Hoy inicio la segunda parte del Fanfic El poder y la grandeza. A partir de ahora, el relato dará unos cuantos saltos entre el presente, ubicado en los tiempos de la primera guerra contra Lord Voldemort y el futuro, que comprende la vida después de la segunda guerra mágica.
Espero que lo disfruten.
***
- ¿Cómo te atreves?. -
- ¿Atreverme?. ¿He perdido ante mi señora el privilegio de expresarme con sinceridad?. -
La niña no tenía que volverse hacia su hermano para ver la sonrisa de suficiencia que adornaba su rostro. Podía verla clara en su mente, como si estuviera cara a cara con él. Podía sentirla dentro de sí misma, como si ella misma estuviera sonriendo. Podía verla también en los ojos desorbitados de terror del cazador. El pobre hombre solo estaba cumpliendo con su trabajo, mejor que todos, la verdad sea dicha, pero sobre todo el más fiel. Dejó de lado la regia presencia que siempre la revestía cuando estaba enojada o debía zanjar un asunto importante y volvió a ser una niña pequeña, dulce y bondadosa con expresión de estar terriblemente avergonzada.
- No, mi querido cazador. Siento mucho haberme comportado tan groseramente. -
El cazador dejó escapar el aire de los pulmones y adoptó la serena expresión que siempre le acompañaba. La niña lo observó durante un segundo y descubrió el brillo travieso que indicaba que le había dado una lección. Otra vez. No por nada el viejo cazador era su mentor también. El único que poseía la fórmula precisa para hacer que ella se comportara. La había patentizado hacía mucho tiempo, cuando su padre se alejó de ellos dejándolos en manos extrañas e incapaces para que los protegieran. En su momento tenían la certeza de que lo que realmente buscaba era deshacerse de las cosas infernales que había heredado por hijos, un par de gemelos vampiros. Pero no unos vampiros “normales”, no, eran hechiceros también, muy poderos de hecho, al haber confluido en ellos dos poderosas corrientes de sangre mágica. Pero resultó que el dueño de aquéllas manos que pensaron serían inútiles más que para servir de alimento, eran también las manos de un amoroso y dedicado padre, que a pesar del temor natural por la seguridad de los propios, se encariñó inmediatamente con aquéllos niños perfectos que parecían completamente fuera de lugar en un bosque tan sombrío.
El cazador viajó con La Niña hacia tiempos inmemorables, perdido en las luces que bailaban en sus hermosos ojos. Puso una rodilla en tierra frente a su señora pero no rompió el contacto con sus ellos.
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