FANFIC. Capítulo 18. Mielitrra y Hérios.

– ¿Quién eres? –

– Un hada. –

– ¿Quién?, no ¿qué eres?. Ya sé que eres un hada. –

– Soy Mielitrra. Hija de Bo…-

– Pregunté tu nombre, no tu descendencia. –

– Disculpe usted, señora…-

– Si te limitas a responder, concisamente, ambas ahorraremos tiempo. ¿Qué deseas? –

– Irme. –

– ¿Porqué?. –

– Deseo encontrar a una amiga…-

– ¿Porqué?, no ¿para qué?…-

– Oh, lo siento. Estoy muy nerviosa. Me siento muy triste y además, inútil, no tengo nada que hacer. –

– En una comunidad mágica como ésta, ¿no tienes nada que hacer? –

– Lo siento, señora. Me expresé mal. Quiero decir, nada que me llene el corazón. Compartía mi vida con mi mejor amiga y ahora, ella no está, se ha ido y yo quiero ir con ella. Quiero que las cosas sean como antes. –

– ¿Porqué quieres estar con alguien que no te aprecia?. Te dejó… ¿no? –

– Ella… bueno, ella si quería llevarme, pero no la dejaron. La obligaron a irse sin mí. –

– ¿Quiénes? –

– Sus padres. –

– Y consideras que los padres de tu amiga están equivocados en su decisión… – el hada se sintió incómoda porque la bruja no formulara la frase a manera de pregunta, sino de aseveración…

– Más que equivocados, ignorantes. Ellos no saben de nuestra amistad, no entienden… –

Usualmente, la comunicación con los seres mágicos era más fluida, dado que se comunicaban sus espíritus más que sus mentes y era fácil saber que sentía el otro, pero en este caso, ni siquiera las palabras dieron muchos progresos. La información recabada no le daba muchas luces acerca de su petición (cosa que no ocurría muy a menudo) ni el porqué sentía que debía pedirle permiso, ya que cualquier habitante del lugar, podía irse con sólo expresar su deseo, o bueno, más o menos.

– Está bien, explícate. – anunció Lucianna, recostándose en su asiento, en señal de que pretendía dedicar toda su atención al relato del hada.

– Nací hace una década, justo al lado del manglar en el que ahora está la casa de los Stevens… o la que era la casa de los Stevens…

Cuando el señorito Olger y la señorita Ishlem decidieron casarse, usaron mi casa para construir la suya. La verdad, fueron muy respetuosos y mi casa los autorizó con mi venia para que usaran lo que necesitaban. Tiempo después, nació Morita, una hermosa niña, la más hermosa de las niñas humanas que he conocido jamás. Desde entonces, ella y yo hemos sido las mejores amigas. Ella sabe hablar en nuestro idioma antiguo, ¡es muy lista!. Siempre hemos estado juntas y hemos sido muy felices, sin embargo, hace poco, el señor Olger anunció que se marchaban porque tenía mucha curiosidad de conocer el pueblo donde había ido a vivir su hermano Ogler. Decidieron hacerlo y según lo que contaban a los vecinos, regresarían pronto. Pero yo escuché a Olger hablar con Bruno, el carnicero y decirle que le cedía todas sus cabezas de ganado ¡porque no regresarían jamás!, asustados como estaban por un licántropo que rondaba el pueblo y que ya había matado a varias de sus reses dado que no estaban seguros de que realmente, ustedes hubiesen tomado medidas para protegerlos.

– ¡Claro-que-tomamos-medidas! – siseó Lucianna – Ordenamos expresamente que todos se quedaran en sus casas hasta que regresáramos. –

– ¡Se lo dije a Morita!, pero no sé porqué, de un momento a otro no me entiende muy bien y eso que usé también el idioma humano. Llegado el día, cerraron la casa y emprendieron el camino. Morita lloró y lloró. Intenté darles alcance, ¡pero no pude salir de la casa!. Desde entonces, ¡estoy sola!.

Días después, llegó un chico y se escondió en nuestra casa sin pedir permiso. La casa no sintió peligro, pero si, mucho dolor. Ambas decidimos que esperaríamos allí hasta que se fuera, pero pasaron varios días y el chico no se movía del rincón en el que se había acurrucado. No comía, no bebía, sólo lloraba. Entonces me acerqué y le pregunté qué le pasaba y me llevé un susto de muerte. Estaba terriblemente herido. Su carita estaba muy magullada y tenía cortes espantosos en el cuerpo, ¡qué digo cortes!, prácticamente todo su cuerpo estaba desfigurado, como si un enorme animal, de grandes garras, lo hubiera atacado…y de hecho, creo que así fue, porque olía a animal…olía a lobo. Claro, ya no…le ayudamos con sus heridas y poco a poco fue sanando, aunque a veces, creo que se escapa, porque regresa igual de herido. –

– ¿Como qué edad le calculas al chico? – preguntó Lucianna con el ceño ligeramente fruncido.

– Es un bebé humano, aunque un poco grande. No tengo idea de cómo llegó allí, es muy pequeño para caminar, ni siquiera para arrastrase como lo hacía Morita antes de alzarse sobre sus dos piernas. –

– ¿Dónde está?. –

– Afuera. Le pedí que me trajera. Hoy está bien, aunque hay noches en las que se acurruca en un rincón y no se mueve para nada, pero por lo menos, ya no se escapa, porque ya no regresa tan maltratado, más bien, se ha vuelto muy receloso y no le gusta salir, pero le expliqué que esto era importante para mí y que podría acompañarme, claro, si usted nos lo permite, así es que aceptó sacarme de casa. Vine aquí en el interior del bolsillo de su chaqueta. Bueno, algo parecido a un bolsillo. Traté de recomponer su ropa – por ahora está usando algunas piezas de Morita – pero no sabe como la vuelve mientras tiene sus… pesadillas… –

– ¿Porqué pides mi consentimiento?. – la interrumpió Lucianna, ya tenía suficiente información y creía saber por donde venía el asunto.

