas pastillas, aunque le dejo meterse en la cama conmigo todas las noches. Nos enfrentamos a la oscuridad como lo hacíamos en la arena, abrazados, protegiéndonos de los peligros que pueden caer sobre nosotros en cualquier momento”.

“No has tenido pesadillas.

Tiene razón. Por primera vez en siglos he dormido de un tirón.

Bueno,has dormido como si estuvieses contenta.

Peeta, porqué nunca sé cuando tienes una pesadilla?.

Ni idea. Creo que yo no grito, ni me muevo, ni nada. Simplemente me despierto paralizado de terror.

Deberías despertarme.

No hace falta, mis pesadillas suelen ser sobre perderte, así que se me pasa cuando me doy cuenta de que estás a mi lado.

Ay. Peeta hace comentarios como este sin darles importancia y es como si me diera un puñetazo en el estómago. No ha hecho más que responder a mi pregunta, no me presiona para que responda de la misma forma, ni para que le declare mi amor, pero me hace sentir fatal, como si lo hubiese estado usando de una forma terrible. Lo he estado usando?. No lo sé. Solo sé que, por primera vez, me siento inmoral por tenerlo en mi cama, lo que resulta irónico ahora que estamos oficialmente prometidos”.

“Huiremos.

Que?.

De verdad?. No crees que estoy loca?. Vendrás conmigo?.

Si, creo que estás loca. A pesar de ello, me voy contigo… Podemos hacerlo, sé que podemos. Salgamos de aquí y no volvamos nunca.

Estas seguro?…

Estoy seguro, completa y absolutamente seguro, seguro al cien por cien.

…. Cierro los ojos para empaparme de él… Huelo el cuero mojado, el humo y las manzanas, el aroma de todos esos días invernales que compartimos antes de los juegos. No intento apartarme, porqué iba a hacerlo?. Su voz se convierte en un susurro y dice: Te quiero.

Por eso. Nunca veo venir las cosas, suceden demasiado deprisa. Estás proponiendo un plan de huída y, de repente… se supone que debes enfrentarte a algo como esto. Le doy la que seguramente sea la peor respuesta posible: Lo sé.

Lo sé y ya sabes lo que significas para mí. Gale, ahora mismo no puedo pensar en nadie de esa forma. Lo único que tengo en la cabeza todos los días, cada minuto que paso despierta desde que salió el nombre de Prim en la cosecha, es lo asustada que estoy. No parece haber sitio para nada más. Si pudiéramos llegar a un sitio en el que estar a salvo quizá fuera diferente. No lo sé.

Entonces, nos vamos. Lo descubriremos…

Parece que de todos modos piensa venir…

Haymitch es el verdadero reto.

Haymitch?. No le pedirás que venga con nosotros?.

Tengo que hacerlo, Gale, no puedo dejarlos a Peeta y a él, porque… Qué?.

Lo siento, no me había dado cuenta de lo grande que iba a ser nuestro grupo.

Los torturarían hasta la muerte para intentar averiguar donde estoy.

Y qué pasa con la familia de Peeta?. No vendrán. Y si decide quedarse?.

Pues se queda.

Lo dejarías atrás?.

Para salvar a mi madre y a Prim?. Sí.

Y a mi?. Me dejarías a mí?…

Crees que me estoy inventando todo esto?… Si me hubiera suicidado con esas vayas, esto no habría pasado. Peeta habría vuelto a casa, habría vivido, y todos los demás seguirían estando a salvo.

A salvo para hacer qué?. No le has hecho daño a nadie. Les has dado una oportunidad. Solo tienen que ser lo suficientemente valientes para aprovecharla… No lo ves?. Está pasando. Por fin está pasando…

Para, no sabes lo que dices…

No tenemos que unirnos a la lucha.

No!. Tenemos que irnos de aquí antes de que nos maten a nosotros y a mucha gente más!.

Pues vete tú. Yo no me iría ni en un millón de años… Es que no te das cuenta?. Si la rebelión ha empezado,  no se trata solo de nuestra salvación. He cambiado de idea, no quiero nada que esté hecho en el Capitolio. Y se va.

Miro los guantes en el suelo. Cualquier cosa hecha en el Capitolio?. Se refería a m?. Cree que no soy mas que otro producto del Capitolio y por tanto, intocable?. Es tan injusto que reviento de rabia, aunque siento miedo por lo que Gale pueda hacer.

….Sola en la cocina, con Gale. Al cabo de un rato le toco la cara, todo partes de él que nunca había tenido motivos para tocar: sus oscuras y espesas cejas, la curva de su mejilla, el perfil de su nariz, el hueco en la base de su cuello. Recorro la sombra de barba de varios días de su mandíbula y, finalmente, llego a sus labios, que son suaves y carnosos, aunque estén algo resquebrajados. A pesar del frío, su aliento me calienta la piel…. Contábamos con el otro, nos protegíamos, nos obligábamos a ser valientes.

Por primera vez intento ponerme en su lugar. Me imagino viéndolo presentarse voluntario para salvar a Rory en la cosecha, ver cómo lo apartan de mi vida, cómo se convierte en el amado de una chica desconocida para seguir vivo,  para después volver a casa con ella, vivir a su lado, prometerse en matrimonio.

