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FANFIC. Capitulo 31. “Enemigos naturales”.

24 may

Siento mucho la demora…espero que les guste…

***

Desde de su primer día de colegio, Ling se convirtió en la sombra de Severus. Compartían casi todas las clases, pero no sólo era en clase que se le veía muy pendiente de él: Severus lo presentía cerca, aunque no pudiera verlo u oírlo, siempre pisándole los talones allí por donde fuera. Pensándolo bien, no recordaba haberlo escuhado decirle una palabra, solo lo sentía.

Un par de días después de la llegada de “éste” Ling, llegó otro Ling, exactamente igual que el primero, parecían literalmente dos gotas de agua aunque con una pequeña diferencia: Asumían que este segundo podría ser una chica. No estaban seguros y no es que físicamente se notara pero había sido “asignada” a Lily, aunque no era de su casa: La “hermana” de Ling era una Ravenclaw.

La simple curiosidad ante los extraños hermanos, rayó en desconcierto cuando dos días después de la llegada del segundo/a Ling, llegó “otro Ling” y pocas horas después, uno más. El primero fue a parar a Huflepuff y el último (hasta el momento) en Slytherine. Total de “Lings”, cuatro: dos chicos, dos chicas, bajo las mismas conjeturas que con la segunda.

- ¿Cuándo los han visto juntos?. Son cuatro hermanos en un país extraño y las poquísimas veces que se les ve, siempre andan solos y ¡SIEMPRE DETRÁS DE MÍ!. Eso es raro. -

- Tu encanto es sobrecogedor, Severus, es de esperarse que la sangre nueva se vea atraída hacia ti. – Dijo Lucius una mañana, sentado a la mesa de Slyterine riendo afablemente.

- ¿¿¿¿Viniste hasta aquí para sacarme de mis casillas????. – siseó Severus, más asombrado por la broma que molesto. No podía creer que se lo estuvieran tomando tan a la ligera, cuando a él le parecía de lo más extraño.

Desde que salió de Hogwarts, era muy común, aunque inexplicable para la mayoría, ver al elegante y frío Lucius Malfoy paseándose por el colegio, riendo a carcajadas de la nada cuando iba sólo y muy serio y con gesto altanero, cuando iba con Dumbledore. Él había llevado a cada uno de los Lings por separado y le había molestado y divertido a partes iguales el circo que había montado Dumbledore por el arribo de los chicos y la reacción de sus amigos. Podría decirse incluso que estaba asombrado, ya que no era la primera vez que el llevaba a gente “extraña” al colegio y tampoco, la primera vez que ellos los habían tomado a alguno bajo su cobijo.

Al principio, corría el rumor de que el “extravagante” (léase “depravado”) Lucius Malfoy estaba llevando al colegio a sus futuros amantes, para que recibieran una buena educación, acorde a él y esto porque no estaba satisfecho con la “frígida” Narcissa Black, como la llamaban el resto de las despechadas a quienes Lucius no les había dado nunca nila hora. Sinembargo, al ver que no se despegaban de Severus, los rumores en la casa de Slytherine, (sobre todo, aunque en Ravenclaw, estos rumores encontraban eco), empezaron a cambiar y se empezó a decir que Severus, cansado de la “poca cosa” de Lily Evans, se había buscado amantes más extravagantes. La situación en general era un chiste para todo el grupo, menos para el principal afectado: Severus.

- No me lo soporto, además, no me da buena espina. – comentó suavemente aunque la suavidad de su voz contenía un tono acerado.

- Severus, no es la primera vez, ¿recuerdas?. – Lucius fijó la mirada en Severus frunciendo el ceño. Nunca lo había visto ser tan grosero con nadie, menos cuando esa persona estaba sentada a su lado. – “Además” – dijo remedando el tono de Severus como reprochándole su actitud – me sienta bien que seas el heredero de los rumores por inmoralidades… -

- Púdrete, ¿quieres?. – rezongó.

Lucius prorrumpió en carcajadas que hicieron a los demás reir también. Severus, que estaba casi al filo de sus límites de paciencia con el asunto, conjuró mentalmente un hechizo que los tiró a todos de la banca, haciendo que se rieran todavía con más ganas. Hastiado, se retiró, dejándolos revolcándose de risa.

- Estoy seguro de que es uno solo… – se dijo mentalmente, cerrándose por completo a sus amigos y voy a probarlo.

Aprovechando las carcajadas de sus amigos y sabiendo que se quedarían en el comerdor un rato para dejarlo enfriarse, petrificó al silencioso y prácticamente indectectable “Ling” que estaba con ellos pero que no participaba de su conversación mental, una concesión que si bien es cierto, merecería por ser parte del grupo, no se le había planteado a ninguno, pues debía ser Lucius o Severus quienes los invitaran a hacerlo y no lo habían hecho. Había ciertos límites tácitos y los “snakes” eran buenos reconociéndolos.

Salió del gran comedor, se dirigió a la sala común de Gryffindor, le preguntó muy amablemente ala Sra. Gordasi había visto a alguno de los “Ling” allí y al recibir una respuesta negativa se fue a la sala común de Ravenclaw y de Hufflepuff obteniendo el mismo resultado. Al llegar a la sala común de Slytherine, se llevó la sorpresa de que “Ling – Stlytherine” estaba sentado en una esquina mirando hacia el techo, cosa que hacía seguido porque asumían que le gustaba el color verdoso que daba el profundo lago a la parte submarina de la habitación, al igual que le ocurría a las poquísimas visitas que recibían allí.

- ¿“Ling” sigue con ustedes?. – Preguntó a Lucius.

- Hombre, lo petrificaste, ¿dónde esperabas que estuviera?…- Le contestó Lucius con el ceño fruncido.

- ¡Severus Snape…!. – dijo Lily metiéndose en la conversación aprovechando que Severus abriera el vínculo mental.

- ¿Está realmente petrificado?. –la interrumpió Severus.

- Espera… ¡NO!. Está como siempre, pero, ¿cómo es posible?, sentimos claramente cuando lo hiciste…- dijo Lily.

- Si están concientes de que “nadie” puede anularme, ¿cierto?. – dijo Severus siseante, tratando de mantenerse imperturbable. – Díganle que lo espero en la sala común, ahora. Salgan detrás de él y diríjanse cada uno a cada sala común. –

- Dobby 1, nada. – dijo Lily al llegar a la sala común de Gryffindor con Orel y Roselynn.

- Dobby 2…nada. – anunció Marguerite en Ravenclaw con Andrés.

- Dobby 3…nada. – remataron Joshua y Valmont desde la sala común de Hufflepuf.

- No entren, sólo monten guardia afuera. Que nadie los vea. Nos vemos más tarde. – ordenó Severus.

Cada uno se planteó quedarse con los custodios, sin embargo, ningún Dobby se atrevía a contravenir una órden directa de Severus y sabían que solo perderían el tiempo tratando de convencerlos. Partieron a sus clases correspondientes un tanto desconcertados y preocupados por lo sucedido.

- ¡Buen día “Ling”! – dijo Severus aproximándose a su compañero en la sala común de Slytherine.

Severus se sentó al lado de Ling, se estiró en el sillón y sacó del bolsillo de su túnica su inseparable ejemplar de pociones, heredado de su madre y se dispuso a revisar un hechizo que estaba inventando.

- ¡Tráiganmelos!.  – ordenó en tono acerado, perdiendo la paciencia luego de fingir por media hora que no pasaba nada.

