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FANFIC. Capítulo 30. Un agradecimiento forzado.

09 abr

Al día siguiente, estaban todos reunidos, después del desayuno, gracias a que tenían dos horas libres. Habían sido eximidos de la clase de pociones gracias a su participación en el evento del curso anterior (Severus porque había ganado, los demás, luego de hacer un exhaustivo examen, tanto teórico como práctico) cosa que había resultado ser la comidilla de todos, quienes no recibieron la noticia muy bien, incluyendo al director, quien les dijo que “una mente desocupada atraía al peligro”. Finalmente, aceptó lo propuesto por el profesor Slughorne bajo la condición de que los chicos recibieran clases particulares dentro del colegio, a lo que el profesor agregó que ya tenía pensado incluirlos en sus ocasionales viajes junto con un grupo selecto de “investigación”, avalado por el Ministerio de Magia.

Valmont, que estaba bastante nervioso por que Severus les había dicho que tenía que confiarles una información muy importante acerca de lo que suponía que sucedería en un futuro muy cercano y qué parte jugaría cada uno de ellos en la historia, se sobresaltó al escuchar la voz del director muy cerca. Respondió su saludo junto con sus compañeros y esperó a que se hubiera detenido simplemente a saludar, pero no, el director tenía otros planes.

- Aprovechando que siguen aquí, quiero presentarles a Ling Thiu Yueng, un nuevo estudiante becado. Viene desde muy lejos y ha llegado, con un poco de retraso – comentó mirándolo furtivamente – gracias a una conexión especial de su colegio con el nuestro. Severus, ¿puedo pedirte que por favor conduzcas a Ling hacia su sala común, que veas que disponga de todo lo necesario y cuando esté listo, llevarlo hasta sus respectivas clases?. Cómo sabes, normalmente, esto se daría bajo otro procedimiento, pero resulta que los prefectos, premios anuales y de hecho, todos los estudiantes, “menos ustedes”, están en clase. Además, creo que será interesante para ti la experiencia, también Ling es un experto en pociones de su colegio. –

Todos dieron por sentado que la reunión había acabado y se dispusieron a ir a la sala común (de Slytherine, por supuesto), pero antes, muy seriamente, cada uno asintió firme, pero casi imperceptiblemente frente a Severus, sin el menor rastro de duda en sus ojos, indicándole que sea lo que fuera que les deparara el destino, cada uno estaba con él. Severus se sintió orgulloso y bendecido de contar con amigos como ellos y se juró que los protegería, siempre. Ahora tenía permiso para actuar con libertad sin el menor remordimiento, igual que con Lily.

Al quedar solo con el profesor y con el chico nuevo, Severus observó al último fijamente mientras el chico soportaba el escrutinio con una expresión de completa serenidad en el rostro. Luego, hizo una inclinación de cabeza y le dijo al extraño chico que lo acompañase. El chico colocó sus manos juntas al frente de su pecho e hizo una respetuosa inclinación del torso, se caló un gran sombrero de paja que llevaba en las manos (un sombrero oriental grandísimo) y procedió a hacer otra reverencia frente a Dumbledore. Severus lo predeció sin esperar a ver si lo seguía, girando los ojos al cielo en señal de hastío.

- ¿De donde demonios los saca?. – se preguntó. No se quejaba, al contrario, estimaba mucho a sus amigos pero todos habían caído con él gracias a Dumbledore, directa o indirectamente y no podía negar que cada uno era una “extrañeza”, gente tan rara, que estaba seguro que ni siquiera él mismo (Dumbledore) conocía bien quienes eran y mucho menos cuál era su alcance.

- ¡Severus! – gritó el director cuando ya habían dado varios pasos. – Disculpa, se me pasaba decirte que Ling es un… Gryffindor. –

Severus no se volvió completamente, sólo a penas para no parecer grosero ante el llamado, asintió y se volvió para seguir su camino, esta vez con la mandíbula muy apretada. Llevó a Ling a hacer un recorrido completo, desde la lavandería donde lo proveyeron con todo lo necesario para uniformarse hasta la biblioteca, donde la Sra. Pringle le entregó un par de plumas, pergamino, tinta y una agenda en blanco.

- Los libros que requiera le serán entregados por cada profesor. – dijo la bibliotecaria amablemente, más en deferencia a Severus que al chico nuevo, siendo éste su comportamiento habitual con uno de sus estudiantes preferidos al que también consideraba como un amigo pese a su diferencia de edades.

Ambos chicos asintieron y se retiraron. La única forma en la que podría llevar al chico a tiempo a su clase y a su vez, llegar a la suya, era usando algunos de los pasillos de la infinita cadena que sabía existían en el castillo, pero que realmente no utilizaban, ya que todos eran expertos en transformación y ocultamiento al punto de que habían relevado a Dobby de esas funciones para que contara con más tiempo para ayudar a Lucius y a Cissy fuera del colegio. Se lo pensó por un minuto completo y decidió que el chico al parecer no tenía ninguna idea preconcebida acerca de las relaciones entre casas y aunque no conversaron de absolutamente nada, sus gestos hablaban de respeto y sus ojos brillaban inteligentemente. Decidio usar entonces la “red secreta” y al final del recorrido, Severus había decidido que el chico le caía bien.

Ambos se encaminaron a la sala común de Gryffindor y en la puerta, Severus miró al chico, que se encontraba observando disimuladamente los retratos móviles aparentemente sin idea de qué sucedería a continuación.

- No te dio contraseña, ¿cierto?. Típico de Dumbledore. – Pensó con fastidio. Se comunicó con Lily mentalmente y le preguntó: – ¿Cuál es tú Contraseña?. –

- ¿Estás loco?. –

- ¿Esa es la contraseña o cuestionas mi estado mental?. –

- ¿Para qué vas a meterte en la sala común tu sólo?. Dame unos segundos y estaré allí. – respondió Lily con paciencia.

- Contraseña… “por favor” – agregó, por si la negativa de Lily era por no haber dicho las “palabras mágicas” a la primera.

- Sev…- dijo Lily, pero supo que perdía el tiempo al insistir.

- ¿“Gryffindor”? – dijo Severus encontrando la contraseña en la mente de Lily, visiblemente decepcionado. – ¡Qué original!. –

Esperaba que la Sra. Gorda lo ignorara (tal como ocurría con lily a la entrada de la sala común de Slytherine, donde los estudiantes no necesitaban decir contraseñas, sólo se era necesario ser un miembro “activo” de la casa. Así fue y la puerta se abrió. Indicó a Ling que pasara y entró después de él.