El odio que siento por él, por la chica fantasma, por todo, es tal real e inmediato que me deja sin aliento. Gale es mío. Yo soy suya. Cualquier otra cosa resulta impensable. Porqué ha hecho falta que lo azoten hasta casi matarlo para que me dé cuenta?.

Porque soy egoísta, soy cobarde, soy el tipo de chica que, cuando de verdad podría hacer algo útil, prefiere huir para salvar la vida y permitir que los que no puedan seguirla sufran y mueran. Esa es la chica que Gale conoció en el bosque.

Con razón gané los juegos. Ninguna persona decente lo consigue.

Salvaste a Peeta, pienso, aunque sin mucha convicción. Sin embargo, hasta eso me lo cuestiono. Sabia perfectamente que mi vida en el Distrito 12 sería insoportable si dejaba morir a aquel chico. (Porqué?. Por Haymitch?. Ella no tendría porque sentirse como él. No estaba sola. Es por lo que sentía por Peeta).

…… Ojalá estuviera aquí Peeta para abrazarme; entonces recuerdo que no debería desear eso nunca más, que he elegido a Gale y la rebelión y que la idea de vivir con Peeta era del Capitolio, no mía.

…… Gale tiene razón: si la gente consigue reunir el valor suficiente podría ser nuestra oportunidad. También tiene razón cuando dice que, dado que yo lo he iniciado todo, podría hacer muchas cosas, aunque ni idea de cuáles exactamente. Sin embargo, decidir no huir es un primer caso crucial… Ayer la plaza se llenó muy deprisa después de los latigazos de Gale, pero no es porque nos sentimos impotentes y no tenemos ni idea de qué hacer?. Necesitamos a alguien que nos dirija y nos dé confianza en que es posible y no creo ser la persona adecuada. Quizá haya sido el catalizador de la rebelión, pero un líder es alguien con convicción y yo a penas acabo de unirme a la causa; alguien con un valor inquebrantable, y yo sigo esforzándome por encontrar el mío; alguien que sepa hablar con claridad y persuasión y yo siempre me quedo en blanco.

Palabras. Pienso en palabras y, de inmediato, veo la imagen de Peeta. la gente acepta todo lo que dice, seguro que podría hacer que una multitud entrase en acción, sabría como encontrar las palabras adecuadas. Sin embargo, estoy segura de que nunca se le ha pasado por la cabeza.

….. Un efecto secundario del jarabe es que deshinibe a la gente, como el licor blanco; sé que tengo que controlar mi lengua, pero no quiero que se vaya. De hecho, quiero que se meta en la cama conmigo, que esté aquí cuando lleguen las pesadillas. Por algún motivo que no logro discernir, sé que no puedo pedírselo.

No te vayas, quédate hasta que me duerma.

Cuando no llegaste a la hora de la cena creí que habías cambiado de idea.

Aunque estoy atontada, creo que sé a que se refiere. Con la alambrada encendida, mi tardanza y los agentes esperando, pensó que había huido, quizá con Gale.

No, te lo habría dicho. Le aseguro. Me acerco su mano a la cara y me llevo el dorso a la mejilla. Huele a canela y eneldo, seguramente de los panes que habrá horneado hoy. Quiero contarle lo de Twil, Bonnie y el levantamiento del Distrito 8, pero no es seguro y noto que me duermo, así que solo digo una frase más. Quédate conmigo.

Mientras los tentáculos del sueño me atrapan, lo oigo susurrar una palabra que no llego a entender.

ALWAYS!!!! Seguro fue eso!!!!!

……La expresión de Peeta cambia cuando se concentra. En vez de la placidez de siempre veo algo mas intenso y distante que sugiere la existencia de todo un mundo encerrado en su interior. Ya lo había visto antes brevemente: en la arena, cuando habla delante de una multitud o aquella vez que apartó de mí las pistolas de los agentes de la paz en el Distrito 11. No sé bien cómo interpretarlo. También estoy algo obsesionada con sus pestañas; Normalmente no se ven mucho porque son muy rubias, pero, de cerca, a la luz sesgada del sol que entra por la ventana, adquieren un suave tono dorado y parecen tan largas que no entiendo cómo no se le enredan cuando parpadea.

Una tarden Peeta deja de sombrear una flor y me mira tan de repente que me sobresalto, como si me hubiese pillado espiándolo, cosa que bien podría ser cierta. Sin embargo, se limita a decir: Sabes qué?. Creo que es la primera vez que hacemos algo normal juntos.

Si – admito. Toda nuestra relación quedó marcada por los Juegos. Nunca ha sido normal. – Está bien para variar.

….Una noche, mientras acompaño a Gacle a su casa, me llega a reconocer.

Sería mejor si resultara más fácil odiarlo.

Dímelo a mí. Ssi hubiera podido odiarlo en la arena, ahora no estaríamos todos en este lío. El habría muerto y yo sería una vencedora feliz y sola.

Y dónde estaríamos nosotros, Katniss.