- Porqué…- empezó Severus, sin embargo, recordó justo a tiempo que una vez que se le ha dado una orden a un elfo doméstico, debe existir una contra orden, sino, ésta lo acompañará el resto de su vida y hace mucho tiempo se les había pedido que nunca revelaran a nadie que ellos podían aparecerse y desaparecerse en el castillo y mucho menos, llevando a alguien más. – Gracias, Dobby. –

Los elfos asintieron y soltaron a sus presas.

- Ling, Ling, Ling, Ling y… Ling. ¡Por fin juntos!. –

-¿En qué podemos ayudarte?. -

- Buena pregunta Ling, ¿en qué pueden ayudarme?. A ver… “Revélate” – dijo conjurando el hechizo de forma no verbal. No ocurrió nada.

Severus se planteó una teoría que no quería aceptar, la encontraba totalmente improbable. De hecho, el que fuera cierta, le decía que tenía que reevaluar el sistema de seguridad que él y su familia habían adoptado por siglos. Respiró profunda, aunque imperceptiblemente para serenarse y conjuró un nuevo hechizo:

- “Dementors”. -

Todos los “Lings” se fueron desdibujando y conviertiéndose en una niebla de humo plomizo pero con colores aperlados ala vez. Unopor uno fueron absorviéndose entre sí y luego, el Ling que estaba en la habitación desde que llegara a la sala común y que había permanecido a su lado en todo momento, empezó a cambiar de forma mientras hablaba con una voz fantasmal que Severus no estaba seguro de si estaba dentro de su cabeza o si efectivamente la escuchaban sus oidos.

- ¡Ese es mi príncipe!. ¡Me encantas!. ¿lo sabías?. –

- No soy ningún príncipe, ya lo sabes. -

El tamaño de “Ling” fue creciendo y extendiéndose por toda la habitación como una sombra siniestra y se fue acercando a Severus en una secuencia de movimientos que primero parecía ralentizar el andar del ser que tenía en frente y luego aceleraba su avance. “Ling”, que ya no se parecía mucho al “Ling” que llegó hacía unos días al colegio, acercó su rostro al de Severus y éste, no pudo hacer otra cosa que contemplarlo. Ni siquiera podía respirar, estaba completamente paralizado.

Comiéndose el orgullo, intentó comunicarse con sus amigos, pero su mente también estaba bloqueada y allí sintió que el asunto se le estaba yendo de las manos: jamás, nunca, nadie había podido hechizarlo de alguna manera sin que él pudiera a los pocos segundos, como mucho, anular el hechizo, sin embargo, allí estaba con los ojos abiertos de par de en par, pegado al suelo, esperando el siguiente movimiento. Sin más, se le “apagaron las luces” y cayó dándose un fuerte golpe contra el piso del salón. Estaba completamente inconciente, como nunca lo había estado.

***

- ¿Cómo te sientes?. – preguntó James.

- Mejor, gracias. –

- ¿Qué te dijo Dumbledore?. –

Remus lo pensó un momento y respondió a la pregunta formulada a la vez por sus mejores amigos:

- Lo que haya pasado, no pasará más. Dice estar muy seguro de que nunca más se dará una metamorfosis fuera del período lunar. Me felicitó porque, según él, esto es una ventaja muy grande que debería alegrarme mucho. Y creo que tiene razón, me quita un peso de encima poder saber exactamente qué y cuándo debo debo desaparecer. -

- ¡¡¡Bien!!!. Eres lo máximo Rem. Ahora, tenemos que ponernos manos a la obra con lo otro…¿vale?. Ya lo verás. ¡¡¡Será fantástico!!!. – prevalecencia

- Puede ser….- dijo meditabundo. – Voy a la biblioteca, nos vemos. – Sirius y James lo vieron alejarse.

- ¿¿¿Porque se comporta así??? Debería estar saltando en un pie: No lo expulsaron y ahora tiene más autocontrol.  ¡Rayos!, Rem debería empezar a relajarse… –

Sirius se planteó decirle a James unas cuantas cosas como que era normal que Remus estuviera de malas después de lo acontecido porque no sólo había puesto en riesgo a sus mejores amigos, cosa que siempre lo había aterrado, sino que también había puesto en riesgo su permanencia en el colegio, pero se lo pensó mejor, después de todo, él (James) más que nadie en el mundo, debería saber que no hace gracia hacer lo que los demás quieren y encima que te castiguen por ello y ¡Por Merlin!, Remus si que sabía lo que era pagar por culpas ajenas… no por nada participaba en dos de cada tres castigos a los que eran sometidos por desobedientes o revoltosos, simplemente por estar cerca de ellos.

- James, – dijo luego de decidirse por la más apremiante de todas las razones de Remus para estar de mal humor – quieres que nos convirtamos en lo que él más odia, que deje atrás todos sus hábitos de supervivencia y se una a “una manada” que probablemente acabará siendo exterminada por el ministerio en pleno o encerrada en Azkaban, como mínimo y que encima se divierta en el proceso. ¿De veras no vislumbras el porqué está así?. -

- ¡Esto es diferente, Sirius!. – James estaba estupefacto, jamás había oído de su amigo algo parecido a una crítica.

- No, para él no lo es, así que ¡Déjalo en paz!. –

- Pero… es el momento indicado, ¡¡¡Lo sabes!!!. -

- Dejaremos que pasen unos días, ¿de acuerdo?. Luego continuaremos con el plan. Ahora me voy. Nos vemos luego. –

Se levantó, estaba seguro que Remus no iba para la biblioteca y también que su amigo lo necesitaba más que James.

James lo miró de hito en hito y cerró la boca de golpe tratando de mantener toda la dignidad posible. Se quedó donde estaba y fingió toda la indiferencia y aburimiento que fue capaz de mostrar incluso de planteó ir a buscar a Petter, quien había sido medio desterrado del grupo a raíz de su comportamiento en la batalla de la sala común. Como si lo hubiera conjurado, Petter le habló quedamente.

-¿Vas a practicar hoy?. -

- Si. –

- Bueno, creo que no podrás hacerlo, el campo está ocupado. –

- ¿Qué?. ¡¡¡Pero si hoy le toca a Gryffindor!!!. –

- Ravenclaw. Están entrenando a su nuevo guardián…ya sabes que Fulham…bueno, sigue en la enfermería. -

- Aja… Vamos. – ordenó, contento de tener algo que hacer.

Al llegar al campo, vieron al equipo de Ravenclaw en tierra, mientras un único jugador volaba en su escoba, bastante bien si tenía que admitirlo.

- Su vuelo no es tan elegante como el tuyo, James… – aportó Petter. James le sonrió a Petter, la primera sonrisa después de lo sucedido y Petter supo que había sido perdonado. – Creo que es extranjero. – aportó con más aplomo.

- ¿Porqué?. ¿De dónde crees que es?. –

- No lo sé, parece inglés, pero de pronto se le ve hablando en otros idiomas o haciendo cosas raras. Es muy extraño… -

- ¿Cosas raras?. –

James siguió la elocuente mirada que Petter dirigió al chico que ahora sobrevolaba despacio sobre las cabezas de sus compañeros, recibiendo instrucciones y reparó en algunos detalles con su buen ojo de buscador: Cabello largo, uñas pintadas, aretes y ¡¿Falda?!.