- ¿La contraseña es tuya o de todos?… – preguntó luego de pensarlo un segundo.

- Mía. –

- ¡Pero que calor hace aquí!. No obstante, no está nada mal Evans. –

Severus supo inmediatamente donde Lily pasaba el poco tiempo que dedicaba a esa sala común porque había un viejísimo y cómodo sillón que parecía de color verde esmeralda, escondido casi en su totalidad por las sombras, que tenía una pequeña mesita incorporada a uno de sus brazos, donde había una pequeña lámpara de escritorio, una hermosa pluma de halcón y un tintero a medio llenar. Al lado, había un puff que hacía juego con el sillón y frente a ambas cosas, en el piso, un espacio oscuro que parecía ser una hoguera apagada. El rinconcito era fiel copia de su lugar favorito en sus respectivas habitaciones (En la de ambos, la de Lily y la de Severus).

Pensó sentarse en el sillón de Lily a esperar a que Ling subiera y ordenara sus cosas en su habitación, pero en el último momento, decidió ayudarle llevando mágicamente todo lo que éste llevaba encima. Hizo señas a Ling para que lo precediera hacia el interior de la escalera que llevaba al dormitorio de los chicos. Cuando llegaron al rellano donde se bifurcaba la escalera hacia el dormitorio de los chicos y las chicas, Ling vió con la boca abierta como Severus salía volando por los aires.

- ¡¡¡Fuera de aquí insecto!!! – oyó que gritaba la nada mientras Severus se estrellaba contra la pared de piedra detrás de él. Aún antes de caer al piso, ya tenía su varita en la mano y se disponía a atacar aunque Ling no sabía a quién, pues no veía nada a simple vista.

Severus había sentido la presencia de alguien en la habitación y por eso había decidido acompañar a Ling. Sabía que eran Potter y sus amigos, pero no lograba ubicarlos… los muy malditos no le daban la cara. Respiró profundamente para sosegar la ira que lo embargaba y al punto, bajó la varita y dijo en tono medio y muy educado:

- Tranquilo Ling, deben ser algunos de los “nobles y valientes” Gryffindors, que te están dando la bienvenida. –

-¡Largo de aquí!, gusano. – siseó otra voz. – Estás contaminando el ambiente. –

Severus reconoció la voz de Sirius y trató de ubicar su posición.

- Deben estar usando alguna capa… ¡Cobardes!. – pensó y añadió en voz alta. – ¡Pero si es el mismísimo Sirius Black quien te da la bienvenida!. El y sus amigos son de lo más amable que encontrarás por aquí, gente confiable y honesta que detesta a aquéllos “cobardes” que no son capaces de actuar de frente. James, el primero, será probablemente tu ídolo si te gusta el quidditch, ya que es el capitán del equipo de Gryffindor. Los otros no son tan “brillantes” (esto parecía más bien un insulto) como su amigo, pero son muy entretenidos. Seguramente están por aquí también, ¿sabes?, siempre andan en “ma-na-da”. Potter, no seas tímido. Muéstrate, no queremos que Ling se lleve tan mala impresión en su primer día de clases, ¿o sí?. -

Los chicos no querían que Severus ni el nuevo vieran la capa de invisibilidad, así que, todavía agachados, se la quitaron de encima y les dieron la cara.

No habían terminado de asomar bien la cabeza cuando un hechizo les erizó los pelos de la coronilla y a partir de allí, fue un ir y venir de hechizos convirtiéndose la sala común en un campo de batalla.

James lanzaba hechizos a diestra y siniestra pero sin ver realmente a su objetivo mientras trataba de esconderse detrás de todas las cosas que encontraba a su paso, en cambio, Severus, ahora con ventaja por saber su posición lanzaba de forma no verbal, una cantidad de hechizos a James dando siempre “casi en el blanco”, tomando en cuenta que éste estaba en movimiento (un pie, una mano, el cabello, etc.).

Severus había echo señas a Ling que bajara y se pusiera detrás de él. Ling, oculto entre el cuerpo de Severus y la pared de piedra, observaba el intercambio un poco más pálido que el color normal de su piel. Severus decidió terminar el jueguito y apuntándolos, gritó “Expelliarmus” y aún estando detrás de una columna, las varitas de sus contrincantes salieron volando hacia su mano. Con una sonrisa de suficiencia en los labios, Severus ayudó a Ling a incorporarse y al momento se abrió la puerta de la sala común dejando pasar a colérico Dumbledore, precedido por Petter Petegrew, quien al parecer había ido a buscarlo, luego de escabullirse arrastrándose por la sala.

- ¿Terminaron? – dijo Dumbledore secamente.

Severus bajó, se acercó al profesor y sin decir nada, alargó la mano dándole no sólo las varitas de sus agresores, sino la suya.

- Ling, lamento tanto este indicente. Usualmente los chicos son excelentes anfitriones. Espero que esto no pese en tu opinión acerca de tu casa.- Ling se limitó a hacer una reverencia. - En cuanto a ustedes, tres cosas:

1.         Veinte puntos menos para Gryffindor por cada uno.
2.         Están todos en detención por atacar a un compañero de estudio.
3.         Quiero que arreglen este desorden y luego vayan a sus clases.

No podían dar crédito a sus ojos y oídos que tomaban nota de lo sucedido, pero recordando la última vez, James se tragó la réplica que se formó en sus labios, después de todo, el había atacado primero. Bajó a buscar su varita y sus amigos lo siguieron.

- Severus, por favor, continúen y luego vayan a clases. Gracias por tu ayuda. Y usted, Srta. Evans, vuelva a clases, por favor. -

- Creo recordar que te dije que no entraras. – le dijo Severus a Lily mentalmente, dándose la vuelta para subir por las escaleras que conducían al dormitorio de los chicos.

Lily lo miró furiosa desde la entrada de la sala común, un poco por no llamarla para la acción y un poco por el regaño. Luego, salió como una exhalación y James, que la buscó con la mirada, no alcanzó a verla, sólo pudo ver cómo el retrato volvía a su posición. Estaba que se reventaba de rabia.

Dumbledore se retiró cuando Ling y Severus entraron al dormitorio, seguro de que sus órdenes no serían contravenidas, pero, abajo, en vez de ordenar y tratar de componer lo que habían desbaratado en la batalla, Sirius empezó a romper todo lo que estaba a su alrrededor, en una pataleta propia de un chiquillo malcriado. James lo siguió. Sólo Remus permaneció inmóvil.