– No regresaremos y deseo…mantener…que mantengamos…nuestras memorias…al irnos. Sin ellas, no podré encontrar a Morita… y él tampoco podrá encontrar a sus padres…aunque le he explicado que probablemente estén muertos, que la cosa que lo atacó, probablemente los haya matado… Creo que lo entiende… ya habrá… –

– Llámalo. –

El hada obedeció y ambas vieron aparecer al chico que muchos llevaban algún tiempo buscando. Con los dos observándola, expectantes, se dispuso a dar las “noticias”, pero, en el preciso momento en el que sus ojos se encontraron con los del chico, éste se le abalanzó, gruñendo. El hada lo observó, estupefacta, pero sólo por unos segundos. Inmediatamente, se puso en medio de ambos y le gritó al chico, desesperada, que se detuviera, horrorizada al pensar en las consecuencias de un acto tan “impropio” por decir lo menos.

Esa noche, específicamente, estaba muy iluminada por la luna y ésta, dio paso a la transformación.

– Hérios, así te llamaré. – dispuso Lucianna, pensando que sería un muy buen nombre para él, mientras colocaba un escudo que lo mantuviera encerrado.

La transformación concluyó y el hada, boquiabierta, observó por primera vez, al ser con el que había convivido los últimos tiempos.

– Tengo algo que contarles. Creo – dijo mirando al hada – que estarás mejor sobre una superficie. –

– Pero qué…- gritó azorado Lucca al entrar en la habitación como una tromba, luego de haber escuchado el alboroto que formó Hérios, pero calló a media frase, al ver en la mente de su hermana lo que acontecía.

Gentilmente, Lucca puso su mano debajo del hada que, pasmada, observaba a Lucianna con ojos desmesuradamente abiertos, mientras ésta le mostraba lo ocurrido en los últimos cien años.

– No puede ser posible…- susurró Mielitrra.

– Lo es. Tienes más de cien, no diez años. Has estado encerrada en tu casa junto a Hérios, desde el mismo día del ataque que sufrió su familia en manos de Bulkras, un maldito licántropo exiliado que logró entrar en nuestras tierras porque estaba siendo cazado y la tierra percibió su angustia. Es uno de los nuestros, o lo era. Hizo muchos estragos en apenas un par de horas que estuvo. Era completamente salvaje. Llegamos tarde, por primera y última vez. Nunca más hemos salido los tres juntos de estas tierras. Nos encargamos de Bulkras y luego pedimos a las hadas que le dieran un nuevo hogar a la familia que había sido asesinada. Nos marchamos a casa. El ataque a la familia de Morita nos había dejado en shock por…

Mielitrra vio que Lucianna estaba visiblemente afectada, pero la sensación duró un instante, inmediatamente, Lucianna continúo con su relato.

– Fue tu madre, quien mientras cubría los cuerpos de flores y verde pasto, se dio cuenta de que dentro de la humana había un ser que pugnaba por salir. Esperó a ver que acontecía hasta que vio salir de las entrañas de la mujer al chico que hoy nos acompaña. Estuvo encerrado en el cuerpo de su madre el tiempo suficiente para que la sangre de Bulkras lo hiciera partícipe de su poder. Lo demás ha corrido por cuenta tuya.

Debería ser ya un adulto y debería ser muy peligroso, por eso se le ha buscado por tanto tiempo y ahora sé porque no se le ha encontrado. Por tu expresión, creo que es la primera vez que se transforma completamente. Supongo que ha cambiado tan poco porque tu magia y la de tu casa, han mantenido “casi” en suspenso sus vidas a la espera de Morita. Tu corazón esperaba que volviera y has mantenido la casa tal cual ella la dejó, pero…no volverá.

El hada miraba a Hérios y a Lucianna con tal desconcierto, con tanto dolor en sus hermosos ojos avellana, que Lucca movió la mano en la que la sostenía y con un cuidado infinito, la colocó sobre su hombro. Dirigió una mirada a Lucianna y le preguntó mentalmente qué harían, refiriéndose tanto al cachorro como al hada, mientras Mielitrra visualizaba introspectivamente, la habitación de Morita, todas sus muñecas, su juego de té, los lápices de colores con los que la niña le hacía hermosos dibujos que luego ella encantaba para deleite de la niña… No podía creer que no estuviera… Tanto tiempo esperando… Tanto tiempo añorando verla… escuchar su risa burbujeante… y ya no estaba…había muerto sola…desgarrada a manos de un licántropo…

– No te atormentes Mielitrra. La cuidaste bien y has cuidado bien de su hermano. Eres una gran hada. Vale más que recuerdes todo aquello que viviste y que fue hermoso. Lo demás, no es necesario. – dijo Lucca interrumpiendo el hilo de pensamientos del hada, tanto por conmiseración, como por que el hada jugaría un papel muy importante en el cuidado de Hérios y también porque un hada triste… es muy peligrosa. Su tristeza irremediablemente terminaba en odio y el odio las corrompe y de ser seres mágicos maravillosos, pasan a ser seres letales… fuera de sí.