- Bueno, los escoceses usan faldas… – comentó luego de recuperarse un poco. Conocía a magos y brujas que se la tenían peleada con la imagen, pero los estudiantes generalmente andaban “pulcros” si no se contaba las medias caídas, las camisas por fuera del pantalón o los zapatos pisados por la parte de atrás entre otras cosas, pero el chico simplemente se salía de la media. – Por lo demás… -

- Tartán, Potter, “eso” es un Tartán. – lo interrumpió el Profesor Flitwick – ¡Qué falta de cultura!. – masculló para sí. Si había algo que lo molestaba, era que se metieran con los tartanes y las gaitas. El profesor Flitwick continuó mirando el cielo, embelesado.

- ¿Está seguro, profesor, que ese chico sería un buen Guardián?. Digo, no tiene la pinta, parece más un buscador…- dijo sacando el pecho esperando que algún elogio a su superioridad como buscador le mejorara la mañana pero el intento de James de hacer conversación fue flagrantemente ignorado.

El profesor avanzó unos pasos con las manos detrás de la espalda y James fijó la vista en el guardían que estaba entrenando, mientras cavilaba. No podía entender qué pasaba con todos ni mucho menos porqué lo trataban así. En ese momento, las palabras de Severus danzaron en sus oidos: “No eres más que un payaso que divierte a las masas”… ¿Podría ser cierto?, se preguntó de repente más deprimido aún.

- ¿Lo ves?. ¡Está loco!. – gritó Petter.

James observó como el guardian cruzaba de una cancha a otra a gran velocidad. Abajo, varios estudiantes recibían instrucciones pero uno de ellos jugaba con un bate y una bludgger lanzándola hacia arriba. En un derrape muy forzado, el aspirante a guardían logró interceptar la bola cuando subía a penar un palmo arriba de la cabeza de su compañero. La tomó y se dirigió a toda velocidad a la cancha contraria y sin detenerse si quiera a pensarlo, pateó la pelota con gran fuerza haciendo que traspasara el aro central de la portería.

Casi todos lo miraban desconcertados. Luego de “anotar”, gritó a todo pulmón: ¡¡¡GOOOOOL!!!. Sólo un par de chicos celebraron en las gradas el “gol” e igualmente, sus compañeros los veían a ellos cual bichos raros.

- ¡¡¡BAJA INMEDIATAMENTE!!! – gritó la profesora de vuelo quien era el árbitro oficial de los partidos de quidditch en Hogwarts.

El chico bajó con una sonrisa deslumbrante en el rostro dirigida a sus flamantes admiradores, quienes, desde las gradas, aplaudían abiertamente su hazaña. Se acercó a sus compañeros, todavía risueño y esperó pacientemente.

- ¡¡¡Muy buena jugada, Daimon!!! – gritó Dumbledore acercándose a los estudiantes. Algunos lo observaban con hastío y otros con diversión. – ¡Bendito FUTBOL!, mi deporte favorito, después del quidditch, por supuesto. Querida Rowanda, quise conversar contigo antes de la práctica pero me fue imposible, sin embargo, veo que ya te has hecho una idea del maravilloso jugador que tenemos en este chico. Dará mucho de que hablar aquí o en cualquier otra parte, te lo aseguro. -

- Si tú lo dices, Albus. – Dijola profesora Hoochpara nada convencida con el asunto, pero aceptando la desición. – El profesor Flitwick está de acuerdo así que Ravenclaw tiene un nuevo guardián. –

- Patrick, por favor, continúen con el entrenamiento mientras el joven Potter ayuda a Daimon a conocerlo todo sobre el quidditch. James, acércate por favor. Daimon, este es James Potter, un gran chico. Es el buscador del equipo de Gryffindor y será tu guía mientras te afianzas en este nuevo deporte. Aprovechen el tiempo antes de que se cierre la puerta y compartan entonces una entrañable y saludable relación de competencia. James, Daimon es un excelente deportista pero hasta ahora se ha interesado en los deportes mágicos. Por favor, ayúdalo cuánto puedas para que se ponga al día con su equipo mientras el capitán se dedica a la estrategia. -

- Será un placer, Daimon… – dijo James henchido de orgullo por las palabras de Dumbledore y por la oportunidad de lucirse con el nuevo. De pronto pensó que esa deferencia había sido exclusiva hasta ese momento para Lucius y su combo.

- Supongo que sí. No suelo compartir mi tiempo, pero, vale, – dijo extendiendo la mano a James que lo miró con la boca abierta, pero que aceptó el apretón de manos en señal de saludo. – Muchas gracias, profesor. – dijo agradeciendo al director.

- ¡¡¡Pero que cara la de este tipo!!! – pensó James apretando un poco más fuerte de lo normal, como para indicarle “quien manda” y llevándose una sorpresa cuando Daimon recibió su mano y la apretó impriendo la misma fuerza, de hecho, quizás un poquito más, mientras le sostenía la mirada imperturbable.

- Bueno, me alegro que hayan congeniado tan bien. James, aprovecha los minutos que faltan para explicarle lo básico a Daimon, luego vayan a clases. En la noche quizás puedan practicar un poco, tienen mi autorización. – Dijo partiendo y dejándolos midiendo fuerzas todavía con las manos unidas en un apretón cada vez más fuerte.

- Bien, creo que es suficiente. – dijo Daimon con cara de fastidio – Mira Potter, te agradezco el ofrecimiento, pero tengo en el colegio el mismo tiempo que tú y he visto suficientes partidos, así que sé lo que tengo que saber, ¿vale?. –

- ¿Ofrecerme? –

- Llegaste casi con Dumbledore, me imaginé que te había dicho que vinieras, en fin, tengo práctica. Adiós Potter – y le dejó plantado en el medio del campo al montarse en su escoba y reunirse con su equipo. Daimon dio una vuelta rapidísimo por el campo y James tuvo que apartarse para evitar que chocara con él. La maliciosa sonrisa que descubrió en su rostro, lo enervó hasta lo último.

- ¿¿¿Ofrecerme???. ¿¿¿Pero qué se ha creído este idiota???. – James agarró su escoba y se dirigió a su clase bufando de rabia.

***

- No me gusta esto. – repuso Lily a Lucius enojada.

- A mi tampoco, pero hemos de hacerlo. Nos llamará de ser necesario. Lo sabes. –

- Ya…vale, pero sigue sin gustarme. -

***

 Mientras tanto, en la Biblioteca, Sirius consultaba su reloj y se levantaba después de haber pasado un rato completamente en silencio al lado de Remus. Era hora de ir a clases.