Escucharon los pasos de Severus y Ling aproximarse desde el dormitorio y se detuvieron. Severus bajó con Ling pegado a su espalda y cuando estuvo en frente de James, Sirius y Remus, dijo:

- ¡Que se diviertan!. – y fue demasiado para Sirius, quien gritó a voz en cuello:

- ¡¡¡Maldito cobarde!!!., siempre bajo las faldas de Dumbledore. –

- Pero que desfachatez la tuya. – comentó sonriendo socarronamente. – Mira que echarme la culpa a mí… – dijo Severus pero algo hizo que su agudo sentido común quedara sobrepasado por la ira y no pudo moverse.

Los pocos minutos que sucedieron dieron tiempo a que Lily regresara, pero esta vez con Lucius, quien seguía en el castillo luego de mantener una reunión adicional a la junta del día anterior, con la directiva del colegio a la cual recientemente se había afiliado por petición de casi todos los miembros del consejo.

- Vaya, vaya, cinco contra… – Ling se colocó al lado de Lily diciendo con el gesto que no era el número “cinco” del grupo de Gryffindor y sellando así su lealtad para con Severus y los suyos. Lucius ni siquiera lo miró, simplemente añadió: – Amigo, es una lástima que estando tan parejos (cuatro contra uno, Severus) no te hayan permitido acabar con esto, pero como miembro del consejo escolar, me temo que no puedo dejarte que adelantes el recreo. Por cierto, veinte puntos menos a Gryffindor por amenazar a dos compañeros “indefensos” y por incitar y dañar la propiedad del colegio. ¡Oh sí, Black!. – dijo en todo sedoso, regodeándose del acceso de ira que hizo temblar a Sirius… – Eso se llama “poder”, algo de lo que nunca sabrás. El poder, muchacho, cuando se tiene de veras, no se ostenta por ratos. ¡Yo sigo teniéndolo y así sera siempre!. Les aconsejo que vayan a clases, claro está, cuando terminen de limpiar este chiquero, por supuesto, tal como les ordenó el director. -

Lily tomó la mano de Severus que no se había movido un centímetro y lo haló hacia sí, haciendo señas a Ling de que los siguiera.

- Pensé que habían terminado tras la graduación del “elfo”. – espetó Sirius a Severus entre carcajadas forzadas, haciendo referencia a los “elfos de montaña”, seres rubios y muy altos, considerados por muchos como los seres más arrogantes que existían sobre la tierra, tan arrogantes como hermosos eran.

Lucius sin inmutarse, se sacó ceremoniosamente de la capa de viaje, cuatro varitas que todos reconocieron inmediatamente. Las tomó con la mano derecha e hizo un gesto como de ir a entregárselas, pero en el último momento, pareció pensárselo mejor y las guardó nuevamente en el bolsillo.

– Nos vemos en el almuerzo, “cariño”. – dijo haciendo un guiño a Severus y tomando a Lily y a Ling del codo, salió de la sala común. Lily ni siquiera se volvió, pero Ling, lo hizo en el último instante y pudo ver como en el rostro de Severus se dibujada una diabólica sonrisa. De pie, erguido, levantó el brazo derecho hacia el frente y con la mano extendida, hizo una muda invitación a los chicos para que lo atacasen.

Petter trató de salir despavorido detrás de Lucius, pero Ling le puso la zancadilla y fue a estrellarse en un muro. Quedó inconciente.

– ¿Listos?. – dijo Severus preparado para la acción y ansioso por masacrarlos y por fin desquitarse.

Nuevamente empezó la batalla. Severus se lanzó contra James y le asestó un certero golpe con la base de la mano en la nariz, rompiéndosela. Un chorro de sangre caliente los bañó a ambos. James vió millones de estrellitas y cayó hacia atrás, mientras Sirius, que se había lanzado por detrás de Severus para tratar de tomarlo por los brazos vió como éste levantaba la pierna horizontalmente y se la hundía en el estómago dejándolo sin aire. Los dos, agachados hacia el frente, fueron impulsados hacía atrás por Severus quien les asestó fuertísimas patadas consecutivas en el rostro. Remus, el que menos podía hacer en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo en su forma humana, observaba la escena con horror renovado, ya que al contacto de sus sentidos con la sangre, sintió que su instinto lobuno despertaba. Ya en dos ocasiones antriores le había pasado, pero nunca había sido tan fuerte y jamás, en un lugar cerrado, tan cerca de humanos y menos de sus amigos. El saber que el resultado podría ser mortal, lo mantuvo pegado al suelo por un par de minutos, pero no sabía cuánto tiempo podría resistir… la luna llena estaba tan cerca… – pensó. – Se encontró respirando profundamente, jadeando, sudoroso y lívido…

James y Sirius que podrían haber salido muchísimo mejor librados en un duelo frontal, varita en mano (gustaban enfrentarse a chicos mayores y salían victoriosos) estaban tirados en el suelo, mientras Severus los observaba con repulsión: sólo había lanzado un total de cuatro golpes y ya los había derrotado.

- “Nox Invictus” – se dijo regodeándose. No se sentía especialmente satisfecho con la violencia, tomando en cuenta todo lo que ambos le habían hecho o intentado hacer desde que se conociesen en el tren, incluyendo el haber tomado una foto a Lily, pero, por más patétito que hubiera resultado el enfrentamiento, no dejaba de sentirse realmente bien al ver a los que consideraba “los payasos de Hogwarts” despatarrados en el suelo sin siquiera haber tenido que usar magia.

De pronto, cual animal que presiente un ataque, detuvo completamente sus movimientos y observó a Remus quien estaba en un rincón, sufriendo una extraña transformación.

- Pobre Lupin,  - se burló. – tan incapaz que ni siquiera estás a salvo de día, pero no te preocupes, ¡estás de suerte!. Voy a “matarte” ahora mismo, lobo. -

James y Sirius estaban a espaldas de Severus, medio medio inconcientes y no vieron su transfiguración (Severus lucía como uno de aquéllos vampiros de colmillos gruesos y largos que mencionan los cuentos de horror) pero si alcanzaron a escuchar las palabras del chico.  Se incorporaron midiendo sus fuerzas y evaluando sus oportunidades hasta que algo en ellos se activo al ver el terror en la cara de Remus. Sintieron una descarga de adrenalina pura que los recorrió por completo y algo más “dañino” que corroía su cerebro: “Ira”.