– Creo que Hérios estaría muy bien en el Bosque Prohibido. Es muy amplio y no habrá nadie allí que le juzgue por lo que es. –

– Y ¿crees que sería bueno dejarlo… solo? –

– No estará solo. Yo estaré con él. – afirmó enfáticamente Mielitrra, mientras se acercaba a la cabeza de Hérios y con su poder, lo cubría como con un abrazo. – Es lo único que me queda… –

– Tu familia sigue en el bosque, Mielitrra. Se alegrarán de verte…-

– Nadie me buscó en un siglo. – dijo el hada con pesar que se convirtió en altivez, pasado un segundo. – No necesito más para saber que este niño es lo único que me queda. –

– Aunque suene a excusa, Mielitrra, debes tomar en cuenta que para los de tu raza, un siglo no es mucho tiempo… Además, estoy segura que tu madre guió a Hérios hasta ti para bendecirte con una responsabilidad, eso indica, más que nada, que te ama. Lo sabes. Jamás hubiera depositado en ti semejante responsabilidad, si no te amara y te considerara apta. –

Mielitrra sopesó las palabras de la bruja y su rostro paulatinamente fue llenándose de ternura.

– Me iré con Hérios, pero antes, iré a saludar a los míos. ¿Podrían cuidarlo mientras regreso? –

– Será un placer. –

Varios días después (las fiestas de bienvenida de las hadas son extensísimas, máxime si se les junta con una de despedida…) Mielitrra y Hérios, estaban preparados para iniciar su viaje hacia el Bosque Prohibido. Gracias a la intervención de Lucianna, llegaron en un abrir y cerrar de ojos, pero un tanto indispuestos, sobre todo Mielitrra, a quien Lucianna tuvo que encerrar en una esfera, muy poderosa, para que la magia utilizada en el viaje, no le afectara, aún así, el encierro la indispuso (Si saben que lo están, las hadas se desesperan encerradas y el efecto es físico…algunas llegan a desmayarse…incluso, pueden morir).

– Siento mucho el inconveniente, pero era la forma más rápida de llegar. –

– No pasa nada…en un santiamén estaré bien. – dijo Mielitrra tratando de controlar las arcadas.

– Hérios, hay muchas cosas que tendrás que aprender y muchos que podrán y querrán servirte de ejemplo o de maestros, sin embargo, la mayoría de los que están… –

Una luz deslumbrante, los iluminó y todos prestaron atención a lo que acontecía a varios metros de distancia. Lucianna se sorprendió de ver a tan tempranas horas de la mañana a un chico del colegio de Magia que estaba en las lindes del Bosque. Pensó que éste era demasiado pequeño para andar a solas por el bosque, sin embargo, el comportamiento del chico le hizo saber que él, sería un excelente ejemplo a seguir.

A manera de protección, Hérios se había adelantado al oler al humano que se acercaba, sin embargo, donde estaba la persona que olió y vio hacía un segundo (no pudo haber sido más tiempo), había ahora un gran lobo negro que le observaba con cautela y que no olía a humano. Hérios se volvió hacia Lucianna y preguntó con la mirada qué hacer. Impávida, Lucianna habló tranquilamente.

– ¿Ejercicios matinales? –

El lobo entrecerró los ojos y luego de evaluar a su interlocutora, tomó nuevamente su forma humana.

– Podría decirse. Lamento haberlos molestado. –

– No tienes porqué, somos nosotros quienes hemos interrumpido. –

– Mi nombre es Severus Snape. – se presentó amablemente.

– Yo soy Lucianna, ella es Mielitrra y él, Hérios. Mielitrra y Hérios han venido desde muy lejos a vivir en este bosque. –

– ¡Bienvenidos!. Será un placer hacerles compañía mientras se adaptan a su nuevo hogar, sin embargo, he de advertirles, que a veces mi comportamiento podría ser… diferente, razón por la cual me interno en el bosque. En esos momentos, es preferible que se mantengan a una distancia prudencial. No obstante, dada su llegada, buscaré la manera de acercarme sin que esto comprometa su seguridad. También vendré con mis amigos, si les parece bien. –

– Muchas gracias, como podrás ver, también nosotros somos…diferentes. ¿Compartes con tus amigos tus…cualidades? –

– Si. ¿Puedo hacerles una pregunta?. Aclaro previamente, que no es mi intención ofenderles. –

– Por supuesto. – Dijeron Mielitrra y Lucianna. Hérios, se conformó con asentir.

– En mi colegio hay un chico que es… licántropo, pero, pese a las igualdades, hay ciertos detallas que percibo diferentes en ti. – dijo Severus observando directamente a Hérios.

– Probablemente, ese chico habrá sido “mordido”. Hérios estuvo en el vientre de su madre cuando ésta fue atacada, por lo que llegó a absorber la… “magia” del licántropo de la sangre de su madre…no del licántropo directamente. Eso, probablemente, hará alguna diferencia, pero como sabrás, hasta la fecha, no hay ninguno más como él. Si son “esperados”, las crías no han terminado de nacer…cuando… – Severus sintió en su mente el final de la frase: son asesinadas…

– Siento mucho lo de tu madre, Hérios. – el chico asintió con bríos, sus ojos rebosantes de lágrimas.

– Gracias. – contestó Mielitrra, más para enseñarle la fórmula de cortesía que por otra cosa. Tenía muy presente que su amigo era un cachorro, tanto humano como licántropo.