- ¿Vamos? – Preguntó

- Ve tú. –

- No voy a dejarte solo –

- ¿No? –

- No –

- No podrás evitarlo y sería incapaz de pedírtelo. No espero que lo entiendas, de hecho, no espero que nadie lo entienda, pero necesito hacer esto. Viste lo que pasó. Gracias a él no pasará de nuevo, pero estoy seguro de que puede hacer algo más. Él es mi única esperanza de curación y ustedes lo único que hacen es alejarlo de mí. No Siruis… – dijo levantando la mano derecha para detenerlo y terminar de hablar – no hay otro camino. -

- ¿Tu única esperanza?. Pero si nosotros estamos trabajando en ello, lo sabes. Sólo debes tener un poco de paciencia. Además, si analizas bien la situación, por “su” culpa fue que llegaste a ese estado. El tipo casi acaba con todos nosotros. ¿Cómo puedes sentirte agradecido por eso?. ¿Cómo puedes pretender poner tu vida en sus manos?. ¡Podría matarte!. -

- No es la primera vez que esto me sucede. Esta es la tercera vez que casi me transformo fuera del ciclo lunar. La primera vez, casi mato a mi madre, la segunda, casi lo mato a mi padre y era a penas un crio. Creo que por eso mi padre aceptó que Dumbledore me trajera aquí donde se supone que estaría a salvo y que también los que estuvieran a mi alrededor estarían a salvo. Ahora sé que será así pero también sé que puedo esperar algo más. Simplemente estoy tomando las riendas sobre mí vida. Lo más que podría pasar es que muera y… -

- ¿Pero que demonios estás diciendo?. -

- No tienes que hacer tanto aspaviento. – Remus dejó escapar el aire, exasperado y continuó, esperando que fuera con más delicadeza. – Ustedes están dispuestos a morir intentando convertirse en unos malditos animales, ¿no?. ¿Cuál es la diferencia?. No, sabes que sí hay diferencia… La diferencia es que YO NO ESCOGI SER UN MALDITO ANIMAL Y USTEDES SI. –

- Por “su culpa” te convertiste Remus. La descarga que todos tuvimos en la pelea nos hizo daño a todos…-

- Severus Snape no sólo me salvó de la expulsión, me salvóla vida. Séque está dispuesto a ayudarme, a ir más allá porque sino no hubiera estado tan preparado. ¿Entiendes porqué no puedo perder esta oportunidad?. ¡Quiere ayudarme!. A pesar de mí, a pesar de ustedes, a pesar de todo, quiere ayudarme y voy a aceptar su ayuda. Si en el proceso de cura, llega a matarme, también me habrá salvado la vida y la de los míos y yo vendría del más allá sólo para agradecerle el que lo haya hecho, ¡¡¡el que me hiciera libre!!!. Es más, el saber que a Severus no le temblaría la mano de ser preciso eliminarme, es lo que más me decide a aceptar su ayuda. –

- Te das cuenta de que esto es probablemente lo que quiere hacer con nosotros: separarnos. ¡Rem, no podemos permitirlo!. Somos más que amigos, ¿Acaso no te importa eso?. -

- Soy un ser mortalmente peligroso, sobre todo para los que amo y por eso necesito que se alejen de mí. – Remus siempre había sido o bien muy inseguro o bien condescendiente con ellos y Sirius no podía reconocerlo en esa persona que tenía frente a sí. – Necesito estar a solas. No quiero ver a nadie. –Sirius decidió que por ahora era mejor que descansase, se levantó y lo escuchó decir: – Gracias. –

- Es curioso. Cuando conocí a Severus Snape lo tomé por alguien insignificante. Aún así, por su culpa he perdido no a uno, sino a dos hermanos. Eso sin contar que a otro lo ha hecho perder la cabeza. -

- Y sobre todo sin contar a la que probablemente hubiera sido la mujer de tu vida, ¿eh?. –

Sirius frunció el ceño y sintió un fuerte dolor en el pecho al escuchar a Remus. Existían cosas que los mejores amigos no necesitaban decirse y en ese momento se sentía dolorosamente conciente de lo que Remus sabía de él. Nunca habían hablado de ello pero Remus era el más sensible de todos y era absurdo pensar que no se hubiera dado cuenta. Lo miró con dolor porque no podía creer que usara lo que sabía en su contra y menos en ese momento pero se encontró con una mirada serena que más bien le decía… Yo estoy luchando por mí… tú también puedes hacerlo.

- Te voy a dejar en paz en este momento, “lunático”, pero volveré. Hicimos un pacto: jamás pelearnos ni por “pelos” ni por “faldas”. No voy a perder a mi familia por ese enclenque… eso, te lo puedo asegurar. -

- ¿Cómo se mantiene unida a una familia a la que no conoces?. La mitad del tiempo, ni yo mismo sé quien soy… -

Sirius salió de la biblioteca con un nudo en la garganta y un agudo dolor enclavado en el pecho.

***

Las cosas en la sala común de Slytherine no estaban mejor que en la biblioteca, incluso podría decirse que estaban ligeramente peor.

- Más vale que salgas de allí, se está poniendo morado…- canturreó Lucius con voz dulce y aspecto desquiciado, echado sobre el pecho de Severus a quien estaba ahorcando con todas sus fuerzas. Había colocado alrededor de ellos un escudo que los tenía atrapados para no dejar escapar a lo que fuera que Severus tuviera dentro, pero estaba empezando a pensar que ese ser preferiría morir dentro que manifestarse…

- Sólo tienes unos pocos minutos…¿recuerdas?. Debes salir antes de que el cuerpo que te contiene, muera, sino, mueres con él. Es una pena, creo que Severus extrañará su cuerpo, pero créeme, estoy completamente seguro de que prefiere que me deshaga de él antes de que tú te lo quedes… y ¿sabes?, lo voy a hacer… –

Estaba llegando a su límite de paciencia. Le había dicho a Lily que tendrían que esperar a que Severus los llamara, pero no lo había dicho que él ya se había comunicado con él. No como siempre, pero Lucius conocía de señales y lo que sintió en el pecho al decir “esperar a que nos llame”, fue suficiente para saber que debía acudir, preferiblemente solo. Había llegado a la sala común lo más discretamente posible, luego de haberse asegurado que el camino hacía allí estaba despejado y se encontró con una escena fantasmagórica.

- Bien podrías echarme una mano, ¿no?. – dijo Lucius al ver un destello de vida en la profundidad en la que se habían convertido los ojos de Severus. – Te sienta mal el morado, ¿sabías?. Hmmm, otra vez tú. Estás haciendo que pierda la paciencia. ¡Sal-de-allí-ahora!. No pasa nada, no tomaremos represalias, de hecho, te esperábamos, hemos sido buenos compañeros, ¿no?. Bueno, Severus no tanto, pero tú te lo buscaste. Lo ofuscaste. Pero podemos hacer muchas cosas, tenemos mucho que ofrecer. Tienes que haberlo sentido ya. ¿No?, ¿no te convence?. ¡Pues deberías!. ¿Con cuántos te has topado que sean capaces de contener a tantos demonios a la vez y por tanto tiempo?. Ahhh, ninguna, ¿cierto? ¿Lo ves?. Somos muy poderosos. No tiene porque acabar así…¿¿¿no te parece??? -

Hubo una explosión acompañada de un brillantísimo destello de luz. Lucius fue lanzado contra la pared de piedra del recinto con tanta fuerza que sintió como se le partía el cráneo, el brazo y la pierna derecha. Contó mentalmente sus costillas rotas y frunciendo el ceño comentó algo acerca de lo que podría hacer con todas las “estúpidas” paredes sólidas del castillo.

- ¿Puedes creerlo?. ¡¡¡Me lanzó!!!. – comentó con una mezcla de incredulidad y disgusto como lo haría un niño pequeño que molesta a un bicho y que recibiera una mordida en un momento de descuido. Lo preocupante del asunto es que no había habido momento de descuido…

- No puedo creer que el maldito siga hablando como si estuviéramos jugando a las cartas. – comentó una furibunda voz dentro de la cabeza de Severus, quien sintió, como si se tratase de él mismo, cómo todos sus sentidos se agudizaban preparándose para un nuevo ataque.