Sirius empezó a transfigurarse también adoptando una apariencia bastante parecida a la de  Orel al momento de llegar al colegio. James, por su parte, temblaba mientras miraba a Severus a través de dos cuencas oscuras, parecidas a los ojos de un animal. Severus se volvió al sentir el cambio en sus respiraciones y reconoció algunos síntomas (propio de las transformaciones humanas en otras cosas o seres). Los observó burlón, diciéndose que eran magos bastante mediocres porque dependían de sus sentimientos para poder hacer uso de su magia. Los esperó tranquilamente a que llegaran hasta donde pudieran. No tuvo que esperar mucho: a los pocos minutos ambos se lanzaron a un ataque conjunto.

James embistió a Severus usando su cabeza como un proyectil dirigido hacia su flanco derecho. Severus contó mentalmente, con fastidio, las costillas que “el imbécil” le había roto con el golpe. Sirius se había lanzado al mismo tiempo sobre él, pero al ser Severus desplazado hacia un lado por el golpe de James, no alcanzó a asestar su golpe de lleno, sin embargo, se asió a su espalda con una mano bastante más parecida a una “garra” de animal. Severus no sólo sintió su ropa rasgarse, sino su piel, la sangre corriendo a raudales por su espalda.

Sirius cayó desbalanceado, chocando de costado con Remus, quien observaba aterrorizado sus torpes movimientos. Se preparó a atacar de nuevo y no fue realmente conciente de que para hacerlo, se había agachado en cuatro para usar sus piernas como un resorte que lo impulsó hacia adelante. Volvió a ser repelido por Severus con un golpe que lo hizo estrellarse contra la pared, sobre Remus y le cayó encima. Remus chilló al sentir las manos de Sirius (más bien sus garras), cortándole la piel. El “auillido” hizo que Sirius lo observara ladeando la cabeza. Miró a James, cuya corpulencia se había desarrollado notablemente y tenía la espalda y los hombros tan enormes que deformaba su torso y vio que seguía embistiendo a Severus y por un momento no supo que hacer, si seguir ayudándolo o llevarse a Remus de allí.

Se decidió por Remus y con una fuerza inusitada, se lo colocó al hombro como si no pesara nada. Corrió a las escaleras usando sus piernas y la “mano” libre como apoyo y se dispuso a subir, pero fue interceptado por Severus quien lo lanzó por los aires nuevamente junto con Remus, que cayó y trató de incorporarse y huir, más por no hacer daño a sus amigos o a Severus si llegaba a completarse la transformación que andaba a medio camino, que por lo que pudieran hacerle a él. Severus lo sintió y olvidándose de los demás, se lanzó sobre él. Se mordió la lengua con los largos colmillos y sangrando profusamente, clavó éstos, sin miramientos, directamente sobre la oscura y protuberante vena que resaltaba en el cuello de Remus, haciendo que éste gritara de dolor al sentir el contacto de la sangre de Severus quemándole la piel.

- ¡¡¡NO!!! – gritaron James y Sirius abalanzándose sobre Severus, pero sus cuerpos habían recobrado sus proporciones normales y no pudieron mover un ápice a Severus de su posición sobre Remus. Lucharon con él con todas las fuerzas que les restaban mientras veían tal cantidad de sangre, roja y brillante, corriendo por el cuello de Remus, que pensaron que no le quedaría a éste mucho tiempo de vida. A la vez, ambos se desvanecieron.

A los pocos minutos, despertaron y vieron a Severus, apoyado en una pared alejado de Remus, empapado en sangre.

- ¡¡¡Lo mataste desgraciado!!! – las palabras salieron en un susurro conjunto a penas audible.

- Me lo ha estado pidiendo desde que lo conozco aunque nunca lo hizo abiertamente por temor a lo que ustedes dirían. Si realmente fueran sus amigos, se hubieran dado cuenta. Pobre Potter, defendiendo a amigos que no lo consideran como tal y sólo están con él porque los divierte. No eres más que un payaso que sólo sirve para divertir a las masas… -

Severus vió que Remus empezaba a ponerse “gris” y sonrió ladinamente.

- Listo. Chico, ¡qué lo disfrutes!. Con un ágil movimiento, saltó del suelo a una butaca y quedó de pie sobre ella como si fuera ingrávido. Les mostró los afilados dientes y sin previo aviso, se lanzó en dirección a la puerta.

- ¡No!, Remus necesita ayuda. – gritó Sirius al ver que James intentaba incorporarse para seguir a Severus. – Necesitamos llevarlo con Dumbledore. ¡¡¡Ahora!!! –

Haciendo de tripas, corazón (sus cuerpos clamaban de dolor), corrieron hacia Remus, recordando una de las tantas advertencias de Dumbledore: “Deben jurar que, llegado el momento, si éste algún día se presentara, lo traerán conmigo por cualquier medio. Yo lo enviaré a casa y me encargaré de su educación…privada.” No era posible, el miedo más grande de Remus se había hecho realidad: ¡su amigo sería expulsado por ser una amenaza para él y para todos!, pero no tenían más remedio.

- ¡¡¡Maldito seas Snape!!!! – dijo James con voz temblorosa.

- Ya lo pagará – dijo Sirius, prometiendo en voz alta hacerle pagar por el daño que consideraba había hecho a Remus.

- Vamos – anduvieron unos pasos y luego dijo: – ¡Espera!. No podemos hacerlo. ¡Lo echarán de aquí, Sirius!. Creo que… podemos con esto. Las cosas han cambiado, debes haberlo sentirlo. Lo que ha pasado no es algo que debamos tomar a la ligera: es el principio de todo, de algo muy poderoso. –

James caminaba de un lado a otro, incapaz de quedarse quieto, sintiendo en su interior bullir todo lo acontecido, con la más absoluta angustia ahogándolo. En su mente, vió como las escenas cambiaban y la lucha se tornaba de un grupo de chicos “limando asperezas” a golpes, como brutos, a un grupo de seres medio deformes, con apariencia animal, luchando ferozmente.

Sirius vió en sus ojos la determinación de hacer lo que quería, sin tomar mucho en cuenta lo que pudiera pasar con Remus y sopesó las consecuencias de que no obedecieran llevándolo con Dumbledore y lo odió por ser tan egoísta. Casi inmediatamente, se arrepentió de sus pensamientos al darse cuenta de que él, era igual o peor porque estaba de acuerdo con James.