Guardo silencio, sin saber qué responder. Dónde estaría yo con mi supuesto primo, que no sería mi primo de no ser por Peeta?. Me abría besado y yo le habría devuelto el beso de haber tenido la libertad de hacerlo?. En otras circunstancias, me habría abierto a él, tentada por la seguridad del dinero, la comida y la ilusión de estar a salvo por ser una vencedora?. Sin embargo, siempre nos acecharía la cosecha, acecharía a nuestros hijos. Daba igual lo que yo quisiera…

Cazando, como cada domingo. Sé que no era una pregunta literal, pero es lo mas sincero que puedo decirle. Gale sabe que lo elegí a él antes que a Peeta al no huir. Para mi no tiene sentido hablar de lo que podría haber sido. Aunque hubiese matado a Peeta en la arena, seguiría sin querer casarme con nadie. Solo me prometí para salvar vidas y mira cómo salió.

Como no pretendo volver con vida por segunda vez, cuanto antes me deje marchar Gale, mejor. Pienso decirle un par de cosas después de la cosecha, cuando nos permitan despedirnos. Quiero que sepa lo esencial que ha sido para mí durante todos estos años, lo mucho que ha mejorado mi vida gracias a él, gracias a quererlo, aunque sea de la limitada forma que puedo ofrecerle…

…… (Después de que ambos dijeran lo que habían hecho – Peeta pintando a Rue y Katniss colgando a Seneca Crane)…. Peeta me acompaña en silencio hasta mi cuarto, pero, antes de que pueda darme las buenas noches, lo rodeo con mis brazos y descanso la cabeza en su pecho. Sus manos bajan por mi espalada y su mejilla se apoya en mi pelo.

Si he empeorado las cosas, lo siento mucho.

No las has empeorado mas que yo. De todos modos, porqué lo has hecho?.

No lo sé, para demostrarles que soy algo más que una pieza de sus juegos, no?.

El se rie un poco porque seguro que recuerda la noche antes de los juegos del año pasado. Estábamos en el tejado, no podíamos dormir y Peeta dijo algo por el estilo que entonces no entendí. Ahora sí. (Como cuando Dumbledore le dice a Harry que es diferente llegar al ruedo con la cabeza en alto que ser arrastrado hasta allí).

Yo también – responde – Y eso no quiere decir que no vaya a intentarlo. Me refiero a intentar devolverte a casa. Pero, para ser del todo sincero…

Para ser del todo sincero, crees que el Presidente Snow ha dado órdenes directas para asegurarse de que muramos en la arena…

Se me ha pasado por la cabeza – dice él.

También se me ha ocurrido a mí….. Al fin y al cabo, fui yo la que sacó esas bayas. Nadie ha dudado nunca de que Peeta desafió al Capitolio por amor, así que quizá el presidente lo prefiera vivo, aplastado y con el corazón roto, como advertencia para los demás.

De todos modos, aunque eso ocurra, todos sabrán que hemos muerto luchandon verdad?. – pregunta Peeta.

Lo sabrán – contesto. Y por primera vez me distancio de la tragedia personal que me ha consumido desde que anunciaron el vasallaje. Todos estarán observando cómo me enfrento a esta sentencia de muerte… Si puedo dejar en claro que sigo desafiando al Capitolio hasta el final, el Capitolio me habrá matado, pero no habrá sido en vano. Qué mejor forma de dar esperanza a los rebeldes?.

Lo mejor de la idea es que mi decisión de mantener a Peeta vivo a costa de mi propia vida es, en sí, un acto de desafío, negarme a participar en los Juegos del Hambre según las reglas de Capitolio. Mi objetivo privado encaja perfectamente con mi objetivo público y, si de verdad lograse salvar a Peeta… en términos de la revolución, seria ideal, porque yo valgo más muerta. Pueden convertirme en una especie de mártir de la causa y pintar mi cara en las pancartas y eso será más valioso para levantar a la gente que cualquier cosa que pueda hacer estando viva.

Sin embargo, Peeta es más valioso vivo y trágico, porque podrá convertir su dolor en palabras que transformarán a los que las oigan.

El se volvería loco si supiera lo que estoy pensando, así que solo digo:

Entonces, qué hacemos con los pocos días que nos quedan?.

Solo quiero pasar cada minuto del resto de mis días contigo. – Responde Peeta.

Pues vamos. – Acepto, metiéndolo en mi habitación.

Volver a dormir con Peeta es todo un lujo, no me había dado cuenta de lo mucho que echaba de menos la proximidad humana, notarlo a mi lado en la oscuridad. Ojalá no hubiese malgastado las dos noches anteriores dejándolo fuera. Me quedo dormida, envuelta en su calor y, cuando abro de nuevos los ojos, la luz del sol entra por las ventanas.

No has tenido pesadillas. – me dice,

No he tenido pesadillas. – confirmo. – Y tu?.

Tampoco. Se me había olvidado lo que es dormir de verdad.

….. Ojalá pudiera congelar este momento, ahora mismo, aquí mismo, y vivir en él parra siempre.

Esta clase de comentarios, los que me dejan atisbar su amor eterno por mí, me suelen hacer sentir culpable y horrible. Pero estoy tan cómoda, relajada y más allá de toda preocupación por un futuro que nunca tendré que dejo salir la palabra: Vale.

Entonces, lo permites?. – pregunta él y noto por su voz que sonríe.

Lo permito.

Sus dedos vuelven a mi pelo y yo me quedo dormida, aunque él me despierta para ver la puesta del sol. Es como una espectacular llamarada amarilla y naranja detrás de los Edificios del Capitolio.