- “Enérvate” – sintió que dijo Lucius mentalmente mientras fijaba los ojos en él, pero seguía sin poder hacer nada y el hechizo no aportaba nada nuevo. No sentía el ahogamiento que lo estaba matando dado el desagradable color púrpura que teñía su rostro y que podía ver claramente en su rostro a través de los ojos de Lucius, así como las marcas de las manos de éste que seguían rojas en su cuello. Esto le dio una idea… la prueba no era para él, era para Lucius, solo tenía que averiguar como hacérselo saber antes de acabar muerto. No tuvo que hacerlo, finalmente sintió como una bocanada de aire le inundó los pulmones haciéndole daño, un dolor atroz, pero sublime, seguía vivo.

- Eres un “Malfoy”. –

Lucius supo que no estaba escuchando las palabras, sólo las “sentía”. Era algo muy extraño, como si cada fibra de su ser le estuviera hablando con voz queda desde su propio interior, lo cual provocaba que al unísono, se formara un eco dentro de él. La sensación iba acompañada con un sentimiento de respeto. Sentía que había ganado el respeto de lo que fuera que estuviese atacando a Severus. Siempre había pensando que aún en peligro de muerte, si el oponente te respetaba, se tenía la mitad de la lucha ganada sin importar el resultado. Observó a Severus y dejó de intentar reanimarlo con cuanto hechizo conocía para tal fin al ver que la tonalidad de púrpura se hacía más clara. Se relajó visiblemente.

- Jugamos con “honor”, me gusta. – comentó Lucius a la nada que lo hacía estremecerse como una hoja al viento cada vez que pronunciaba alguna palabra o expresaba alguna sensación o sentimiento. No dijo nada más mientras dejaba que su cuerpo se curara, rápida e inconcientemente. No necesitaba “curarse” llevando a cabo hechizos, su magia era muy poderosa y “sabia” y sabía que tenía que hacer.

- ¿De dónde sacaste eso?. – preguntó Severus pudiendo comunicarse con Lucius por fin mentalmente. – Es útil, muy útil, pero es la primera vez, creo, que estamos conciente de ello.

Lucius no respondió y se limitó a observar como la luz que salió de Severus iba tomando consistencia, matices y colores y formaba una figura humana,la de Ling.Luego, de uno, quedaron siendo cuatro.

- Interesante. Te lo dije Severus, no era corpóreo. – Lucius golpeó la palma de su mano con el puño contrario para dar énfasis a sus palabras mientras Severus levantaba la ceja izquierda en su particular gesto de hastío que decía claramente ¿Tú me lo dijiste?, Lucius continúo. – Por curiosidad, ¿porqué no has “nacido” nuevamente?, es decir, posees ese poder, pude sentirlo, ¿entonces porque has vivido “en el aire” durante…?. -

No terminó la frase porque tan pronto como se “condensaron”, los Lings lo señalaron con el índice en un idéntico y fluido movimiento e inmediatamente, Lucius sintió que millones de filosas agujas se clavaban en su piel y empezaban a “crecer” hacia dentro, clavándosele en la piel y avanzando suavemente hacia sus órganos internos.

- ¡Pero que desagradable!. – comentó sin inmutarse, aunque tenía los dientes apretados en un gesto casi imperceptible. – ¡Vas a manchar mi túnica de sangre!. -

Luchó (sin ser conciente de que lo hacía) contra las agujas que presionaban para entrar en su cuerpo. Se dijo que no debería estar sintiendo nada, el proceso debería ser totalmente indoloro, porque entonces si no, para qué se protegía, pero luego pensó, “claro, los órganos vitales”. En vez de seguir repeliendo el avance, pensó en endurecerse. Tan pronto lo hizo se arrepintió.

- ¡Eso si fue desagradable!. – comentó. Se dijo que convertirse en piedra desde dentro fue sin temor a equivocarse, la sensación más horrible que podría haber experimentado, pero no bien dejó ir el pensamiento cuando otro llegó y… se congeló, no literalmente hablando, sólo se quedó inmóvil recordando la que realmente era la peor sensación que había sentido en su vida: La vez que intentaron dementarlo.

Empezó a sentir las “agujas” con más fuerza y eso no era buena señal porque implicaba que no las estaba controlando. No obstante, se mostraba completamente despreocupado. Decidió jugársela. Si algo tenía claro es que no permitiría que nunca más alguien lo hiciera sentir miedo, no por él, por lo menos. Tendría apenas unos segundos antes de ser traspasado y aniquilado y seguía en pie, firme como una roca, pero su cuerpo empezó a desdibujarse. Su ser se liberó y se inclinó hacia delante buscando a Severus que seguía tirado en el suelo, pero cuyo ser se impulsó también hacia delante y alcanzó su mano extendida. Al contacto, hubo una implosión interna en cada uno que provocó que ambos “seres” regresaran abruptamente a sus cuerpos. Severus abrió los ojos por fin, Lucius, expulsó a la vez todas las “dagas” que tenía incrustadas en el cuerpo y la mayoría atravesó a los, de pronto incorpóreos “Lings”, que los observaban inexpresivos. Severus desvió las que fueron en su dirección con un movimiento perezoso de la mano.

- ¿Qué no aprendiste nada del concurso?. – gruñó Lucius con fastidio – ¿Porqué demonios no las detuviste?. ¿Tenías que lanzarlas hacia acá?. -

Severus no dijo lo evidente pero sonrió al ver a Lucius sacudiéndose de la túnica algunos cabellos platinados. Al parecer, una de las agujas había cortado un poco de cabello.

- Un cambio no te vendría mal…-

- ¿Estás loco?. ¡Pero si soy perfecto!. – sentenció esbozando su arrebatadora sonrisa.

Por fin lo vieron: un puntito oscuro, lo suficientemente oscuro como para delatar su prescencia. Levitaba en medio de ellos. Los “Lings” se hicieron “corpóreos” y uno de ellos, se acercó al punto. Levantó la mano como para tomarlo como si fuera un objeto y no un espacio abierto en la nada, pero desde el interior, la oscuridad se convirtió en luz y pareció devorar al punto que fue haciéndose más pequeño hasta dejar solamente un espacio en la nada que era pura luz. El ahora punto luminoso, se cerró ipsofacto y se lanzó hacia Severus, quien abrió a boca y se lo tragó a su vez.

- Eso no fue muy amable por tu parte, Severus. – Dijo el Ling-Slytherine.

- Creo que debemos repasar algunos conceptos, amigo. – comentó Lucius afablemente.

- Lo quiero de vuelta. Ahora. –

- No. – Djo Severus. – Por lo menos, no por ahora. –

El Ling-Slytherine los observó simultáneamente y sus labios se curvaron lo suficiente para que se intuyera una sonrisa divertida.

- “Aceptables”. De hecho, tomando en cuenta que tu madre no está aquí metiendo las narices, podría decir que ha sido “notable”. -

Severus apretó la mandíbula exaltado y dispuesto a decir algo con respecto al tono burlón y un tanto despectivo que había usado Ling para hablar de ella, sin embargo, consideró que ella misma se molestaría si él dejaba entrever una parte vulnerable de su ser.

– Y bien, “Ling”, ¿cómo prefieres que te llamemos?. -

- “Señor”, estaría bien –

- Sí, bien…“Señor Ling” – agregó Lucius malinterpretando a propósito pero tan naturalmente las palabras de Ling, que el mismo Ling sonrió. – ¿A qué debemos el honor de tu visita?. – continuó restando con el tuteo el efecto del “señor”.

Severus, a pesar de su concentración, estaba francamente admirado, no sólo del poder de Lucius que siempre lo sorprendía, sino por la sangre fría con la que manejaba hasta las situaciones más violentas. Inconcientemente estuvo a punto de llevarse la mano al cuello que le dolía mucho, pero una mirada soslayada de Lucius lo detuvo. Asintió mentalmente agradeciendo su ayuda, prometiéndose que le agradecería después con todas las de la ley y puso su atención en Ling.