- Lucius debe andar por aquí todavía, Sir… Sabes lo que pasará si cae en sus manos, lo sabes, ¿cierto?. -

Severus, recostado a la pared al lado de la entrada de la sala común, trataba de detener el sangrado de las heridas de su espalda y de re-acomodar los huesos que había soldado rápidamente, los más importantes que James había roto, mientras esperaba a que los chicos salieran. Estaba seguro de que tratarían de llevar a Remus con Dumbledore, pero también sabía que no lograrían hacerlo, no sin ser vistos. Además, existía la posibilidad de que Remus tuviera un colapso… Mientras recorría rápidamente su pecho con sus manos, también repasaba lo acontecido y con el ceño fruncido, veía como James lo embestía con la fuerza de un animal enorme, luego de que su cuerpo se transfigurara primitivamente. Lo mismo había pasado con Sirius. No obstante, los había hecho volar por lo aires nuevamente en un estallido mágico y había podido lanzarse sobre Remus. Luego de ese golpe, ambos chicos recuperaron su forma y fuerzas normales y el había podido “trabajar” sobre el cuerpo inerte del licántropo.

Se recostó al muro que tenía detrás para tratar de retomar el control de su cuerpo. Dos palabras bailaban en su mente mientras seguía reviviendo los acontecimientos: ¿Animagos?, ¿Metamorfomagos?…

- Vaya, ¡quién lo diría!. – pensó.

James y Sirius observaron detenidamente a Remus, quien permanecía inerte con los ojos vidriosos, pero vivo. ¡Pobre Remus!, pensaron a la vez. Siempre había estado en medio de ellos, soportando valientemente las consecuencias de sus actos irreflexivos a tal punto de poner su vida en riesgo como en ese momento. Sirius se sintió como una rata y dejó que el llanto tratara de lavar su alma. James, a su lado, se dejó caer también, abatido por el llanto. También se sentía como una alimaña.

Ninguno de ellos estaba preparado para ser completamente sincero acerca de sus sentimientos (las palabras de Severus habían calado profundamente en sus temores personales), pero ya tendrían tiempo. Remus se movió espasmódicamente y ambos estuvieron a su lado al instante. Algo ocurría pero supieron instintivamente que era para bien.

- Llevémoslo arriba, necesita descansar. -

Cada uno lo tomó por un brazo y lo levantaron, haciendo muecas de dolor pero sin emitir sonido alguno de queja. Miraron hacia la entrada y duraron un segundo en darle la espalda por si Severus entraba. De pronto, frente a ellos, estaban sus varitas flotando. Alargaron las manos pero no las tomaron enseguida, viendo primero a cada lado por si había alguien más en la habitación. Ni siquiera se sentían sorprendidos pero sí, algo suspicaces.

- ¿Crees que él las dejó aquí?. -

- No sé. Pero tenemos que aprender a prestar atención a lo que nos rodea en momentos de… peligro. Y tenemos que prepararnos mejor físicamente… Si “el imbécil” hubiera querido matarnos, lo hubiera hecho fácilmente. -

Tomaron las varitas a la vez, petrificaron a Remus para llevarlo más fácilmente al dormitorio, tapado con la capa invisible y levitando.

- ¿Te das cuenta de que no está sangrando?. La sangre no es de él. -

- Vamos a dejarlo aquí, descansando, mientras vamos a la enfermería. Esta, – dijo señalándose y señalando a Sirius – sí es de nosotros. Me duele todo el cuerpo. – se volvió hacia Remus y le susurró al oído: – Volveremos enseguida. -

La Sra. Pomfrey los trató como siempre: Eficaz pero impersonalmente. Ni siquiera los miró a la cara. Les ordenó que se recostaran y procedió a examinarlos. Les advirtió que le tomaría un par de horas arreglar todo y que mientras, no estaba dispuesta a soportar tonterías, no en su sagrado recinto de sanación. Ni siquiera se inmutaron y tampoco hablaron entre sí. No tenían ánimos de nada y cada uno estaba perdido en sus pensamientos.

Desde que se conocieron en el tren camino a Hogwarts en su primer año, habían sido inseparables, pero ese día, se sentían más lejanos que nunca, como si los separaran kilómetros de distancia.

- Algo pasó, Sirius – murmuró James. – algo muy poderoso y tiene que ver con él (con Severus). Por primera vez hemos podido vislumbrar su poder y creo que… este podría ser el camino para hacer aquello de lo que habíamos hablado… ¿no te parece?. -

- ¡Y encima ahora estamos en deuda con el maldito!…- Dijeron los dos en voz alta, lo cual les resultó gracioso, porque aún cuando se sintieran a miles de leguas de distancia, seguían compenetrándose como siempre.

- Debemos tener cuidado. “El imbécil” no es… Bueno, no pretendo terminar como un maldito mago tenebroso, ¿vale?, aún cuando sería un sueño cumplido para mi padre a quien le encantan las artes oscuras. Mucho he perdido ya por evitarlo como para permitírmelo ahora. ¿De acuerdo?. -

James sabía reconocer que su amigo tenía más cabeza que el para ciertas cosas y decidió estudiar la situación y llevar las cosas con calma.

La Sra. Ponfrey se paró frente a ellos y les extendió unas copas llenas de una poción que según dijo, terminaría de sanar sus heridas internas, que como ya les había explicado, eran severas e importantes. Ambos tomaron las copas y en plan de brindis, dijeron resueltamente:

- Por Remus Lupin, ¡el valiente!. -

Sin aspavientos se tragaron el líquido que sabía más asqueroso que el anterior. A veces pensaban que la Sra. Pomfrey era la encargada de “vengar” al resto de los profesores cuando llegaban a sus manos, dándoles brebajes realmente repugnantes. ¡No todo puede saber tan mal!, pensaron, pero sin chistar, apuraron el resto de la poción y se tiraron a la cama en silencio, dormidos sin haberse percatado de que lo estaban.

***

- ¿Cómo se encuentra? – preguntó Lily cuando Dobby se les unió en un pasillo.

- Bien, señorita. Duerme profundamente según sus órdenes. De día, cierro la puerta y la custodio para que nadie entre. De noche, lo petrifico para mayor seguridad, aunque ni siquiera el pequeño Petegrew se acerca, prefiere dormir afuera, al lado de la puerta de la habitación. -

- ¿Ha dicho algo? –

- Sigue murmurando en sueños: “¡Me quema!”. -

Remus a penas tenía fuerza para abrir los ojos pero sabía que estaba mejor que nunca. Sea lo que sea que había hecho Severus, había funcionado en parte: Primero, había impedido que sufriera la primera transformación diurna involuntaria de su vida. Segundo, cuando llegó la noche, había pasado la transformación, consiente pero echado tranquilamente en su cama, soportando el dolor de la misma, que dicho sea de paso, resultó ser más llevadera. En un momento sintió unas manos suaves y delicadas que lo revisaban y que luego acariaron su rostro con ternura. En su mente nebulosa, surgió la imagen de Lily. No sabía cómo o porqué tenía la sensación de que ella lo había visitado y se había encargado de que estuviera bien atendido.