– ¿Sabes?. El chico del que te hablo, quiere dejar de ser lo que es. No creo que sea lo correcto, más bien, creo que debería aprender a vivir con ello, aún así, estoy preparando una poción, es para los “síntomas”. Quizás podrías ayudarme…-

– Será un placer para nosotros ayudarte. – intervino Mielitrra, dando a entender que Hérios no estaba solo.

– Magnífico. Creo que podremos estar juntos más tiempo del que pensaba. Ha sido una mañana muy…tranquila y creo que se debe a ustedes.-

– Me alegro, pero no te confíes. “Sigue aquí”…-

Severus frunció el ceño y trató de conectarse con la bruja para “ver” qué sentía o veía, ya que él mismo no sentía la presencia que lo acompañaba todas las madrugadas. Lucianna negó con la cabeza, sin embargo, le sonrió.

– Fue un placer conocerte, Severus. –

– Lo mismo digo, Lucianna. –

– Mielitrra, si necesitas decirme algo, contacta a Severus, él sabrá encontrarme. –

– Gracias…Se…- respondió Mielitrra de repente cohibida y un tanto asustada ante el porvenir que se abría ante ella.

– “Lucianna”, Mielitrra. A estas alturas, las formalidades sobran entre nosotros.

– Gracias “Lucianna”…- dijo el hada sonriendo alegremente.

– Debo irme. Tengo clases. – se escuchó un ligero chasqueo y apareció un ser al lado de Severus, que Mielitrra y Hérios nunca habían visto. – Este es Dobby. Puede ayudarles con lo que necesiten. Yo volveré esta noche. Hasta luego. –

Se escuchó a lo lejos un chillido y luego una risa. Al parecer, el cachorro Hérios, estaba en toda la disposición de pasar jugando las primeras horas de su estancia en el Bosque Prohibido y Severus sonrió de buen humor, por primera vez en muchos días.

***

Pese al buen humor de Severus, en el colegio, las cosas no iban tan bien…

– ¿Qué tienes? – Preguntó Lucius a Lily pero no recibió respuesta – Vaya, ¿estamos de malas pulgas hoy?. – Lily siguió sin responder. – Tiene cosas que hacer, Lily. Lo sabes. – Recibió por respuesta una mirada furibunda – No preciosa, no me mal interpretes. En su lugar, yo estaría contigo, pero…entiendo que hay cosas que uno debe hacer…sólo. –

– Para Cissy resultaría doloroso saber de tus andanzas. Tiene miedo de preguntar y de saber, Luc. No-es-mi-caso. –

– Te agradecería que no me llamaras así. –

Un enorme bollo de pan recién echo, apareció en la boca de Lily casi atragantándola para impedir que soltara lo que Lucius se imaginó que venía. Se acercaban “moros a la costa” y cuando Lily estaba de ese talante se iba de la lengua. No podía culparla, Severus estaba muy extraño. Había supuesto que la visita de Eileen mejoraría la situación, pero no, la distancia interpuesta por Severus con el grupo, era desconcertante. Incluso pensó que podría ser Draconus de nuevo, pero, inmediatamente se contradijo pensando que Severus no sería capaz de dejarlos a un lado de ser así. Fuera cual fuera la situación, sólo podían esperar.

Los primeros días, Lily se lo tomó ignorándolo, pero las ansias de saber dónde y qué estaba haciendo Severus, la tenían cada vez más fuera de sí. Severus por su parte, aparentaba que todo estaba bien. No estaba por las mañanas, pero iba a tiempo a sus primeras clases y de allí, pasaban juntos el resto del día, como siempre, con la excepción de que sus conversaciones “no verbales” habían quedado en el pasado.

Llevaban unos diez minutos en el comedor cuando Severus apareció, un poco más tranquilo de lo normal. Al parecer, había terminado temprano lo que sea que hubiera estado haciendo. Al verlo, Lily se transformó en una preciosa muñequita de excelentes modales y trato amable y cariñoso.

– ¡Mujeres!. A mí me das la lata y ahora lo recibes con flores. –

– Para algo debes servir, “querido”. – murmuró Lily entre dientes.

Al día siguiente, hubo más cambios. Desde que se ausentara por las mañanas, Severus dejaba en la sala común, una rosa para Lily y allí estaba una, del mismo color, en el mismo lugar, pero era “diferente”. Lucius frunció el ceño y Cissy, Orel y Rosselyn, se miraron los unos a los otros, evaluando la situación. A pesar de ser un gesto romántico, el asunto de la rosa no era solamente eso, sino una señal para que supieran que todo estaba bien. No hubo indicaciones de por medio, simplemente, sabían que era así. El cambio de la rosa, ¿indicaba lo contrario?.

Al ver el desconcierto de los chicos, Dobby se dejó ver y les preguntó si la rosa no era de su agrado. Rosselyn le respondió que era muy hermosa y con un “gracias” lo despidió. Dobby asintió preocupado y se fue.

– Vamos. – dijo Lucius, tratando de buscar a Severus mentalmente, sin éxito.

Por un momento pensó que estaba con Lily, pero ella estaba sola en el comedor y cuando ella los vio llegar, sin rosa y sin Severus, se levantó y caminó derechito hacia ellos. Lucius la interceptó enganchando su brazo izquierdo con el derecho de ella. Lily, le lanzó una mirada furiosa y éste le respondió negando con la cabeza en una señal de advertencia que nadie más habría podido notar de tan suave que fue. La tomó entonces de la mano, casi a rastras, hasta la mesa de Slytherine.