Me pareció que no querrías perdértela.

Gracias – respondo, porque puedo contar con los dedos de la mano el número de puestas de sol que me quedan y no quiero perderme ninguna.

……. Mi equipo de preparación, mis mascotas tontas, superficiales y cariñosas, con su obsesión por las plumas y las fiestas, están a punto de romperme el corazón con su despedida. Por las últimas palabras de Venia queda claro que todos saben que no regresaré.

……. Yo no me alegro. – dice Peeta – Ojalá hubiésemos esperado hasta la celebración oficial……

Quizá hubiese pensado lo mismo, Caesar, si no fuera por el bebé – responde Peeta, desesperado.

Ya está, ha vuelto a hacerlo, ha soltado una bomba que hará que todos olviden lo que hayan dicho los tributos que han pasado delante de él. Bueno, quizás no, quizá este año no haya hecho mas que encender la mecha de una bomba que los mismos vencedores han fabricado con la esperanza de que alguien lograse hacerla estallar. Puede que pensaran que sería yo, con mi traje de novia. No sabían lo mucho que dependo del talento de Cinna, mientras que Peeta no necesita más que su ingenio.

Al estallar la bomba, la onda expansiva envía acusaciones de injusticia, barbarie y crueldad en todas las direcciones. Ni siquiera la persona más fiel del Capitolio, la más sedienta de juegos y sangre, es capaz de pasar por alto, al menos durante un segundo, lo horrible de la situación.

Estoy embarazada.

…… No tenemos mucho tiempo, así que dime, tengo que disculparme por algo?.

Por nada. – respondo. Se ha arriesgado mucho sin pedirme permiso, pero me alegro de no haberlo sabido, de no haber tenido tiempo para dudar sobre su decisión y dejar que la culpa por lo que pensara Gale me impidiese ver lo que realmente siento por lo que ha hecho Peeta. Y me siento poderosa.

…… Aunque todos tengamos una muerte horrible, esta noche ha pasado algo en el escenario que no puede deshacerse. Los vencedores hemos montado nuestro levantamiento y, quizá, solo quizá, el Capitolio no sea capaz de contenerlo.

….. Qué están diviendo?. – pregunta Peeta. – Le están pidiendo al presidente que detenga los juegos?.

Creo que ni ellos mismos saben qué pedir. La situación no tiene precedentes. La simple idea de oponerse a los planes del Capitolio es fuente de confusión para la gente de aquí. – dice Haymitch – Pero Snow no va a cancelar los juegos de ninguna manera, lo sabéis, verdad?.

…….. Cuidado – dice, débil. – Ahí arriba hay un campo de fuerza… Debe de ser mucho más potente que el del tejado del centro de Entrenamiento. Pero estoy bien, solo un poco tembloroso.

Estabas muerto!. Se te ha parado el corazón!. – Estallo antes de pensar si es una buena idea. Me tapo la boca con la mano porque empiezo a hacer esos horribles sonidos ahogados que hago cuando sollozo.

Bueno, parece que ya funciona – responde – No pasa nada Katniss. Asiento, pero los sonidos no paran. – Katniss?. Ahora es Peeta el que está preocupado por mí, lo que hace que la situación sea todavía mas demencial.

No pasa nada, son sus hormonas. – interviene Finnick. – Por el bebé. –

…… Es una estupidez que sus esfuerzos me fastidien tanto, lo sé. Solo quería mantener a Peeta con vida; el ha podido y yo no, y debería agradecérselo. Y se lo agradezco, aunque también estoy furiosa, porque eso significa que nunca saldaré mi deuda con Finnick Odair. Nunca. Y así, cómo voy a matarlo mientras duerme?.

Esperaba verle una expresión irónica o de petulancia, pero, curiosamente, parece inquisitivo. Mira a Peeta y me mira a mí, como si intentara averiguar algo y después sacude la cabeza, como si quisiera despejarla.

 …….. Ve a por ella, te cubrimos. Sostengo una de sus manos que sufre espasmos, aunque no sé si por el veneno que afectó nuestros nervios, por la conmoción del ataque o por la falta de la droga que la sustentaba. No podemos hacer nada salvo quedarnos con ella mientras muere.

Peeta se pone en cuclillas al otro lado y le acaricia el pelo. Cuando empieza a hablar con dulzura parece que ha perdido la cabeza, pero sus palabras no son para mí.

Con mi caja de pinturas, en casa, puedo hacer todos los colores imaginables: rosa tan pálido como la piel de un bebé o tan fuerte como el ruibarbo. Verde como la hierba en primavera. Un azul que reluce como el hielo en el agua.

La mujer clava la mirada en los ojos de Peeta, absorta en sus palabras.

Una vez me pasé tres días mezclando pintura hasta encontrar el tono perfecto para la luz del sol sobre el pelaje blanco. Verás, creía que era amarillo, pero era mucho más que eso. Capas de todo tipo de colores, una a una.

La respiración de la mujer se ralentiza hasta no ser más que rápidas exhalaciones. Se moja la mano libre en la sangre del pecho y hace los pequeños movimientos giratorios con los que tanto le gustaba pintar.

Todavía no he conseguido pintar un arco iris. Llegan tan deprisa y se van tan pronto… No he tenido el tiempo suficiente para capturarlos, solo un poquito de azul por aquí o de morado por allá y vuelven a desaparecer. Vuelven al aire.