- Probablemente Severus se lo pidió… – pensó en uno de sus pocos momentos de lucidez. – después de todo, pertenece a mi casa. -

En la habitación de Severus, todos conversaban afablemente.

- Hasta cuándo vas a estar aquí?. -

- ¿Qué?, me estás corriendo… “amorcito”?. ¡Mira que ingrato eres!. ¡Con lo útil que he sido!. Si viste que me quedó “perfecta” tu espalda, sin una sóla huella de lo acontecido. -

Severus gruñó nuevamente ante el apodo que se había ganado gracias al idiota de Sirius, pero tenía que reconocer que Lucius había realizado un trabajo excepcional en su espalda y sus huesos.

- En serio, Severus, debes dejar de pensar que “curarse” como un animal es cosa de “hombres”. Ni Frankenstein llevaba tantas cicatrices ni huesos tan mal soldados como los tuyos ese día. -

- Pues él no tuvo que medio curarse rápidamente mientras intentaba sobrevivir a una “batalla”, “que-ri-do”. -

- Pues entonces, deberías practicar más “amorcito”. ¿no te parece?. –

- ¿Hasta cuando tendré que soportar esto? – preguntó en voz alta con desdén.

- Un besito y me callo. – Dijo Lucius y esa vez, todos soltaron sendas carcajadas.

Tras años de mantener una estrecha relación, les costaba todavía congraciar las imágenes inflexibles y mordaces de Lucius Malfoy y Severus Snape, con los divertidísmos diálogos que los amigos montaban medio en broma y medio en serio y que siempre los hacían reir.

- ¿Y los otros dos?. -

- Dormidos en la enfermería todavía. No tienen un solo recuerdo de lo ocurrido, sin embargo, sus cuerpos siguen pugnando en la inconciencia por alcanzar aquél… estado…-

- Bueno, ya no se puede hacer nada por eso. Ya desde antes lo habían pensado y no podemos simplemente borrarles por completo la memoria de tantos meses y créeme, no me apetece nada hurgar concienzudamente en esas mentes huecas. Alguien terminaría dándose cuenta. –

- ¿Y qué haremos?. –

- Vigilarlos. Sus formas fueron bantante definidas. Black estoy seguro de que adoptará la forma de un lobo y Potter la de un… no sé, un cierno o algo así. –

- ¿Pero cómo sabes eso si su transformación se dio en menor escala que la de Sirius?. Dijiste que ni siquiera desarrolló pelambre. –

- Por… sus ojos… demasiado parecidos a los tuyos…  Es algo de intuición, quizás. -

- ¿De veras?. – se extraño Lily. – Pero… -

- Cada quien tiene una marca única muy difícil de emular en un cien por ciento, Lily, pero la magia involuntaria es muy poderosa… todo depende de los “sentimientos” de quien la invoque… -

- Pero Severus… yo…-

- Shhhh, no pasa nada. Eso es asunto suyo. -

Lily estaba recostaba en la cabecera de la cama con las piernas extendidas hacia el frente y con Severus recostado de espaldas a ella sobre su pecho. Con una mano le acariciaba el lóbulo derecho de la oreja y con la otra, acariciaba la parte que podía verse de su pecho a través de la abertura de los primeros botones de su camisa. Sin previo aviso, el ambiente distendido cambió notablemente y se volvió tenso, tras las palabras de Roselynn:

- ¿Qué se siente…eso? – Preguntó mirando a Severus directamente a los ojos.

Lily pudo notar la tensión en las manos de Severus que le acariciaba suavemente los tobillos, pero Lucius, en su mejor papel de padre, habló por él:

- Es una sensación increíble, Roselynn. Tu piel deja de ser tuya por que se funde con la del ser que amas. Tocas a ese ser y sientes que te tocas a ti mismo. Sientes tu corazón latir en la punta de tus dedos, sientes que todos tus sentidos se llenan de algo que jamás has sentido. Tus manos actuan por voluntad propia, tus labios hacen lo que sabes que le dará placer a tu pareja porque están tan compenetrados que su placer y el tuyo es uno sólo… a ambos les pasa exactamente lo mismo a la vez. Es una unión material y espiritual “maravillosa”… -

Todos se vieron entre sí y soltaron una carcajada que estaban seguros todos los del castillo escucharían.

- Bien, ahora “querido”, ¡cuéntos los detalles sórdidos!. – dijo Joshua con un brillo expectante en los ojos.

Lucius se irguió cuan alto era y los miró cual si fueran unos gusanos especialmente asquerosos y repugnantes y con tanta dureza, que al siguiente minuto, todos se ruborizaron. Contento con haber obtenido el resultado esperado al hacerles ver que no debían burlarse de asuntos tan sublimes como el amor, cumplió sus deseos… detalladamente.

- Es muy diferente pero a la vez bastante parecido a lo que hemos sentido con estos dos – dijo señalando a Severus y Lily con la barbilla – en “otras ocasiones”. – Concluyó la explicación rememorando mentalmente para todos escenas pasadas.

- Mmmm, ¿podríamos tener alguna clase… “práctica”?… – preguntó Marguerite (ya no quería que la llamaran Goldie porque sonaba infantil). Observaba atentamente a Lucius. Este tomó aire y abrió los brazos. Ella gateó por encima del cuerpo de Severus y se sentó sobre sus piernas. Lucius le besó la coronilla y se disponía a hablar cuando alguien tosió suavemente.

- ¿Puedo encargarme yo?. – preguntó Andres terriblemente ruborizado.

Los ojos de Lucius relampaguearon con humor y deshizo el abrazo sobre Marguerite, quien gateó nuevamente hasta su posición, al lado de Andrés, pero en vez de hacer lo que se suponía había pedido Andrés, fijó los ojos en sus manos también ruborizada. Lucius extendió la mano y tomó la de Lily que reposaba sobre el pecho de Severus.

- En tus sueños – le dijo Severus. – Por cierto… todavía me debes una… -

Lucius hizo un mohín infantil y miró entonces a Roselynn, tan hermosa y luminiscente como siempre. Ésta se fue acercando a él suavemente, con la vista fija en sus labios, pero antes de rozarlos, protestó indignada:

- ¿No pretendes decir nada?. -

- ¿Pero qué puedo decir yo?. – respondió automáticamente el aludido aunque ella no estaba mirando a nadie ni había dicho ningún nombre, sino que seguía mirando la boca de Lucius fijamente. – ¡¡¡Eres dueña de tus actos!!!. –

Orel calló abruptamente y clavó la vista en sus manos. Sin decir una palabra, Lucius miró entonces a Valmont.