– ¡Suéltala Malfoy! – gritó James desde la mesa de Gryffindor, secundado por Sirius, quien estaba a su lado, varita en ristre, igual que James. – ¡Ahora!. –

Lucius no lo miró, pero su expresión era como si una cosa biscosa especialmente asquerosa, lo hubiese salpicado. Apretó más la mano de Lily y esta vez, ella se dejó conducir sin oponer resistencia, pero sus ojos estaban brillantes y eso fue suficiente para hacer que James y Sirius se lanzaran al ataque con un par de hechizos que no rozaron siquiera a Lucius, pero que armaron mucho barullo. Un segundo después, lo chicos estaban desarmados y Albus Dumbledore los observaba furioso.

– Están-en-detención. – al ver las idénticas sonrisitas de suficiencia que se les escaparon a los chicos, imaginándose seguramente todo lo que se divertirían con el “castigo”, añadió severamente: – Conmigo. – Esto borró cualquier expresión ufana de sus rostros.

Lily clavó los ojos en su plato al llegar a la mesa de Slythernie y no dijo nada. Luchaba por no llorar, pero se sentía completamente perdida. Jamás habían estado emocionalmente distanciados desde que se conocieran y el no saber qué ocurría con Severus, le pesaba en el alma y el corazón. Todos comieron en silencio, respetando el estado de ánimo de Lily y el humor asesino de Lucius.

En la biblioteca, la encargada lo observaba fijamente y él lo sabía, pero decidió ignorarla. Se llevaban muy bien con ella y no necesitaban permisos especiales para entrar a la sección prohibida, que era donde se encontraba, porque, conociéndolos, ella no tenía reparos en prestarles los libros, aunque los libros que consultaban fueran muy avanzados, incluso para algunos profesores, pero ese día, Severus, veía sin ver el libro que la bibliotecaria le había prestado. Esa mañana no se había sentido “impulsado” a ir al Bosque, pero fue muy temprano, sólo para cerciorarse de que Mielitrra y Hérios estuviesen a gusto. Regresó casi inmediatamente y como se sentía bastante “despierto”, decidió retomar la fórmula en la que estaba trabajando, mientras sus compañeros se levantaban, pero seguía sin poder concentrarse. Primero intentó enfocar el porqué de la falta de interés en algo que le apasionaba, luego, el porqué de la falta de disciplina y poco a poco, su mente se perdió en mil y un temas de lo más intrascendente hasta que se percató y se puso de muy mal humor, tal como sucedía con todo aquello que no podía controlar.

Probablemente estaría más disgustado, insoportable incluso para sí mismo, pero la nubla que se había estancado en su cabeza, no le permitía ver nada más. El hueco que silbaba en su mente, empezó a abarcar su cuerpo y fue entonces que sintió el cansancio de las pasadas dos semanas, pero era más agotamiento mental que físico lo que sentía.

– Si me dices de qué se trata, podría ayudarte Severus. No tienes porqué saberlo todo, ¿sabes?. Además, puede ser que lo que buscas no esté aquí. Hay cosas que sólo la edad y la experiencia te pueden enseñar…- dijo suavemente la Srta. Pringley con un brillo divertido en los ojos.

Severus observó a la bibliotecaria, una señora bastante joven tomando en cuenta la edad promedio de los magos y brujas adultos, que poseía un gran acervo cultural y que además era muy divertida, lo que la hacía una mujer muy interesante, pese a la opinión general del alumnado, quienes la veían como un viejo buitre. Ellos también, al principio, pero habían cambiado de opinión desde que la encontraron esperándolos una noche en la sección prohibida y les ofreció unos pasteles maravillos y una deliciosísima leche con chocolate (receta personal), todo esto dispuesto al lado de una mesita que contenía dos tomos de los libros, que según les anunció sin mayor preámbulo, serían los que verían esa noche.

– ¿Cómo sabía usted que vendríamos? – le preguntaron.

– Vienen todas las noches, ¿no? –

– Sí, pero “nadie” lo sabe. –

Ella hizo un movimiento instantáneo, a penas elevó la mirada por un segundo y volvió sus ojos a los de Lucius, sonriente. Severus realizó nuevamente el hechizo que utilizaban para revelar la presencia de los humanos y luego la de los fantasmas, pero no ocurrió nada, allí estaban ellos solamente. No obstante, Roselynn fijó la mirada en el techo y a su vez, todos los demás lo hicieron y prestaron más atención a un par de “gárgolas” cuyos ojos de piedra los miraban atentamente.

– No hay seres más leales y amorosos, aunque todo el mundo les tema…-

La única que se permitió abrir la boca dado el estupor que la embargaba, fue Lily y fue ella también la que preguntó sin más: – ¿Pueden vernos ahora? – a lo que la Sra. Pringley dijo, son de piedra niña, pero ven y escuchan todo. Es una pena que no todas pueden hablar… Esa fue la última vez que buscaron solamente presencias humanas o de fantasmas al entrar en algún lugar. El recuerdo hizo que Severus aceptara que, ciertamente, ella tenía razón. La experiencia daba mucha sabiduría y por eso les gustaba estar con personas mayores, entre otras cosas, pero ese día específicamente, no tenía nada inteligente que preguntar. Se removió en su asiento y se percató de que parte de su anatomía seguía fuera de control. En las últimas semanas, además de su mente, había algo más que no había descansado, cosa que empezaba a pasar de “incómoda” a “dolorosa”.

Sabía lo que tenía que hacer, aunque no le apeteciera, miró hacia el exterior y se dispuso a poner orden a su mesa antes de partir.