- ¿Simplemente era tu momento de despertar como una “Rosa del Nilo”?. -

Las comisuras de los labios de Severus se curvaron a penas un poco para celebrar la forma tan creativa conla que Luciusbuscaba algún tipo de reacción en Ling, aunque se dijo que probablemente no funcionaría, dado que el .utilizó el nombre más femenino que recordaba parala especie Nelumbonucifera, vulgarmente conocida como “lotto sagrado” o “lotto indio”, que era famosa por la longevidad de sus semillas, que podían germinar después de 30 siglos, simplemente para picarlo, para medirlo, pero “Ling” no se dejó llevar.

- Digamos que en parte…aunque realmente estoy respondiendo a un llamado. -

Lucius no parpadeo siquiera, seguía en su postura relajada pero Severus pudo sentir como lo taladraba su esencia. Del mismo modo le aseguró que él no lo había hecho, bueno, no concientemente.

- Qué bien, ¡será un placer contarte entre nosotros!. -

- Estoy seguro de que no alcanzas a saber cuanto… –

 - ¿Y con eso quieres decir queee…?. –

- Seguro que lo han sentido, “se acercan tiempos difíciles”… –

- ¡Y ahora se las da de centauro!. – bromeó Lucius, sus ojos destellando peligrosamente. – Aunque así fuera, contamos con una ventaja, ¿no?. “Tú” no estarás en medio para complicarlo todo. –

- No podría asegurarte que no estaré en medio, lo que sí puedo es confirmarte que… estaré. Lo que me recuerda, chico – dijo ahora dirigiéndose a Severus. – Cuida bien esa parte de “mi” ser…hasta que… la “recupere”. – la voz de “Ling” era una suave caricia, tanto como lo podría ser sentir como el plomo derretido baña la piel.

- Será un placer. – dijo Severus con voz suave y elegante, muy parecida ala de Lucius.

- Me en-can-tó, ¡Buen chico!. –

Severus no podía creer que Lucius estuviera bromeando acerca de su tono de voz en una situación como esa, cuando ambos podían sentir la tensión en el ambiente como si fuera una espada que alguien empuñara contra su pecho, a la espera de una decisión.

- Hablando de temas prácticos, ¿cómo prefieres que “presentemos” tu desaparición?. ¿De forma tenebrosa y escandalosa como es tu estilo original o más bien, sencilla e insignificante, como te proyectas actualmente?. -

- No te ocupes, ya lo hago yo, Lucius. – respondió el Ling Slytherine, mientras una nebulosa copia, idéntica a él, se desprendía de su cuerpo. Totalmente separada, adquirió la complexión humana en todos los sentidos.

- Sigue pareciéndome im-pre-sio-nante. Pensé que el concepto de “duplicidad” sólo podía ser entendido por los elfos para poder hacer frente a su primera ley, ¿pero te imaginas esto?. ¡Debemos dominanrlo!. – La ansiedad se traslucía en los ojos lujuriosos de Lucius y Severus arqueó una ceja. – Es una cuestión de patriotismo, Severus. Muchos de mí, tan perfectos como yo,  ¿te imaginas?. -

- Van a irrumpir en un segundo… – dijo Ling divertido.

Severus y Lucius lo habían sentido también, la caballería se acercaba y por sus auras, llegaban con sangre en los ojos…

- Tranquilos…no pasa nada. – les dijo Severus con aplomo. – pero acérquense, tenemos algo que contarles. -

Al estar los diez reunidos (mental o físicamente), Severus y Lucius “transmitieron” lo acontecido y todos vieron contuvieron el aliento al entender las implicaciones de este nuevo descubrimiento, luego de haber visto lo ocurrido.

Se relajaron visiblemente ante la actitud serena de Severus, Lucius y los Lings y aunque mantuvieron la “alerta”, se fueron presentando innecesariamente uno a uno. Los Lings se dejaron llevar por la fórmula de cortesía y correspondieron a los saludos. Luego, todos mantuvieron una agradable charla.

- Lamento interrumpir, pero creo suponer que deberían estar en clases, ¿no? Ya pueden regresar a ellas. – anunció Lucius suavemente después de quince minutos.

- ¡Pero si ya va a terminar la hora!. – refunfuño Goldie.

- Precisamente, si llegan ahora, todos tendrán la impresión de que nunca se ausentaron. Dobby, ¿puedes acercarlos por favor?… –

El elfo, loco de contento por poder cumplir una de sus antiguas obligaciones, tomó a los más jóvenes y los repartió en sus respectivas clases. Dobby regresó a por los “Slytherine”, quienes deberían estar en clase de Historia dela magia. Losdejó en un rincón oscuro de la sala y claro, sólo Sirius y James se dieron cuenta de su repentina aparición.

- ¿Cómo hicieron eso?. ¡No estaban aquí hasta hace un segundo!. – Dijo airado Sirius señalando a Severus con el índice, como si hubiera cometido el mayor de los pecados y el estuviera dispuesto a hacérselo pagar.

- Te equivocas, han estado aquí todo el tiempo. – dijo Rosalpina Vanderbilt, sentada en su puesto con aire un tanto aburrido, pero en tono educado. Luego miró a su hermano y preguntó: – ¿No es cierto, Joseph?. -

Joseph se giró sobre su tronco, miró a Sirius como si fuera una mosca persistente, que lo estuviera molestado y asintió.

Sirius se sentó y miró a James. No se lo comían. No podía decirse que los Vanderbilt pertenecieran a algún grupo, sin embargo, después del concurso, podrías considerárseles, sino parte de los “snakes”, lo más cercano a ellos que alguien podría estar, además, sólo a ellos se dignaban dirigirles la palabra.

- Mienten, la pregunta es si lo hacen conciente o inconcientemente. – escribió Sirius en su espejo de dos caras.

- Pues parecen muy concientes. – escribió James.

- Debemos tener cuidado con estos también…pueden ser espías solapados…-

Remus observaba atentamente a sus amigos sin dejar escapar ninguna emoción en su rostro. No sólo sabía que ellos tenían razón, sabía que los hermanos Vanderbilt habían mentido descaradamente, lo cual los convertía en dos pares de ojos más de los que cuidarse o, podría ser también una puerta para llegar hasta Severus. La segunda idea no demoró mucho en su mente… la desechó casi al instante al ver como Rosalpina observaba a Valmont.

- No, esa no es una opción. – se dijo Remus, pero sonrió al cruzarse su mirada conla de Rosalpina, quien al parecer había sentido que él la miraba intensamente. Ella se demoró un segundo en sus ojos y luego apartó la mirada con decisión. – Bueno, vale la pena intentarlo, ¿no?. – se dijo más animado tomando por interés la mirada de la chica.

- ¿Qué nos toca?. – oyó  que preguntaba James a Sirius mientras tenía la mirada fija en Rosalpina y fue cuando lo vió… un destello que cruzó su mirada y que en un segundo comprendió que debía haberse repetido en su interlocutor… que seguramente era su hermano.

No sabía como sentirse al respecto, descubrir que no era el único semihumano en el colegio, debería hacerlo sentirse mejor, sin embargo, el saberlo sólo le provocaba en ese momento una sensación de vacío: Algunos semihumanos simplemente no se relacionaban, de hecho, eran enemigos naturales…

- Que pena – se dijo con pesar. – En vez de una futura amiga, ahora tengo a dos enemigos naturales. -

- ¿De qué hablas Remus?. –

Remus no contestó, tomó sus libros y salió del aula lo más rápido que pudo.