- Tranquilo amigo, yo te defiendo del sátiro… – dijo Joshua con una risilla y todos se echaron a reír nuevamente.

Luego de relajarse, compartiendo un par de bromas sobre el aspecto que Lucius los había echo adoptar antes de intentar besarlos (todos parecidos a Cissy), diciéndole que no recordaban a la chica con el busto tan grande como el la había “pintado” en ese momento, Lucius se enserió y les explicó que las relaciones eran igual de complicadas que lo que habían sentido al momento de que él intentó acercarse a sus “parejas”.

- Hace mucho lo sé y sé que son jóvenes y que por eso les es más difícil a ustedes apreciar esto. No es fácil, chicos y deben tener cuidado con sus sentimientos, pero sobre todo en quien los depositan, porque puede pasar una de dos cosas: Que sean correspondidos, lo cual sería maravilloso y que no sean correspondidos, lo cual no implica que la vida se acaba. ¡Todos tenemos a nuestra otra mitad!, pero deben tener cuidado. Esta segunda opción es peligrosa, porque puede llevar a cualquiera a perder el tiempo buscando y buscando y a veces, después de besar muchos sapos llegas a inmunizarte y créanme, no querrán “no sentir” lo maravilloso que es esto.

- ¿Pasa una sóla vez en la vida?. –

- A mi sí y creo que para gente como nosotros, así es. -  dijo Lucius con seguridad. – ¿O ustedes creen que podrían sentir lo que sienten por alguien más?. -

- ¿Pero cómo sabes que es la o él indicado?. – Preguntó Joshua. –

- Lo sabrás. La cosa es no obsesionarse en buscar y buscar y, en el intering, olvidarse de vivir. La vida es bella por si misma. Si el destino no te pone en tu camino a esa otra mitad de tu ser, entonces es que estás completo dentro de ti mismo y simplemente hay que empezar a vivir intensamente. Esto no es algo definitivo y puede ser que hoy pienses que no llegará nadie y sin previo aviso, al día siguiente aparece y el mundo se tornará más maravilloso todavía y todo porque habrás tenido tiempo de conocerte y amarte y a ti mismo. Sólo así se es capaz de poder conocer y amar a alguien más…-

Orel obsevó a Roselynn y sorprendiendo a todos, se levantó decidamente, tomó su mano, la haló hacia sí y le plantó un beso en la boca, aplastando sus labios contra los suyos. Estaba completamente nervioso y todos lo sintieron dentro de sí, pero no se les ocurrió burlarse, todo lo contrario, se sintieron regocijados ante el estallido de sentimientos que sus amigos sintieron.

- ¡Relájense!. – les dijo Severus suavemente. – Quizás disfruten un poco más si pueden “respirar”. Menos presión en el abrazo ayuda…-

Severus se incorporó y se volvió sobre si mismo quedando arrodillado frente a Lily. Tomó su mano y la haló hacia él con suavidad. Ella se arrodilló frente a él y él posó sus manos sobre la parte baja de su espalda y unió sus caderas suavemente. La besó y Lily abrió un poco los labios para recibir el beso. A los pocos segundos, la cosa fue subiendo de tono, ajenos a lo que sucedía alrededor, pero no eran los únicos, cada quien con su pareja (Andrés y Marguerite, Orel y Roselynn y Severus y Lily) estaban en igual situación.

Valmont por su parte, observaba a cada pareja con desconcierto y vergüenza. Joshua, los ignoraba, pero poco a poco fue exasperándose al sentir como su cuerpo reaccionaba ante tanto “amor”. Lucius, observaba a todos satisfecho.

- ¡Hasta cuando pretendes dejarlos que sigan!… ¡Son sólo niños!. – gruñó Johua a Lucius cuando la incomodidad entre sus piernas superó su concentración.

- Niños, ya basta, sino, tendremos una orgía y no estoy en condiciones… mi dama no se encuentra aquí. –

- Por eso no, querido, podría estar en un segundo allí, contigo. – comentó provocativamente Cissy, comunicándose con todos mentalmente.

- Si mi reina, pero créeme, pese a esto, no estoy preparado sicológicamente para ver a “mis bebés” en acción. –

Los besos ardientes acabaron abruptamente, interrumpidos por otra una sonora carcajada.

***

Frank Longbottom, fue a visitar a sus amigos a la enfermería y luego de saludarles y entregarles un par de “obsequios” de algunas de sus admiradoras, les comentó las nuevas noticias.

- Ya les había dicho que tenemos un compañero nuevo, ¿recuerdan?. Pues… lo perdimos igual que a Evans. El tal “Ling” se la pasa por todo el colegio acompañado por Severus, ¡No se le despega!. -

Sirius y James gruñeron ante las noticias y volvieron a la pregunta recurrente desde que Frank los visitara.

- ¿Ya averiguaste algo de porqué terminamos aquí?. -

- No, pero ya les dije: ¡sí que la armaron!. Nos tocó a varios del grupo, junto con un par de prefectos y premios anuales, arreglar el desorden que dejaron en la sala común. ¡Eso parecía un campo de batalla!. -

- ¡No puede ser que nadie haya visto nada!. –

- Ya les dije, fui a por ustedes porque no llegaban a clase y por allí no había nadie más que Lucius Malfoy saliendo con Lily de la sala común. Intenté entrar y no hubo manera. Hasta le rogué a la Señora Gorda que me dejara pasar pero se fue dejándome allí parado como un idiota. Lucius regresó minutos después y me ordenó ir a clases. ¡No te rías tarado! – espetó al ver que James sonreía, seguramente recordando la parte del relato en la que les había contado que Lucius había enviado a Peaves como su escolta y que éste no había dejado de atormentarlo por todo el camino. – No fue hasta después de la cena que pudimos entrar a la sala común y encontramos el lugar destrozado. Los prefectos estaban fuera de sí, ¡ni te cuento como estaban los premios anuales!, todos ellos con la boca abierta observando el desorden. En ese momento, se acercaron varios miembros del consejo, Lucius Malfoy incluído, diciendo que estaban inspeccionando los dormitorios para “futuras mejoras”. Cuando entraron, ¡¡¡nos castigaron a todos por vandalismo!!!. Al final, los mayores arreglaron casi todo, pero nos hicieron limpiar “sin magia” toda la basura. Créanme, ahorita no están muertos, pero es posible que mañana, cuando regresen, muchos quieran hacer que así sea… más que nada porque todos asumen que el bajón en las cuentas del reloj fue por su culpa. -