– Ve, yo me encargo de esto. – dijo sonriendo la Srta. Pringley, interpretando correctamente el brillo de la mirada de Severus.

Corrió a la lechucería y luego de asegurarse de que nadie le observaba, se transformó en “Harry” y emprendió el vuelo rumbo a su casa. No había cruzado las lindes del Bosque Prohibido, cuando regresó al castillo, sintiéndose francamente disgustado consigo mismo. Su buen juicio era indiscutible, pero, en ese momento, debería hacerle una cruciatus por pasarse de tonto. No podía creer que en tan poco tiempo, hubiera metido la pata tantas veces. ¿Cómo podría habérsele ocurrido pensar que él y sus amigos se estaban saltando las inconsistencias de la vida de un pre-adolescente (adolescentes, en el caso de Lucius y Cissy), cuando el mismo hacía tantas barbaridades juntas?.

Previo a ese día, no hubiera aceptado lo anterior, aún cuando su vida hubiera dependido de ello, pero ahora lo veía perfectamente normal. Su estupidez lo gritaba a los cuatro vientos. ¡Tanto que fastidiaba a los demás con que sólo había que pensar un poco antes de hacer las cosas y allí estaba él, completamente agotado y emprendiendo un viaje que podría resultar fatal en esas condiciones, sólo y sin avisar a nadie. Seguramente, sus amigos lo matarían al verlo. Y qué decir de Lily. Seguramente se habría desquiciado al darse cuenta de que no había dejado la rosa, ella lo mataría otra vez. ¡Pero que torpeza!. No se podía reconocer a sí mismo. No obstante, estaba ahora completamente relajado tanto mental como físicamente.

Se dirigió a la sala común de su casa, a sabiendas de que sus amigos estarían allí, ya que tenían las dos primeras horas libres. Abrió la puerta del retrato y no perdió la sonrisa aún cuando se vio catapultado hacia atrás hasta estrellarse en un cuadro, colgado de la pared de piedra, que empezó a gritarle improperios por su “ataque”.

– Lily. – pensó.

Calculó mentalmente cuántas costillas rotas tenia, pero no hizo nada por curarse, se lo merecía. Se levantó con esfuerzo y dio un paso hacia delante mirándola fijamente, de pie, franqueando la entrada a la sala común, varita en ristre, con los ojos centelleantes. Lily temblaba tanto, por la ira que la embargaba, que su cabello rojo parecía flotar alrededor de su rostro. Sus ojos inyectados en sangre y su nariz enrojecida, le indicaron a Severus que había estado llorando… mucho.

Lily respiraba entrecortadamente. Sintió la presencia de Severus antes de que se abriera la entrada a la sala común y le lanzó un hechizo. Quería machacarlo aunque tuviera que pasarse todo el año curándolo y poco tuvo que pensar para saber que estrellarlo contra la pared de piedra, resultaría más o menos satisfactorio. Un instante después, estaba sin aliento. Al ver un hilito de sangre que se escapó por una de las comisuras de los labios de Severus se llevó las manos a la cara, asustada, tiró la varita y corrió hacia él. Ninguno de los que presenciaron el ataque intervino, más bien se dispersaron rápidamente ante la mirada amenazadora de Lucius. Lily lloraba a lágrima viva mientras abrazaba a Severus fuertemente por la cintura, haciéndole mucho daño – también tenía un pulmón perforado y le costaba horrores respirar –  pero él estaba entre enternecido y horrorizado por el sufrimiento que sentía en ella. Su dolor le dolía más que el propio.

– Vamos con Poppy – dijo Lucius, luego de tocar el hombro de Severus con lo que éste pudo respirar por fin. Severus asintió, aunque después negó cuando en la mente de Lucius apareció una camilla, antes de que éste la conjurara. – Espéranos aquí. – dijo suavemente a Lucius a Lily. Miró a Orel y éste la tomó de la mano llevándola hacia la sala común. Lily emitió un gritito ahogado, pero se dejó conducir. – No seas necio. De todas formas, todo el castillo se enterará en pocos segundos. –

– Cero y van dos. Se están pasando un poco, ¿no les parece? – dijo Poppy al recibirlos en la enfermería.

– A mi no me mires. –

– ¡Oooooh!… – exclamó la enfermera al ver en la mirada de Lucius, que no había sido una “práctica”. – Déjame adivinar: ¿Lily? – concluyó sonriendo abiertamente. – Pues te lo merecías, chico. Se lo has hecho pasar muy mal últimamente, pero tranquilo, quedarás como nuevo. –

No lo dudaba, Severus sabía que la enfermera era una experta en accidentes, aunque no en todos. Por más que la vida de alguien dependiera de ello, había cosas que ni sabía cómo, ni estaba dispuesta a hacer: Era una bruja con principios. Eileen fue con ella cuando los chicos decidieron empezar clases de duelo, aduciendo que ella no podría estar yendo al Castillo tantas veces. Poco les llevó convertirse en amigos, la enfermera ya no era tan huraña, pese a su triste historia, ahora estaba más contenta e incluso había entablado amistad con Eileen y Tobías, con quienes quedaba a menudo para tomar algo en Hogsmade o en casa de los Snape.

Lucius se limitó a guiñarle un ojo, mientras Severus gruñía al ser auscultado.