***

- Petunia, por favor, tranquilízate. -

- No puedo… ¡¡¡No quiero!!!. Esa maldita nos dejó esto aquí y tenemos que sacarlo. ¿No lo entiendes?. ¡Quien sabe si esto podría atraer a más monstruos como ella a nuestra casa!. –

Vernon Dursley observaba a Petunia, su supuesta novia, con la misma tristeza que sentía su corazón reflejada en el rostro. Su mirada cambió y se tornó iracunda al ver como saltaba una uña más de sus delicadas manos, manos que intentaban arrancar una cajita de música de una peinadora y que ya para ese momento, sangraban copiosamente, habiéndose roto las uñas, e incluso, saltado algunas de ellas.

- Petunia, soy muy fuerte y deseo con todo mi corazón ayudarte. Aún así, no pude arrancarla. – dijo con una dulzura inusitada en un chico con aspecto de matón de cuarta. – A lo mejor está… encantada… – aventuró con cuidado sabiendo lo delicado del tema. – o lo que sea que hacen con las cosas esa clase de gente. Por favor… déjalo estar. – Se acercó a ella y puso una de sus manazas sobre las de la chica. – Te estás lastimando… -

No era que ella se lo hubiera dicho, pero él era lo suficientemente listo para saber que de haber podido, Petunia Evans sería una bruja como su hermana. Vernon sabía que allí radicaba toda la ira dela chica. Sucomportamiento se debía a los celos que tenía a su hermana y a cualquier cosa que oliera a la palabra con “m”. Le tenía prohibido terminantemente usar la palabra “magia” ni ninguna de sus derivaciones, era para ella una afrenta personal, sin embargo, no podía controlarlo y cada vez que se sucitaba algo que ella sabía que tenía que ver con su hermana o con magia, estallaba haciéndose mucho daño. Eso convertía el asunto en una afrenta personal para él también, simplemente porque ella sufría y el no podía hacer nada por evitarlo.

- Petunia, eres la más hermosa y la más lista de todas las personas que conozco y créeme, no podría hacerte mejor cumplido que el decirte que no tienes absolutamente nada que ver con esa gente. – sostuvo el silencio por un momento – De hecho, sería una completa decepción el que tuvieras algo que ver con ellos. – continuó segundos después, mientras se llevaba las manos destrozadas de Petunia a los labios, las besaba con suavidad y luego las acunaba en sus propias manos, posándolas contra su rostro, manchándose de la sangre de Petunia sin importarle en lo más mínimo y fijando la mirada en la de ella. – Una decepción que yo no podría soportar. Te quiero como eres Petunia, real, hu-ma-na… perfecta. Sé que no me amas, pero déjame ayudarte a que te alejes de este mundo que sólo te trae dolor. Prometo que siempre estaré para ti, a tu lado, como lo he hecho desde que te conocí. Nunca te decepcionaré. -

Petunia estaba sin habla. Nunca en su vida la habían tratado con tanta delicadeza como lo hacía Vernon Dursley. Pese a que ella lo trataba como con los pies siempre y que vivía tirándole lo que tuviera a mano cada vez que él en silencio y rezagado la seguía a todas partes, él jamás se había comportado con ella como algo menos que un caballero. Nadie podía creerlo, empezando por su madre, que sólo veía en Vernón a un chico grandote, fornido, que tenía pinta y fama de matón, el cual probablemente tenía la culpa de los vicios de su hija, pero ella sabía que eso no era verdad.

- Déjame amarte Petunia… Déjame ser tuyo. -

Era la primera vez que la tocaba (sin contar la de veces que la había levantado de alguna cuneta donde hubiera caído drogada o borracha). Siempre lo había creído un completo imbécil y le molestaba su actitud tan sumisa, pero ese día, algo en sus ojos la hizo detenerse el tiempo suficiente para sentir el calor de sus manos sobre sus mejillas, de sentir la  por la mirada tenaz de Vernon, ella lo vió por primera vez en su vida. y ese día, Vernon Dursley no sólo tocó sus manos, sino que tocó su corazón.

De pronto se dio cuenta de que había silencio enla habitación. Lamúsica de la caja de música se había detenido y con ella el baile incesante dela bailarina. Fuesuficiente señal para ella. No se detuvo a pensar qué habría hecho que la magia de la caja musical se detuviera… simplemente se dejó llevar por la magia que ese chico tosco y sin modales le había hecho sentir.

No estaba acostumbrada a los sentimientos, casi todos los que había sentido en su vida eran mezquinos, de todas formas, pudo reconocer la magia que transmitía Vernon, esa que dicen que provoca el amor verdadero y que según su madre yla misma Lily, es más poderosa que cualquier otro tipo de magia (se lo había escuchado decir a su madre, cuando Lily le decía que las cosas con Severus no iban del todo bien, que era una sensación extraña, el sentirlo tan cerca, pero a la vez, tan alejado).

Por primera vez en su vida, Petunia Evans se sintió más mágica y poderosa que su hermana.

***

- ¿Qué es eso?. -

- Un receptor. –

- Mmmm, creo que erré con la pregunta. –

- Lo siento, es el receptor del chivatoscopio que dejé en mi cuarto, ¿recuerdas?. –

Había preguntado por mero trámite pero sabía perfectamente qué era lo que tenía Lily en las manos. Severus observó el pequeño aparatito que destilaba un líquido espeso de un rojo escarlata brillante. “Sangre”, se dijo. La única explicación que se le ocurría para eso era que Petunia lo hubiera querido arrancar de su lugar y al tocarlo, supo que había tenido razón.

Las imágenes de todo lo que había visto el chivatoscopio se agolparon en su mente. Pasados unos minutos, sonrió.

- ¿Y bien?. -

Lily lo miraba con ansiedad. Él había sido el que había preparado ambos aparatos, por lo cual, él era el único que podía “abrirlos” y descubrir todo lo que hubieran “guardado”.

- Petunia está perfectamente, dis… -

Lily lo observó alucinada. Había hecho lo imposible para permanecer inmutable mientras lo llevaba a un lugar en el que pudieran hablar tranquilamente, tanto de lo que le había ocurrido a él con los Ling, como de lo que le había informado Dobby (que el receptor estaba “sangrando”), pero no pudo más que abrir la boca, tomar aire y gritar tan fuerte como pudo. ¡Había perdido la paciencia!. Primero él y ahora su hermana…

- ¡¡¡EXPLÍCATE!!!. ¡¡¡SABES PERFECTAMENTE QUE NO SOPORTO CIERTAS PRESIONES DELA MISMA FORMA QUEUSTEDES!!!. -

Severus la observó por un instante. Muchas cosas habían ido cambiando con le paso de los años, entre ellas, el aplomo de Lily. La mayor parte de la veces en las que se sentía preocupado por que estuviera obligándola a vivir una vida que no merecía a su lado, llena de presiones, batallas e incluso dolor, se tranquilizaba a si mismo diciéndose que ella había escogido hacerlo y que había recibido el entrenamiento necesario, pero cuando la veía tan alterada y mucho más, cuando esto ocurría sin razón, no podía más que entristecerse porque sólo podía pensar que sus reacciones indicaban el acercamiento de la ruptura que sabría que llegaría pero que esperaba que no pasara nunca.