La mujer parece hipnotizada por las palabras, en trance. Levanta una mano temblorosa y pinta lo que parece ser una flor en la mejilla de Peeta.

Gracias. – susurra él. – Es preciosa.

Durante un instante, el rostro de la adicta se ilumina con un sonrisa y deja escapar un sonido chillón. Después su mano ensangrentada vuelve al pecho, deja escapar un último aliento y suena el cañonazo. Me suelta la mano.

…… Están mejor frescos. – Comenta, arrancando un pedazo de carne para meterselo en la boca. Todavía tiene los ojos hinchados, pero finjo no darme cuenta.

…… Mientras estoy allí con las armas preparadas, no logro deshacerme de la sensación de que está pasando algo con Peeta. Vuelvo a repasar nuestros moviemientos desde que sonó el gong en busca del origen de mi incomodidad. Finnick sacando a Peeta de su placa de metal. Finnick reviviendo a Peeta cuando el campo de fuerza le paró el corazón. Mags metiéndose en la arena para que Finnick pudiese cargar con Peeta. La adicta lanzándose delante de él para protegerlo del ataque del mono. La lucha con los profesionales fue muy rápida, pero, acaso no desvió Finnick una lanza que iba hacia Peeta, aunque le supuso recibir un navajazo de Enobaria en la pierna?. E, incluso ahora, Johanna lo ha puesto a dibujar un mapa en una hoja en vez de dejarlo arriesgarse en la jungla…

No cabe duda. Por razones que no puedo comprender, algunos de los otros vencedores intentan mantenerlo con vida, aunque signifique sacrificarse.

Estoy estupefacta. En primer lugar, porque ese trabajo era cosa mía. En segundo lugar, porque no tiene sentido. Solo puede salir vivo uno de nosotros, así que, porqué han decidido proteger a Peeta?. Qué les puede haber dicho Haymitch, que les ha ofrecido para que pongan la vida de Peeta por encima de la suya?.

Se cuales son mis razones para mantenerlo con vida. Es mi amigo y es mi forma de desafiar al Capitolio, de subvertir estos terribles juegos. Sin embargo, si no tuviese ningún vínculo con él, qué haría que quisiera salvarlo, elegirlo a él antes que a mí?. Está claro que es valiente, pero todos hemos sido lo bastante valientes para sobrevivir a unos juegos. Esta esa naturaleza bondadosa que resulta difícil pasar por alto, aunque, aun así… Y entonces se me ocurre, pienso en lo que Peeta sabe hacer mejor que ninguno de nosotros: utilizar las palabras. Nos barrió a todos del campo de juego en las entrevistas y quizás sea esa bondad subyacente lo que le permite poner a una multitud (no, mejor dicho, a un país) de su lado con una simple frase.

Recuerdo haber pensado que ese era el don que debería tener el líder de nuestra revolución. Es que Haymitch ha convecido de eso a los demás?. De que la lengua de Peeta tendría mucho más poder contra el Capitolio que la fuerza física de cualquiera de nosotros?.

……. Peeta aprieta la mano contra la superficie y yo pongo la mía al otro lado, como si pudiera sentirlo a través de la pared. Veo que mueve los labios aunque no lo oigo, no oigo nada que ocurra fuera de la zona. Intento averiguar lo que dice, pero no me concentro, así que me quedo mirándole la cara, haciendo todo lo posible para conservar la cordura.

Al final me rindo y me acurruco al lado de Finnick, intentando bloquear los atroces sonidos de Prim, Gale, mi madre, Madge, Rory, Vick, e incluso Posy, la pequeña e indefensa Posy.

Sé que ha parado cuando noto las manos de Peeta sobre mí, creo que me levantan del suelo y me sacan de la jungla, aunque mantengo los ojos bien cerrados, las manos en las orejas, los músculos demasiado rígidos para bajarlas. Peeta me abraza en su regazo, me tranquiliza, me mece con dulzura. Tardo bastante en empezar a relajar la tenaza de hierro que me comprime y, cuando lo hago, llegan los temblores.

No pasa nada, Katniss. – me susurra.

Tú no los has oído.

Oí a Prim, al principio, pero no era ella, era un charlajo.

Era ella, en alguna parte. El charlajo lo grabó.

No, eso es lo que quieren que pienses. Igual que yo me pregunté si los ojos de Glimmer estarían en aquel muto del año pasado. Pero no eran los ojos de Glimmer y no era la voz de Prim. O si lo era, la sacaron de una entrevista o algo así y distorcionaron el sonido. Hicieron que dijese lo que decía.

No, la estaban torturando. – respondo – Seguro que está muerta.

Katniss, Prim no está muerta, cómo iban a matarla?. Casi hemos llegado a los ocho finalistas y qué pasa entonces?.

Mueren siete mas. – Respondo hundida.

No, en casa. Qué pasa cuando llegan a los últimos ocho tributos de los juegos?. – me levanta la barbilla para que lo mire, me obliga a mirarlo a los ojos. – Qué pasa?. Cuándo llegan a los ocho finalistas?.

Sé que intenta ayudarme así que me fuerzo a pensar.

A los ocho finalistas?. – repito. – entrevistan a tu familia y tus amigos.