– Cuatro costillas, cráneo y dedo meñique derecho, rotos. Pulmón derecho perforado, esguince en pie derecho, mmmm, Muy bien, nada de cuidado. Vaya, me alegro que hayan aprendido la lección. Se pierde más tiempo enderezando lo que hacen que viniendo enseguida. –

Al terminar de curar a Severus con su varita y con un par de pociones, pidió a Lucius unos momentos para hablar a solas con Severus. Este, asintió y se sentó en la silla al lado de la cama y la enfermera corrió las cortinas y puso un “muffliato” (aprendido de ellos).

– Creo que eso (lanzó una mirada elocuente a la entrepierna de Severus) es un poco, digamos… molesto, como para andar por allí así. Tienes dos opciones: Hacerlo o no hacerlo. Obviamente, consideras que no están listos para la primera. Entonces, ten esto, te ayudará con los “síntomas”. Tómala cada vez que…pase. Llegado el momento, usa ésta otra. Si por alguna remota casualidad, llegaran a cambiar de pareja, habría que tomar medidas adicionales. Te dolerá la cabeza con ese golpe, puedes tomar un poquito de esto. No interfiere con las anteriores. Ahora, ya puedes irte. –

Severus estaba un poco incómodo pero confiaba en Poppy así que no fue para tanto, se lo tomó con ir al médico por algún malestar y ya.

– Sabes, me gustan más los consejos de Poppy que los tuyos – dijo medio en broma y medio en serio a Lucius. – que lo observó con una sonrisa deslumbrante.

– Y cuáles son los consejos de Lucius, a él le di los mismos que a ti. –

Severus abrió los ojos y pensó en las miles de duchas frías que había tomado desde hace días y su estupor hizo que Lucius largara una carcajada.

– Tranquilo amigo, eso fortalece el espíritu. – comentó sin dejar de reírse. – Además, Sev, jamás pensé que siguieras el consejo.

Cuando llegaron a la Sala común, Severus vio a Lily y notó que no había dejado de llorar en todo el rato. Estaba abrumada y avergonzada, tanto por el daño causado a Severus, como por haberlo defraudado: Se había dejado llevar (por la cólera) y eso para él, era imperdonable.

Levantó la vista al sentir que alguien entraba y vio repetirse la misma escena (Severus en la entrada de la sala común, sonriente). Sintió el mismo impulso de pulverizarlo, pero a la vez, una necesidad acuciante de poder abrazarlo. Clavó la mirada en sus manos mientras las estrujaba nerviosamente. No quería parecer vulnerable. Quería que Severus la tomara con ella y le hiciera tanto daño como ella a él. Se cerró completamente para tratar de tranquilizarse, pero por más “material” que pudiera percibirse la barrera que había puesto a su alrededor, Severus la deshizo con sólo acercarse. Se arrodilló frente a ella, abrió sus piernas suavemente para hacerse espacio y la abrazó fuertemente contra su pecho. Ella no pudo más y volvió a llorar desconsoladamente. Lo abrazó por el cuello y allí estuvo durante un buen rato.

Cuando Severus sintió que ella estaba más tranquila, se incorporó, la levantó de la silla y se la sentó en las piernas. Le acarició el cabello y dijo utilizando el antiguo método:

– Les debo una disculpa por mi comportamiento de los últimos días. Les aseguro que no la pasé mejor que ustedes. Tengo una…situación que resolver y un grave problema con reconocer que no lo sé y no lo puedo hacer todo yo sólo, aunque, creo que eso ya lo saben. Pero no más. Aprendí la lección. ¿Versión larga o corta? – les sonrió y se dijo que no les haría daño escuchar la versión larga.

El de hace dos semanas, no fue mi último encuentro con Draconus. Ha estado rondando. No físicamente, sino en mi mente. Sé que debí advertirles, pero pensé que podía manejarlo sólo. Nos hemos estado enfrentando, pero, ahora sé que no quiere matarme. A ninguno de nosotros. Está…adiestrándome o algo parecido, aunque no sé para qué. –

– ¿Pero como rayos sabes que no quiere matarte? – preguntó Lily, nerviosa ante la mención de las visitas de Draconus. – ¿Que no sabes para qué te quiere? – concluyó furiosa.

– Porque no lo hizo y créeme, Lily, he estado tan desconcentrado, que de haberlo querido hacer, le hubiera resultado muy fácil. Mi mente estaba obnubilada. –

– ¡¿Qué pasó?! –

Nadie podía dar crédito a lo que sintieron en ese momento. Tuvieron vistazos de lo acontecido desde dos puntos de vista: Desde dentro y desde fuera de Severus. Roselynn y Cissy adoptaron una postura recriminatoria, mientras que la de Orel fue condescendiente. Lucius a su vez, los retó con la mirada a abrir la boca y decir algo en contra, en una actitud muy paternalista.

– ¿Qué puedo decir?. Soy un pre-adolescente común y corriente. Hay muchas cosas que debo aprender todavía y ustedes también. Y no pasa nada si nos ayudamos en el proceso. Siento mucho no haberlos tomado en cuenta. Sé que he traicionado su confianza al no compartir con ustedes lo que estaba sucediendo. Debo decir en mi defensa, que ni siquiera busqué ayuda en mis padres y ya saben cuánto confío en ellos.

Desde que nací, sé más o menos cual es mi destino y me han preparado desde siempre para enfrentarlo, pero ahora sé que debo vivir el momento sin aplazarlo por vivir el futuro, porque sino, perderé ambos lapsos de mi vida. No debemos dejar de prestar atención a las cosas ordinarias, son esas cosas las que nos darán fuerzas cuando lo necesitemos.