- Decía…- dijo sin inflexión en la voz – que tu hermana está perfectamente, disfrutando de sendos besos departe del tipo que tiene por novio. La sangre es de ella, intentó arrancar la cajita de música de la peinadora, pero él se lo impidió y al parecer, por lo que pude sentir, todo resultó en un momento muy… conmovedor. Dicho sea de paso, no significa que me haya olvidado, pero sí, estoy seguro, que acaba de descubrir a una persona con la cual podrá compartir su vida. Alguien muy parecido a ella, pero que no es igual a ella. Alguien con quien podrá ser feliz. Se me ocurre que podrías seguir tu ejemplo. No es sano que estés con una persona que te altera de este modo sin ningún motivo, alguien que parece ser tu “enemigo natural”. Espero que lo hagas y, a pesar de… sólo espero que seas feliz… -

Severus no pudo decir su nombre, si lo hacía, no sería capaz de irse de allí, no sería capaz de ofrecerle una oportunidad para que resurgiera… no sería capaz de alejarla. Se dirigió hacia la puerta de la habitación y sintió como un objeto de cristal pasó rozando su oreja derecha y se estrelló en ella antes de abrirla. Siguió su camino y antes de cerrar la puerta delicadamente, escuchó el único sonido capaz de desgarrarle el alma: El llanto de Lily.

***

- ¿Qué fue eso?. -

- ¿El principio del fin?. –

- Si, claro. ¿Qué pasará más tarde cuando regrese a ti?. –

- Si lo hace, la recibiré como siempre. Sino, tendrás que matarme para no correr hacia ella y dejarla vivir. ¿Entendido?. –

Lucius miró fijamente a Severus y lentamente, asintió. Sabía que Severus estaba hablando en serio, podía sentir el dolor que hacía vibrar cada fibra de su ser.

- Espero no tener que hacerlo, amigo, realmente espero no tener que hacerlo…-

Las palmadas que Severus recibió en el hombro, lo reconfortaron, aunque solo un poco. Era bueno sentir que alguien era capaz de entender lo que sucedía, aún cuando el mismo no lo entendiera del todo.

- Ve a descansar… yo me encargo de todo. -

- Gracias. –

- Severus… -

- ¿Sí?. –

- Duerme…-

El hechizo hizo efecto instantáneo. Lucius se dijo que definitivamente el encuentro con los Lings había sido pesado, pero que lo fue más su encontronazo con Lily y que por eso había podido dormirlo de esa forma.

- Lo siento mucho, Lily, pero hay demasiadas cosas en juego. Necesito a Severus en sus veinte sentidos y tú lo estás estropeando todo. -

- Es una completa falta de todo lo que hiciste… sabías lo mal que estaba y aún así lo atacaste sin razón. ¿No se supone que lo amas?. –

- Jamás pensé decirlo, Lily, pero te pasaste… pensé que realmente amabas a Severus… y, no parece. –

Uno a uno, todos fueron lanzando sus réplicas mentalmente hacia Lily, como si estuvieran tirando piedras a un oscuro y profundo pozo sin fin. Ella se colocó las manos en la cabeza, cada una tratando de tapar sus orejas, como si con eso fuera capaz de acallar las voces que resonaban tenazmente dentro de ella. Asíla encontro James, agazapada en el suelo, llorando a mares y halándose los cabellos.

- Ya basta… ¡deja de hacer eso!. -

- ¡Quítame las manos de encima Potter!. – dijo mirando una mano que tenía agarrada fuertemente una de sus muñecas y luego la otra. – ¡No me tientes!. –

James la soltó sorprendido y retrocedió cayendo hacia atrás. Al levantar el rostro, pudo ver como cada vena del rostro de la chica resaltaba sobre su piel marfileña, haciendo de su rostro una telaraña enrojecida, como una máscara que lo miraba sin verlo realmente o por lo menos eso pensaba, porque sus ojos eran dos esferas rojas que de pronto empezaron a supurar sangre.

No pudo ver más. El impacto de un hechizo lo hizo quedar inconciente casi inmediatamente, pero antes de que su cabeza se estrellara contra el suelo de piedra, vió como el rostro de Lily se normalizaba y una expresión horrorizada le contraía el gesto. Aún así, se dijo, eran los ojos más hermosos que había visto en su vida.

Lucius miró a Lily desde su terrible altura y la chica se sintió como si fuera una cucaracha a la que estaban a punto de aplastar, pero no, no pasó nada de eso. La mirada de Lucius era tranquila, decía claramente que la entendía aunque no aceptaba lo que había sucedido. Ella se echó a llorar nuevamente y entre sollozos, vió como Lucius hacía que Dobby se encargara de James, luego de que el elfo le borrara la memoria.

En un ataque de risa histérica pensó, que de tantas veces que le habían borrado la memoria a James, el chico podría quedar con el cerebro como una coladera, metafóricamente hablando y se lo imaginó con el cuerpo normal pero la cabeza como un enorme queso gruyere.

Las comisuras de la boca de Lucius temblaron peligrosamente con el atisbo de una sonrisa, pero fueron sus ojos los que le dieron a Lily un poco de paz, la paz que necesitaba para salir de ese mal sueño… porque tenía que ser eso… un mal sueño… era imposible que Severus hubiera dicho…

- No, es un mal sueño… mañana, todo será diferente. -

Lucius vio partir a Dobby 2 con Lily. La llevarían a su habitación para que descansara y la vigilaría de ahora en adelante, tal cual había vigilado siempre a todos aquellos que por una u otra razón, podrían complicarle la vida… le gustaban los retos más no le gustaban tanto las complicaciones y tener a Lily Evans del otro lado de la línea, parecía ser más una complicación que un reto… así y todo, lo aceptó y se preparó.

- Quien esté libre reemplace a Lily y a Severus. Yo debo regresar al castillo. -

- No puedes regresar solo, Lucius… llévame contigo. –

- Hmmm, me lo pensé, ¿bueno?. Por tres segundos. ¿Vale por ahora?. –

Joshua sonrió y Lucius lo vio asentir a través de los ojos de Valmont.

- Gracias. Y saben… les tengo una sorpresa… ultimaré los detalles y luego les hablaré de ello. Sólo puedo adelantarles que si pensaban que era genial poder hacer que nuestras mentes vaguen en el interior de nuestros cuerpos, esto será simplemente fantástico… Lo prometo. -

La expectativa creció en el grupo y en deferencia, Joshua y Valmont se ofrecieron muy contentos a reemplazar a Lily y a Severus en su clase, con un brillo de expetación en los ojos, el mismo brillo que iluminaba los ojos de todo el grupo…

Capítulo siguiente

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4 comentarios

Publicado por en mayo 24, 2011 en ** FANFICS - HARRY POTTER

 

4 respuestas a FANFIC. Capitulo 31. “Enemigos naturales”.

  1. Sara

    mayo 26, 2011 at 6:01 pm

    Como siempre GENIAL el cap! me encantaa!!

     
  2. Nbp1

    mayo 27, 2011 at 10:42 am

    Te lo agradezco mucho Sara y me alegro que te haya gustado tanto para compensar la tardanza.

    Saludos,

     
  3. Alex

    marzo 8, 2012 at 1:01 am

    Yo pensaba que enemigos naturales se referia a James Potter y compañia y esa Minerva me cae bien y si no fuera por ello ocuparia la misma lista de James por alcagueta de eso odiosos merodeadores.

     

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