Eso es. Entrevistan a tu familia y tus amigos. Y puede hacer eso si los han matado a todos?.

No?.

No. Por eso sabemos que Prim sigue viva. Será la primera que entrevisten, no?.

Deseo creerlo, lo deseo de corazón, sin embargo… esas voces…

Primero Prim, después de madre, tu primo Gale, Madge – sigue diciendo él. – Era un truco, Katniss, un truco horrible, pero solo puede hacernos daño a nosotros. Nosotros estamos en los juegos, no ellos.

Lo crees de verdad?.

De verdad. – Reponde Peeta. Dudo, pensando en que Peeta puede hacerte creer cualquier cosa. Miro a Finnick para que me lo confirme y veo que está centrado en Peeta, en sus palabras.

Tú lo crees Finnick?.

Podría ser, no lo sé. Podrían hacer eso, Beete?. Grabar una voz normal de alguien y convertirla en…. ?.

Oh sí, ni siquiera es difícil, Finnick. Nuestros niños aprenden una técnica similar en el colegio.

Claro que Peeta tiene razón. Todo el país adora a la hermana pequeña de Katniss. Si de verdad la hubieses matado así, probablemente se encontrarían con un levantamiento entre manos. – afirma Joanna sin más. – Y eso no les gustaría, verdad?. – Echa la cabeza hacia atrás y grita. – Que se rebele todo el pais?. No les gustaría nada!.

…….. Katniss, no tiene sentido seguir fingiendo que no sabemos lo que pretende el otro. No sé que trato habrás hecho con Haymitch, pero deberías saber que también a mí me hizo algunas pronesas. Así que podemos afirmar que mentía a alguno de los dos.

Porqué me lo cuentas ahora?.

Porque no quiero que olvides lo distintas que son nuestras circunstancias. Si mueres y yo vivo, no quedará nada para mí en el Distrito 12. Tú lo eres todo para mí. Nunca volvería a ser feliz. Para ti es diferente. No digo que no sea duro, pero hay otras personas que harán que tu vida merezca la pena.

Se saca la cadena con el disco dorado que lleva colgada del cuello y la sostiene bajo la luz de la luna, para que vea con claridad el sinsajo. Después pasa el pulgar por un cierre que no había notado antes y el disco se abre. No es sólido, como yo pensaba, sino un medallón y dentro hay fotos. A la derecha están mi madre y Prim riéndose y a la izquierda, Gale. Y sonríe de verdad.

No hay nada en el mundo que pueda vencerme tan deprisa en estos momentos que esas tres caras. Después de lo que he oído esta tarde, es el arma perfecta.

Tu familia te necesita Katniss.

Mi familia. Mi madre, mi hermana y mi falso primo Gale. Sin embargo, la intención de Peeta es clara: que Gale es realmente mi familia o que lo será algún día, si vivo; que me casaré con él. Así que Peeta me entrega su vida y a Gale a la vez, para hacerme saber que no debo dudar nunca al respecto. Todo. Eso es lo que Peeta quiere que le quite.

Espero a que mencione al bebé, a que interprete para las cámaras pero no lo hace y por eso sé que nada de lo que ha dicho es parte de los juegos, que me dice la verdad sobre lo que siente.

En realidad a mi no me necesita nadie. – afirma aunque sin compadecerse. Es cierto que su familia no lo necesita. Llorarán por él, igual que unos cuantos amigos y después seguirán adelante. Incluso Haymitch, con la ayuda de un buen montón se licor blanco, seguirá adelante. Me doy cuenta de que solo una persona quedará herida sin remedio si Peeta muere: Yo.

(Entonces porque pensó que no podía regresar al 12 sin él porque nadie le perdonaría nunca?).

Yo – respondo. – Yo te necesito. El parece enfadado y respira hondo, como si fuese a empezar un largo discurso y eso no está bien, no está nada bien, porque empezará a hablar sobre Prim, sobre mi madre y todo lo demás y me confundirá. Así que, antes de que pueda hablar, lo silencio con un beso.

Vuelvo a sentir lo mismo, lo que solo había sentido en una ocasión, en la cueva, el año pasado, cuando intentaba que Haymitch nos enviase comida. He besado a Peeta unas mil veces, tanto en los juegos como después, pero solo hubo un beso que despertase un cosquilleo en mi interior, solo un beso que me hiciera desear mas. Sin embargo, la herida de la cabeza empezó a sangran y él me obligó a tumbarme.

Esta vez no hay nada que nos interrumpa, salvo nosotros mismos. Y después de unos cuantos intentos, Peeta se rinde y deja de hablar. La sensación de mi interior se hace más cálida, surge de mi pecho y se extiende por todo el cuerpo, por brazos y piernas hasta llegar a las puntas de los dedos. En vez de satisfacerme, los besos tienen el efecto contrario, aumentan la necesidad. Creía que era una experta en hambre, pero se trata de un hambre completamente distinta.

Lo que nos devuelve a la realidad es el primer rayo de la tormenta eléctrica (el rayo que golpea el árbol a medianoche). Tambien despierta a Finnick que se sienta de un grito. Veo que ha metido los dedos en la arena, como si quisiera asegurarse de que la pesadilla no era real.