Lily, te hice sufrir y ahora yo sufro más con tu dolor. Ahora sé que lastimar a quienes amamos, puede resultar además de doloroso para ambos, muy peligroso. Lo siento. Ojalá todos me disculpen. Me demostraron que cuando se ama, se es leal e incondicional y que sin importar cuán idiota pueda ser, siempre estarán conmigo. Lo aprecio mucho, amigos. Me demostraron incluso, que son capaces de perderse la oportunidad de reírse a mi costa, porque saben que no es el momento adecuado. Sonrió y todos con él.

Bueno, ya ven, hoy he aprendido mucho y espero que al compartirlo con ustedes, también les sea de provecho. Debemos mantener las alarmas puestas, pero no tenemos que vivir al límite siempre. Podemos… relajarnos un poco. Más sonrisas.

Severus levantó el “muffliato” y, por primera vez, todos “escucharon” el ruido que los rodeaba. Fue extraño, pero sonrieron y disfrutaron el ver y oír a sus compañeros, que por cierto estaban bastante inquietos. Se dieron cuenta que algo estaba sucediendo. Había muchos alumnos en la sala común que casi siempre estaba vacía. La mayoría escribía con expresión concentrada.

Orel, se volvió y preguntó amablemente a un chico que estaba cerca, cuál era el motivo de tanto revuelo y el chico, luego de pasar la impresión de su vida porque uno de los “vampiros” le hubiera hablado, dijo que se trataba del “concurso de pociones”. Envalentonado y seguro de que sería el tema de conversación por su osadía al “hablar” con “ese” grupo, extendió la volante que tenía en la mano – copia del original pegado en el tablón de anuncios – dispuesto a continuar, pero se dio cuenta de que no le prestaban atención, sino que lo observaban muy atentamente. Tragó saliva y salió corriendo hacia su habitación.

– ¿Escucharon algo de lo que dije antes? – se burló Severus ante la inocente mirada de sus compañeros.

– Claro que sí. Pero sigue siendo divertido ver como huyen pensando que vamos a chuparles la sangre. –

Lucius hizo levitar el tablón de anuncios hacia ellos y leyó en voz alta:

CONCURSO DE POCIONES

Si eres bueno en pociones, demuestra tu talento y gana fabulosos premios.
TODOS PUEDEN PARTICIPAR.

El concurso requerirá traslados fuera del colegio, por lo que se será necesaria la autorización por escrito del padre o tutor para poder inscribirse. Deben participar en grupos de 8 estudiantes, no importa si pertenecen a distintas casas. de la misma casa.

El premio para el grupo ganador será una excursión educativa:
A CUALQUIER DESTINO EN CUALQUIER TIEMPO, PRESENTE O PASADO.

Restricciones: Sólo se permite el uso de la disciplina: “Pociones”.

Organizador: Horace Slughorne.

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4 pensamientos en “FANFIC. Capítulo 18. Mielitrra y Hérios.”

  1. Pobre chico que piensan que le van a chupar la sangre…aunque yo no les temeria es mas me uniria a ellos adoro esas miradas asecinas que tienen, aparte de que soy una gran slytherin y si son vampiros pues son los mas guapos y atractivos que he visto je je je en fin me gusto solo que no entiendo la parte en la que Pompy habla con Sev, es decir a que te refieren con eso de la entre piernas y luego las recomendaciones explicame y otra cosa tu sabes que tipo de animago es Snape.

  2. Jejejeje, sip, yo también me dejaría morder… pero sólo de un Cullen XD, aunque me gustaría que mi “alma gemela” fuese “Lestat de Lioncourt”, mi vampiro preferido entre todos.

    En cuanto a lo otro, Severus estaba excitado. Quería hacer el amor con Lily pero pensaba que no estaban listos. Su cuerpo lo traicionaba y no le permitía concentrarse, por eso Draconus estaba tan intenso, masacrándolo en cada enfrentamiento, ya que pensaba que si Severus podía defenderse en esas condiciones, podría hacerlo en cualquier otra.

    Al auscultar a Severus, Poppy se dio cuenta y le dijo que o podían acostarse o no y le dio una poción anticonceptiva entre otros consejos XD.

    ——

    No creo que Severus se hubiera conformado con ser un animago, lo cual sería muy “limitado” porque solo le daría una forma. Creo que se le daban tan bien las transformaciones que probablemente se convertía en lo que quisiera :).

  3. je je je je je ese Sev que verguenza “pero mas vale conocido que por conocer” y no conocia a ese vampiro que nombras lo busque en Google y se muy bien je je je pero yo sigo “enamorada de Sev” y si no pues con Lucius je je je je me encantan esas cabelleras rubia y negra no los amo, sus vestimentas, su sarcasmo, esa serenidad y seriedad que tienen uhy no me encantan y si vamos al otro tema pues je je je yo lo ayudo a Sev con su “problema” en vez de agua fria en agua calinte je je je je bromeo mmm bueno un poquito je je je.

    1. Si quieres saber un poco más de Lestat, puedes leer este artículo: Personajes vs Realidad: Lestat, Louis y Claudia de Entrevista con un vampiro.

      Como dije antes, ¡es mi vampiro favorito! XD.

      Y créeme… YO TAMBIEN LO AYUDARÍA CON SU PROBLEMA!!!! JAJAJAJAJAJJAJA

      P.s. Ya viste “Sin Salida”? Con Taylor Lautner?. La primera parte explica claramente lo que quiero decir en cuanto a Draconus y Severus… (dicho sea de paso, el personaje que hace de padre de Nathan es Jason Isaacs y créeme, en ese mismo plan lo veo con Draco :D)

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