- Mira Sirius, no sé cómo, pero estoy seguro de que esto es obra de Quejicus. – Dijo James juntando las manos como si estuviera ahorcando a alguien imaginario. –

- Yo también tengo esa sensación… aunque, mi mente sigue en blanco. –

- ¿Están seguros de que nadie ha entrado aquí?… quizás mientras dormían, alguien los hechizó para que no recordaran nada. –

- Ya te lo dijimos Frankie, estamos completamente seguros. Nadie a entrado aquí. ¿Crees qe seríamos lo suficientemente idiotas como para dormir sabiendo que estamos a expensas de alguien?. Además, la señora Pomfrey no se ha movido de aquí, ni siquiera ha ido a comer al gran comedor. La verdad… es una enfermera muy dedicada. – concluyó James con un dejo de respeto en la voz. –

- Pero… y si…-

- Noooo, ¡imposible!. – dijeron los tres chicos entre susurros, luego de haberse observado mutuamente, un segundo después de haber fijado la mirada en la enfermera que leía plácidamente lo que había escrito. Estaba sentada a varios metros de distancia de donde ellos estaban, concentrada en lo que estaba haciendo, aparentemente ajena a su conversación.

La enfermera esbozó una sonrisa angelical y los chicos se preguntaron que estaría escribiendo…

- “Quien solo se ríe de sus picardías de acuerda”. – comentó Frank sonriendo a los chicos en plan conspiratorio. – Si no está rindiendo un “informe”, seguramente está escribiendo una carta de amor… -

Los chicos soltaron una carcajada. La enfermera levantó la vista con expresión severa. Los chicos se callaron y volvieron a los susurros. Ella volvió a lo suyo. Estaba escribiendo en su diario, palabra por palabra, toda la conversación que estaban manteniendo en ese momento Frank, Sirius y James y recibiendo por respuesta un zumbidito, perceptible sólo para ella que estaba tocando el diario y que ella sabía que eran carcajadas…

- ¡Tontos!. – escribió y vió aparecer nuevas palabras en el diario, esta vez con la pulcra letra de Lucius.

- ¡Completamente, mi querida Poppy!. Pero, por favor, no bajes la guardia. Seguramente intentarán sonsacar alguna información a Remus cuando “llegue” al colegio, sobre todo cuando éste los evite, que estamos seguros de que lo hará. A él no le hemos borrado la memoria… es peligroso… tiene demasiada magia escociéndole por dentro, pero ya fue… advertido de que no debe soltar prenda hasta que realicemos el “procedimiento” en él. Está de acuerdo, a fin de cuentas, le conviene. -

- Pues si. La verdad chicos, son sorprendentes. Nunca había visto algo parecido. Esa poción lo “tranquiliza”… incluso parece que logra mantener con él un atisbo de conciencia al transformarse. Es… maravilloso. –

- Y más maravilloso será cuando lo hayamos perfeccionado, Poppy. – puso el diario con la letra de Severus. – Ya se la estamos administrando a Frida y no sabes lo bien que está funcionando en ella también. Está muy contenta. –

- Estoy muy orgullosa de ustedes. –

- Gracias Poppy… mucho de lo que hemos aprendido ha sido de ti. – escribió Severus inicialmente como mera cortesía, aunque inmediatamente reconoció que de la enfermera había aprendido mucho, sobre todo de “ética y moral”, algo de lo que su familia no sabía mucho, acostumbrados como estaban a ver por si mismos solamente y a optar por la voluntad y el poder como únicas razones, estrategias y herramientas. – ¡Gracias!. –

Poppy se enjugó una lágrima que calló sobre el diario y fue absorbida como la tinta con la que escribía y de inmediato sintió un abrazo que fue más que una sensación mental, era como si todos sus amigos estuvieran allí, abrazándola. Se sintió muy dichosa.

- ¿Y ahora que le pasa?… – murmuró Sirius al ver a la enfermera cerrar los ojos y tomar aire, para luego enjugarse una solitaria lágrima que corría por su rostro. – ¿No estaba muy contenta hace un minuto?. -

- ¡Shhh!, si se da cuenta de que estamos espiándola, inventará que tenemos que tomarnos alguno de esos asquerosos brebajes. – susurró James.

- ¿Con que asquerosos brebajes, eh?.  – Los chicos habían pegado las cabezas y estaban conversando en susurros. No se dieron cuenta de que la enfermera se había levantado y estaba al pie de la cama de James. – Pues llevas razón, querido. Es hora de su medicina. –

James y Sirius se miraron amargamente y extendieron el brazo para tomar los vasos que les tendió la enfermera. Tomaron sin chistar mientras Frankie murmuraba una disculpa y se escabullía rápidamente de la habitación, antes de que a la enfermera se le ocurriera que él también debía tomar algo…

- Cobarde. – murmuró Sirius.

- Mucho cuidado con esa palabra… señor Black. Muchos la tomarían como un desafío y nunca se sabe… quien podría aceptarlo… -

Ambos chicos se atragantaron con lo que estaban tomando y escupieron parte de la bebida al recordar lo acontecido en el concurso del año pasado que parecía ser a lo que se estaba refiriendo la enfermera.

- ¡Que pena!. Ahora tendrán que beber un poco más porque lo escupieron…- la enfermera rellenó los vasos con su varita y los observó beber nuevamente. Tenía los ojos brillantes y a través de ellos, un grupo de chicos observaba la escena y se desternillaba de risa.

Capitulo siguiente

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6 comentarios

Publicado por en abril 9, 2011 en ** FANFICS - HARRY POTTER

 

6 respuestas a FANFIC. Capítulo 30. Un agradecimiento forzado.

  1. Sara

    abril 10, 2011 at 7:03 pm

    Estubo super el capitulo me rei con lo de Lucius “un besito y me callo” jajaja

    Besos ;)

     
    • NBP'1

      abril 11, 2011 at 9:50 am

      ¡Me alegro mucho!. :D

       
  2. Sara

    abril 25, 2011 at 3:09 pm

    Cuando publicas? ;)

     
    • Nbp1

      abril 25, 2011 at 4:00 pm

      En un par de días… esto poniéndome al día después de las vacaciones de Semana Santa :D

       
  3. Alex

    marzo 8, 2012 at 1:00 am

    Que coooooool ya quiero empezar a leer y todo por culpa de esos slytherin en especial uno si no fuera por el estas historias ni cosquillas me harian ya que no soy muy amante de ellas pero por Slytherin vale la pena. Espero tu publicacion

     

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