No puedo seguir durmiendo. – dice. – uno de los dos debe descansar. – entonces parece darse cuenta de nuestras expresiones, de que estamos abrazados. – O los dos. Puedo vigilar solo.

Es demasiado peligroso. No estoy cansado. Acuéstate tu, Katniss.

No pongo pegas porque necesito dormir si quiero lograr mantenerlo con vida. Dejo que me guíe hasta donde están los demás; me cuelga la cadena con el medallón y pone la mano en el punto donde debería estar nuestro bebé.

Vas a ser una gran madre, sabes?. –

Su referencia al bebé me indica que ha acabado el recreo, que estamos de nuevo en los juegos. Que sabe que la audiencia se estará preguntando porqué no ha utilizado el argumento más persuasivo de su arsenal. Hay que manipular a los patrocinadores.

Aun así, mientras me estiro sobre la arena, me pregunto: podría ser algo más?. Un recordatorio de que algún día podré tener hijos con Gale?. Bueno, si es así, ha sido un error. Primero porque los niños nunca han formado parte de mi plan. Y segundo, porque, si solo uno de los dos puede ser padre, está muy claro que debería ser Peeta.

Empiezo a dormirme e intento imaginarme ese mundo, en algún momento del futuro, sin juegos, ni Capitolio. Un lugar como el prado de la canción que le canté a Rue mientras moría. Un lugar donde el hijo de Peeta esté a salvo.

Cuando me despierto, noto una breve y deliciosa sensación de felicidad que por algún motivo, tiene que ver con Peeta. La felicidad obviamente es algo del todo absurdo en estos momentos ya que, al ritmo que van las cosas, estaré muerta dentro de un día. Y eso sería el mejor de los casos, si logro eliminar al resto del campo, incluida yo, y hacer que coronen a Peeta vencedor del vasallaje de los veinticinco. En cualquier caso, la sensación es tan inesperada y dulce que me aferro a ella, aunque sea por unos instantes. Antes de que los granos de arena, el sol caliente y los picores de la piel me exijan que vuelva a la realidad.

Todos están en pie, contemplando la bajada de un paracaídas. Me uno a ellos para recibir otro lote de pan. Es idéntico al que recibimos anoche, veinticuatro bollitos del Distrito 3. Eso nos deja con treinta y tres en total. Elegimos cinco cada uno y dejamos ocho en reserva. Nadie lo dice, pero ocho se dividen perfectamente si muere uno más.

Prepararon un plan para sacarnos de la arena en cuanto se anunció el vasallaje. Los tributos vencedores de los distritos 3, 4, 6, 7, 8 y 11 lo conocían, cada uno en distinta medida. Plutarch Heavensbee forma parte desde hace varios años de un grupo secreto que pretende derrocar al Capitolio. Se aseguró de que el alambre estuviese entre las armas. Beetee estaba a cargo de abrir un agjero en el campo de fuerza. El pan que recibimos en la arena era un código para el momento de rescate. El distrito del que salía el pan, indicaba el día: Tres. El número de panecillos indicaba la hora: venticuatro. El aerodeslizador pertenece al Distrito 13. Bonnie y Twill, las mujeres del Distrito 8 que conocí en el bosque, tenían razón sobre su existencia y su capacidad de defensa. En estos momentos nos dirigimos dando un rodeo a ese distrito. Mientras tanto, casi todos los distritos de Panem están en plena rebelión a gran escala.

– Teníamos que salvarte porque tú eres el sinsajo, Katniss – me interrumpe Plutarch – Mientras sigas viva, la revolución continuará.

El pájaro, el broche, la canción, las bayas, el reloj, la galleta, el vestido en llamas. Yo soy el sinsajo. La que sobrevivió a pesar de los planes del Capitolio, el símbolo de la rebelión.

Es lo que sospeché en el bosque, cuando descubrí a Bonnie y Twil, aunque nunca comprendí bien la magnitud. Sin embargo, la idea era precisamente que no la entendiera. Me acuerdo de cómo se mofó Haymitch de mis planes para huir del Distrito 12, de iniciar mi propio levantamiento, incluso de la mera idea de que el Distrito 13 existiera. Subterfugios y engaños. Y, si pudo hacer eso detrás de esa máscara de sarcasmo y embriaguez, de una forma tan convincente y durante tanto tiempo, ¿en qué otras cosas me ha mentido?. Ya lo sé.

– Peeta. – susurro, notando que se me cae el alma a los pies.

– Los demás mantuvieron a Peeta con vida porque, si moría, sabíamos que no podríamos hacer que mantuvieses la alianza – dice Haymitch – y no podíamos arriesgarnos a dejarte sin protección. – Lo dice con naturalidad, sin cambiar de expresión, aunque no logra evitar un ligero tono gris en la cara.

– ¿Dónde está Peeta?. – siseo

– Lo sacó el capitolio, junto con Johanna y Enobaria – responde Haymitch y, por fin, tiene la decencia de bajar la mirada.

Técnicamente, no estoy armada, pero no se debe subestimar el potencial de unas uñas, sobre todo si el objetivo no está preparado.

Haymitch haciéndolo sangrar e hiriéndole un ojo. Después los dos nos gritamos cosas terribles, terribles de verdad. Finnick intenta apartarme a rastras y sé que Haymitch hace un gran esfuerzo por no arrancarme la piel a tiras, porque yo soy el sinsajo. Soy el sinsajo y ya es lo bastante difícil mantenerme con vida tal y como estoy.

Otras manos ayudan a Finnick y vuelvo a la camilla, con las muñecas atadas, así que golpeo la superficie con la cabeza, furiosa, una y otra vez. Alguien me pincha el brazo con una jeringuilla y me duele tanto la cabeza que dejo de luchar y me limito a gemir como un animal moribundo hasta quedarme sin voz.

La medicina me seda pero no me duerme, me quedo atrapada en un sufrimiento confunso y doloroso durante un tiempo que me parece eterno. Me vuelven a introducir los tubos y me hablan con voces tranquilizadoras que no llegan a mí. Solo puedo pensar en Peeta tumbado en una mesa similar en alguna parte, torturado para sacarle una información que no tiene.

– Katniss, Katniss, lo siento. – oigo decir a Finnick desde la cama de al lado, aunque no estoy del todo consciente. Quizá sea porque sufrimos un dolor parecido. – Quería volver a por él y por Johanna, pero no podía moverme.

No respondo. Las buenas intenciones de Finnick Odair no significan nada para mí.

– ¿De cebo?. – le pregunto al techo. – lo usarán de cebo igual que a Annie, ¿Finick?.

Lo oigo llograr, pero no me importa. Seguramente a ella ni siquiera se molestarán en interrogarla, porque está idea del todo. Se prdió hace años, en sus juegos, y existe la posibilidad de que yo vaya en la misma dirección. Quizá esté ya volviéndome loca y nadie ha tenido el valor de decírmelo. La verdad es que me siento bastante loca.

– Ojalá estuviese muerta. – dice. – Ojalá estuviesen todos muertos y nosotros también. Sería lo mejor.

Bueno, no hay una respuesta apropiada a eso. No puedo rebatírselo, ya que yo estaba por ahí andando con una jeringuilla pensando en matar a Peeta cuando los encontré. ¿De verdad quiero que muera?. Lo que quiero… lo que quiero es que vuelva, pero esa ya no pasará. Aunque las fuerzas rebeldes logren derribar al Capitolio, seguro que el acto final del Presidente Snow sería cortarle el cuello a Peeta. No, no volverá nunca, así que es mejor que muera.

Sin embargo, ¿sabrá eso Peeta o seguirá luchando?. Es fuerte y sabe mentir muy bien. ¿Creerá que tiene una oportunidad de sobrevivir?. ¿Le importará?. De todos modos, eso no entraba en sus planes, ya había renunciado a su vida. Quizá, si sabe que me rescataron, incluso esté contento. Sentirá que ha cumplido su misión de mantenerme viva.

Creo que lo odio todavía más que a Haymitch.

Me rindo. Dejo de hablar de responder, de comer y beber. Pueden meterme lo que quieran por el brazo, pero hace falta más que eso para mantener con vida a una persona que ha perdido las ganas de vivir.

Incluso se me ocurre la extraña idea de que, si muero quizá Peeta pueda vivir. No en libertad, sino como avox o algo, de criado de los futuros tributos del Distrito 12. Después puede que encuentre una forma de escapar. De hecho, mi muerte todavía podría salvarlo.

Si no es así, da igual, me basta con morir por despecho, por castigar a Haymitch; precisamente él entre todas las personas de este mundo podrido ha sido el que nos ha convertido a Peeta y a mí en piezas de los Juegos. Confiaba en él. Puse en sus manos todo lo que me importaba y el me ha traicionado.

Hasta que, una vez, abro los ojos y encuentro a alguien de quien no puedo huir, alguien que no suplicará, ni explicará, ni pensará que puede hacerme cambiar de idea con ruegos, porque él es el único que sabe cómo funciono.

– Gale – sucurro.

– Hola Catnip. – dice, apartándome un mechón de pelo de los ojos. Se ha quemado un lado de la cara hace muy poco. Lleva el brazo en cabestrillo y veo vendas bajo la camisa de minero.

¿Qué le ha pasado?. ¿Cómo ha llegado aquí?. Algo terrible ha sucedido en casa.

No es tanto cuestión de olvidar a Peeta como de recordar  los otros. Solo me hace falta mirar a Gale para que todos vuelvan a mi presente y exijan que les haga caso.

– ¿Prim?. – pregunto con voz ahogada.

– Está viva y tu madre también. Las saqué a tiempo. –

¿No están en el Distrito 12?. – Repito, como si decirlo me protegiera de la verdad.

– Katniss – dice Gale en voz baja.

Reconozco esa voz, es la misma que utiliza para acercarse a los animales heridos antes de darles el golpe de gracia. Levanto la mano instintivamente para no oír sus palabras, pero él la intercepta y la sujeta con fuerza.

– No. – susurro.

Pero Gale no es de los que me ocultan las cosas.

– Katniss, el Distrito 12 ya no existe. –

***

Ya veremos que de todo esto sale en la película. El análisis obviamente contendrá SPOILERS.

¡NOS VEMOS DESPUÉS DEL ESTRENO!. 

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2 pensamientos en ““En llamas: Expectativas 2013”. Resumen de escenas “importantes” del 2do. libro de la saga Los Juegos del Hambre. Spoilers.”

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